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el pandemonium

Veremos

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Veremos hasta dónde llega todo el poder del estado en el juicio por el asesinato de Marta del Castillo. Veremos hasta dónde llega el vigor y la potencia combinada de jueces, fiscales, policías y legisladores. De militares, guardias civiles, policías municipales y buzos. De decenas de funcionarios públicos poniendo hasta la última gota del sudor de su frente en el caso, echándole horas extras, jornadas dobles y fines de semana. De centenares de individuos imbuidos de toda la energía combinada del poder legislativo, el ejecutivo y el judicial de una nación europea de 47 millones de habitantes. Del Código Penal con todo su peso, que no es moco de pavo. Veremos cuán hondo llegó la labor de zapa realizada por los profesores de escuela pública que educaron a Miguel Carcaño y Samuel Benítez. Veremos qué les enseñaron, qué valores les inculcaron en Educación para la Ciudadanía. Confiemos en la capacidad de Educación para la Ciudadanía para remover el alma de sus estudiantes. Y donde no llegue Educación, ya llegará la policía. Y si no llega la policía, ya llegarán los jueces.

Imaginen esa brutal maquinaria estatal, ese formidable leviatán erigido sobre una montaña de centenares de millones de euros, arremetiendo implacable contra un macarra deficientemente alfabetizado… que miente.

Porque el problema es que el tipejo miente. Si no mintiera sería más fácil, claro. “Son unos cínicos y unos mentirosos“, dice Manuel Piedrabuena, el comisario que ha llevado el caso. “Hemos tenido muy mala suerte“, añade.

Mala suerte“, dice. El poligonero Miguel, que les habrá echado un mal de ojo. Es que claro, joer, ¿qué puede hacer toda la Brigada de la Policía Judicial de Sevilla contra la mala suerte? ¡Que llamen a la Bruja Lola, que les limpie el aura! A ver si es que van a ir escasos de amuletos en las comisarías sevillanas…

Bueno, hombre, no pasa ná: con un poco de “buena suerte“, el próximo malaje detenido no intenta engañarles. Por su sentido de la honestidad y tal. ¡Es que claro, les tocan asesinos cínicos y así no hay español que investigue! A un comisario español de verdad se le dicen las cosas a la cara, sin rodeos. Lo demás ya son ganas de marear la perdiz.

 

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Written by cristian campos

25 octubre, 2011 a 7:01

Publicado en política

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6 comentarios

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  1. Que llamen a Horatio Caine. Hacen falta tantos Horatios en este país…

    Solomon

    25 octubre, 2011 at 9:42

  2. La famosa pendiente resbaladiza del delito: empiezan violando y matando a una chica, luego la entierran ilegalmente, después se dedican a mentir y engañar a la policía y a portarse cínicamente… Al final acabarán no ayudando a cruzar a las viejecitas las calles de Sevilla y a hurgarse los dientes con un palillo a la vista de todos…

    Grunentahl

    25 octubre, 2011 at 14:38

  3. La serie de televisión “24” siempre plantea esos dilemas. ¿Qué se hace cuando sabemos a ciencia cierta que un delincuente ha transgredido la ley y, aun así, se niega a cooperar? En la serie está Jack Bauer que sonsaca la información por las malas o por las buenas.

    ¿Es lícito torturar si con eso obtenemos la verdad? ¿Es adecuado, sano o correcto que España soporte mejor al delincuente confeso pero libre, que al policía como Jack Bauer?

    ¿Nos rebaja nuestra condicion recurrir a la tortura?
    ¿No nos rebaja también nuestra condición dejar libre a una alimaña apestosa?

    ¿Es bueno para el sufrido pagador de impuestos -que opta por el bien- saber que el Estado -que le quita el dinero de los bolsillos- protege más a quien mata y viola a su hija, que a sus deseos de venganza?

    Demagógico, tergiversado y complicado.

    Juan Pablo Arenas (@arenasjp)

    25 octubre, 2011 at 17:53

    • Mi opinión es que no hace falta torturar a nadie cuando cuentas con funcionarios eficientes. La gente se plantea la tortura cuando ve que los santos cojones de un simple mastuerzo de discoteca de extrarradio puede más que la inteligencia combinada de cientos de policías, jueces y legisladores. Yo no defiendo la tortura en este post. Defiendo la necesidad de contar con policías del siglo 21, no con carajilleros de barrio acostumbrados a lidiar con carteristas de pueblo, pero que la cagan miserablemente cuando se enfrentan a un caso medianamente complicado.

      Con la pasta que les pagamos en impuestos, ya podrían enviarlos a estudiar criminología a los EE UU, joder.

      cristian campos

      25 octubre, 2011 at 18:13

      • Usted que es un caballero no lo defiende. Pero yo, que soy un cafre de la peor calaña, sí que no me daría ninguna pena que se le sacase la verdad. Es lo que tiene pertener a la chusma.

        Los de la Supremacía me podrían decir de todo. Yo sé que ellos se ponen exquisitos hasta que les pasa a uno de los suyos: ahí les brota la jauría.

        Juan Pablo Arenas (@arenasjp)

        25 octubre, 2011 at 22:28

  4. Hace bastantes años fue asesinada una mujer en su casa en Londres cerca de donde yo vivía y tuve la oportunidad de ver a la policía actuar. La casa la «envolvieron» en plástico entera (algo parecido a lo que hacen con la casa de la película ET, para que me entiendan) me imagino que para no contaminar el lugar de los hechos. Los policías solo entraban en la casa con trajes plásticos prácticamente herméticos. Colocaron una grúa móvil enfrente de la casa y policías inspeccionaban los alrededores desde arriba, por encima de los árboles, dando indicaciones a los de abajo mientras la grua iba recorriendo toda la zona. En una amplia zona verde tras la casa un buen montón de policías (30 o 40) pegados unos a otros crearon una línea que, avanzando muy despacio, se puso a barrer cada centímetro de aquella zona ajardinada. Y esto fue hace ya más 15 años.
    Hace unos pocos años aquí en España vi por la TV el rastreo en busca de pruebas de una zona verde por parte de nuestros policiás. 4 o 5 tíos patosos desperdigados mirando por aquí y por allá. A ver si había suerte, supongo. Ridículo.
    Dicen que en España se resuelven más casos criminales que en la mayoría de los paises del mundo. ¿Por qué? porque el asesino español, a diferencia del nórdico, siempre confiesa. Al parecer es una cuestión de honor: desea justificarse e incluso pagar por sus actos. Pero en cuanto aparece uno que no abre la boca… se acabó la «eficiencia».

    Rey Narmer

    26 octubre, 2011 at 0:20


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