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el pandemonium

Cómete un libro

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Acabo de leer la charla de Nubia Macías, directora de la Feria del Libro de Guadalajara (Méjico), con los lectores de El País. Uno de ellos le pregunta esto:

 

 

Esta es exactamente la razón por la que me huelo que la industria editorial no tiene ni la más remota idea de por dónde le están cayendo los palos. Primero, Nubia Macías dice que quiere que las revistas y los diarios deportivos incluyan cuentos y poemas. Es exactamente lo mismo que diría un niño al que le propusieran jugar a crear una revista. Si ese es el conocimiento de los productos editoriales y de su target que tiene la directora de la mayor feria editorial en lengua castellana, agárrense los machos porque vienen curvas.

Pero es que luego, y como buena pope de la industria editorial, suelta eso de que los libros son un artículo de primera necesidad. Será comparados con un Big Mac, claro. Y ni eso, porque el Big Mac, a fin de cuentas, se come.

El libro al que se refiere Nubia Macías, el de ficción, es un producto no ya de segunda necesidad, sino de tercera o cuarta. Su competencia no es el agua, la electricidad o la vivienda, sino el último single de Lady Gaga. No hay nada de romántico ni de elevado en una novela, como no lo hay en un capítulo de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Y ojo: eso no impide que puedan ser buenos productos, excelentes en ocasiones.

Pero seamos realistas: un disco de 12 canciones vale en iTunes entre 7,99 y 9,99 €. Las no-novedades no suelen pasar de los 5,99 €. Los discos recién salidos del horno y que se prevén superventas pueden llegar a los 13,99 € el mes del lanzamiento, para pasar a los 9,99 € en los meses posteriores.

Ese debería ser ni más ni menos el precio de un libro. El digital y el de papel, porque el lector moderno ya casi no distingue entre el uno y el otro. Y cada vez lo hará menos.

Y cuando empiecen a aparecer (masivamente) libros en formato app, que es mi apuesta personal, su precio no debería superar el de un videojuego o el de cualquier otra app. 2 o 3 € euros en el caso de las novedades y 1,5 € en los casos restantes. 4 € si me apuran en el caso de obras monumentales.

Y estoy hablando de libros que incluirán sonido, música, vídeo, links, fotografías, infográficos, posibilidad de actualizaciones periódicas… Es decir, de un producto mucho más completo y complejo que en la actualidad. El editor va a ser menos un selector que un productor. En este sentido, los editores que trabajamos en el terreno de los libros ilustrados, o de arte, o de diseño, o como lo quieran llamar (los editores de Taschen o los de Phaidon, por ejemplo), tenemos ventaja sobre aquellos que han trabajado toda su vida con libros de texto, ya sean ensayos o literatura.

Y sí, va a tocar trabajar más por menos. Pero yo estoy dispuesto, qué cojones. Llevo toda la vida trabajando más por menos.

Así que fíchenme, pinche güeys.

Razón, aquí.

 

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Written by cristian campos

3 diciembre, 2011 a 9:46

Publicado en libros

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17 comentarios

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  1. El libro como App. Yo creo que por ahí irán los tiros. Dentro de pocos años nos reiremos de nosotros mismos y de nuestras fotocopias digitales (Kindle, Epub, etc).

    Los libros se comen: http://t.co/6Osce4Gq (recién publicado en twitter por @VazquezEva)

    Bremaneur

    3 diciembre, 2011 at 10:32

  2. En España no se enteran tampoco, hace tiempo ya. http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elmundopordentro/2010/06/14/cuatro-editores-cultos.html

    La predicción que haces puede que sea el camino, es lo más probable, pero mi opinión es que no tenemos ni idea hacia donde va a evolucionar el tema. Lo mismo los libros leídos por el autor se convierten en un boom, incluso aplastan el concepto de libro al que tú te refieres.

    Lo que si está claro, como indica Sergio, es que nos reiremos mucho de nosotros mismo y nuestras fotocopias.

    Otro tema que creo que triunfará, yo también soy pitoniso, es el de las reediciones de libros clásicos con nuevo aporte. Un caso que se me ocurre, y que llegará seguro, es Las letras y las armas de Andrés Trapiello, una edición con vídeos, fotografías, enlaces a las obras mencionadas, a los periódicos de entonces, etc. sería gloriosa.

    Un abrazo.

    Manuel Álvarez

    3 diciembre, 2011 at 11:47

  3. Que manía con mezclar un libro con fotos, música, animaciones y demás florituras. Al final será imposible concentrarse en la lectura. Lo siento, veo por aquí mucho snobismo de usuarios de Ipad. Y veo pocos Ipad. Y no creo que el papel vaya a ser sustituído por completo por una pantalla de colorines animados. La simplicidad de la página en blanco con palabras impresas siempre será un oasis frente a la saturación de información visual que padecemos y sin duda irá a peor. Quédense ustedes con sus Ipad. Soy así de troglodita.
    Aunque es verdad que el polvo que se acumula en los libros es bien engorroso. Los ácaros que acumulan…Y lo que pesan cuando tenemos que hacer mudanza…
    Mi apuesta es que, como tantas otras veces (radio, cine, televisión, vídeo-dvd) habrá un solapamiento de medios y no una desaparición total. Seguramente el medio digital se impondrá en prensa, revistas, libros divulgativos y productos a los que les casa bien el añadido de imágenes, hiperenlaces y demás quincalla multimedia. Creo que se mantendrán en papel ediciones de novelas, best-sellers, ensayos políticos y filosóficos, etc. Muchos cómics tendrán edición doble, en papel y digital -seguramente más en EEUU que en Francia, país donde el álbum de cómic es muy valorado.
    Y el porno-gráfico… todo digital.

    Solomon

    3 diciembre, 2011 at 12:41

  4. No tengo iPad, de momento, y cuando toco un papel que tiene más de cien años sudo gloria. Huelo los libros. Un subastero me dijo un día que había tenido en sus manos un libro que olía raro, no tenía nada que ver con todo lo que había pasado por sus manos (era un especialista en manuscritos y libro antiguo de más de veinte mil boniatos, para que os hagáis a la idea). Resultó ser un libro que había permanecido durante muchísimo tiempo en la cocina de un convento. Quicir con esto que aprecio no sólo el valor del libro, sino también el del objeto. Y el libro en papel chana. Mogollón. Pero hay veces que uno tiene un libro entre las manos y se vuelve loco buscando un párrafo concreto, un nombre, un detalle. Porque, amigos, el libro no sólo es para floriturear mentalmente y suspirar como monjas lascivas. También sirve para estudiar y para echarle forraje a nuestro conocimiento. Y el libro electrónico, para eso, es único. El ejemplo que pone Manuel es excelente. Uno puede disfrutar de la lectura de Trapiello, pero sin lugar a duda aprenderá -y aprehenderá- mucho más si pulsa sobre un nombre y se encuentra información que, de darse en papel en cada nombre que se encuentre, haría del libro un mamotreto inútil. Hacer búsquedas, poder copiar fragmentos, insertar nuestros propios links… Es cierto que de poco nos servirá en un libro con las poesías de Fray Luis de León o en una novela de Jim Thompson, pero repito: no sólo de novelitas vive el hombre. Y aunque no he venido a hablar de mi libro, aquí lo pongo: Aly Herscovitz no deja de ser un app.

    Manuel, los libros leídos -también por sus propios autores-, son un negocio en Alemania. Un negocio brutal. Y nunca se han planteado por ello la desaparición del papel. Pero en España se ve que la boina no nos deja mucho campo de visión, y seguimos empeñados en el blanco o el negro, o el papel o el bit. Convivirán ambos hasta que el negocio aguante. Luego quedará lo que sea más rentable, sin que ello suponga la desaparición r e t r o s p e c t i v a del papel. Como lector, lo único que pido es que lo que me vendan sea bueno y asequible (ojo, no digo barato). Si es un libro en papel, que éste no sea una sábana amarillenta manchada con una tipografía de mierda, y si es un libro electrónico, que tenga algo más que el botoncico de palante y patrás.

    Bremaneur

    3 diciembre, 2011 at 13:42

    • @Sergio (Bremauer). No sabía lo de Alemania, gracias por el dato.

      Yo abogo porque cada uno venda/compre lo que quiera, lo que es evidente es que los libros serán a los libros electrónicos, lo que las velas a las bombillas. Existirán, pero será algo marginal y decorativo.

      Creo eso con los libros, y con todo. En mi trabajo de ingeniero hablamos sobre el tema, y el ir a las reuniones con la libretita y anotar en papel, acabará.

      Pero lo mejor es que haya libremercado y que cada uno decida. Eso sí, si solo existiera lo digital y vinieran con el papel creo que no salían de pobres los del papel.

      Lo de los ácaros, el polvo, el peso y el espacio son temas muy a tener en cuenta.

      Manuel Álvarez

      3 diciembre, 2011 at 20:01

      • Tampoco hay que ponerse a pensar a largo plazo. Ni somos genios ni cabalistas. Sólo pido que lo que me ofrecen ahora sea mejor. No hace falta que cada libro publicado sea un app fantabuloso, con fotos, música, vídeos, etc., perfectamente integrados en lo que el libro pretenda. Me basta con que sea rápido, que un texto tenga cuatro links adecuados, que me permita poner mis propios links, notas, etc., e integrar mis fotos, mis vídeos y otros documentos. Sé que no es genial y que Apple no va a pagar a un equipo de cazatalentos para secuestrarme, pero esta idea tan sencilla no sólo cambia la manera de leer y de trabajar (repito: leer y trabajar), sino también la de escribir. Manuel ha puesto un ejemplo muy evidente: Las armas y las letras. Pensemos en cualquier libro de cualquier materia: física, química, matemáticas, tatuajes, motos, ¡historia! Por favor, historia. Recuerdo la frase de Ortega que citaban el otro día en mi blog: “Los historiadores no tienen perdón de Dios. Teniendo en sus manos quizás una de las materias más apasionantes que existen nos han hecho aburrirla hasta el extremo. Hasta los topógrafos nos han conseguido despertar más interés con los suelos y los minerales que ellos. Debería venir Clio, pasar con su carro y quemarlos a todos”.

        Bremaneur

        3 diciembre, 2011 at 23:27

      • Novelas con banda sonora…

        Bremaneur

        3 diciembre, 2011 at 23:30

  5. Pongo un ejemplo concreto. Actualmente tengo parte de mi biblioteca en casa. Ni idea de cuántos libros son. Tres o cuatro mil. Ocupan mucho y no están todos, porque tengo otros tantos en cajas, metidos en un desván soriano. Calculo que, exceptuando las primeras ediciones, libros valiosos y autografiados, o libros que por una cuestión puramente melancólica no puedo releer si no están encuadernados, podría meter en un iPad, con idea de leerlos o consultarlos sin necesidad de sentir el tacto de la celulosa, un 30 o un 40 por ciento. Probablemente más, mucho más. Con el espacio físico que gano podría hacerme hasta bígamo.

    Bremaneur

    3 diciembre, 2011 at 13:54

  6. No entiendo por qué en España, donde ya alegremente se escribe Lleida en vez de Lérida, A Coruña en vez de La Coruña, y Hondarribia en vez de Fuenterrabía, la gente insista en seguir escribiendo Méjico en vez de México. Anda que nosotros no inventamos nuestra nación ayer. Por cierto, buen blog.

    Marco

    3 diciembre, 2011 at 18:38

  7. @Bremauer. Ante esto que escribe: “Sólo pido que lo que me ofrecen ahora sea mejor. No hace falta que cada libro publicado sea un app fantabuloso, con fotos, música, vídeos, etc., perfectamente integrados en lo que el libro pretenda. Me basta con que sea rápido, que un texto tenga cuatro links adecuados, que me permita poner mis propios links, notas, etc., e integrar mis fotos, mis vídeos y otros documentos. Sé que no es genial y que Apple no va a pagar a un equipo de cazatalentos para secuestrarme, pero esta idea tan sencilla no sólo cambia la manera de leer y de trabajar (repito: leer y trabajar), sino también la de escribir”. Solo puedo decir que estoy de acuerdo con cada una de las letras.

    Espero que su libro sobre Enrique Castro Delgado, cumple las expectativas.

    Manuel Álvarez

    4 diciembre, 2011 at 10:24

  8. Me gusta muchisimo leer, pero con la lectura electronica tengo un problema: los hiperenlaces me desbaratan el estudio. Cuando me pongo a leer un articulo, los hiperenlaces producen en mí un efecto similar al del goloso que le ponen un carro de postres delante suyo: soy incapaz de NO darle al botón y desparramarme por una rama secundaria del articulo.
    Resultado: puede que haya empezado interesandome por la biografia de Alfonso X el Sabio pero, tras 4 o 5 hipersaltos, acabo leyendo sobre recetas de cocina mozarabe… y un cabreo tremendo.
    Vuelvo a empezar: me autoflagelo, me riño, sigo con Alfonso X y sus cantigas… para acabar una hora después enterandome que existe un lago en Canadá que se llama “And Another Lake”.

    Al final, voy a tener que acudir a algun centro de rehabilitacion de pulsadores de botones compulsivos y, desde luego, cuando quiera hacer estudio del de verdad, acudir al libro de papel… si es que no me lo malean con hiperenlaces de grafeno. :-/

    Brandelmosca

    4 diciembre, 2011 at 13:18

    • Brandelmosca, a mí me pasa lo mismo, pero hay una solución buenísima, que es la que han usado los de The Atavist, por ejemplo: puedes leer el texto con los enlaces activados o desactivados. O sea, te lo puedes leer la primera vez sin enlaces, por ejemplo, y luego repasarlo con, y pinchando ya alegremente por aquí y por allá…

      Montaraz

      7 diciembre, 2011 at 11:11

      • Montaraz ¿tu conoces algun goloso que diga “¡nooo, nooo, no me lo acerquen!” cuando ve llegar el carro de postres? Pues eso, que ni aun con ayudas tecnicas dejaría de saltar “alegremente” de enlace en enlace.
        Por cierto, me ha gustado mucho eso del “pinchar alegremente”. Me he imaginado a mí mismo (y a los que se parecen a mí) dando saltitos, con una sonrisa de oreja a oreja, de página en página en un mundo lleno de textos: 😀

        Brandelmosca

        7 diciembre, 2011 at 19:10

  9. Whoa, whoa, get out the way with that good innaomrtiof.

    Firdose

    28 julio, 2013 at 7:44


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