el pandemonium

El optimista racional, de Matt Ridley

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Ando leyendo El optimista racional, de Matt Ridley. El optimista racional es de ese tipo de libros que suelen escribir los anglosajones cuando se les hinchan las narices, hartos de escuchar la misma necedad una y otra vez. Son libros hasta-aquí-hemos-llegado.

 

[Anglosajón medio, harto de escuchar la chorrada de turno]

 

Richard Dawkins suele escribir ese tipo de libros. Evolución o El espejismo de dios, por ejemplo. De hecho, ahora que lo pienso, todos los libros de Dawkins son ese tipo de libro. Martin Amis también los escribe, aunque desde una perspectiva más literaria, más de suplemento de cultura con ínfulas. Así a botepronto me vienen a la cabeza Koba el Temible y El segundo avión, que es en realidad una recopilación de artículos y cuentos cortos sobre el 11S. Incluso La guerra contra el cliché es de ese tipo de libros. Hitchens también los escribe, por supuesto (Dios no es bueno, Dios no existe). Y Pinker, claro (Cómo funciona la mente, La tabla rasa y su nuevo libro, The Better Angels of our Nature). Carl Sagan escribió uno de estos libros, El mundo y sus demonios. Por no hablar de Huntington o de Revel, que no es anglosajón pero como si lo fuera (La gran mascarada o La obsesión antiamericana). La batalla, de Arthur C. Brooks, con prólogo de José María Aznar, también pertenece a la familia. Y la lista sigue. En España, por ejemplo, este tipo de libros los escribe Arcadi Espada en régimen de cuasi-monopolio.

Son libros repletos de datos, estadísticas, análisis, reseñas, referencias y ejemplos, capaces de convencer por aplastamiento hasta al defensor más talibán de la idea absurda de turno. Son libros que no braman, aúllan ni vociferan. Se caracterizan por estar escritos en un lenguaje recto carente de meandros, disquisiciones metafísicas o espirales intelectuales descendentes.

¿Saben lo que es una espiral intelectual descendente? Es esa idea que parece nacer recta pero que evoluciona girando sobre su propio eje, en sentido descendente, progresivamente más reconcentrada, más oscura, más abstrusa, más alejada de la superficie de la razón. En su etapa final, las espirales intelectuales descendentes acaban en la universidad pública, con una asignatura a su nombre, o en la portada de El País. El socialismo es una espiral intelectual descendente de libro. Suena bien en primera instancia, pero la desarrollas y llegas a donde llegas: a la más rotunda de las miserias intelectuales.

 

sí nace una espiral intelectual descendente]

 

Este tipo de libros-desfogue de los que hablo son puro empirismo directo al grano. En el caso de El optimista racional, Matt Ridley te coge de la mano y te guía por el sendero de la razón con toda la parsimonia y paciencia del mundo, como si no estuviera tratando con el oligofrénico que eras antes de empezar a leer el libro: “mira, ¿ves?, aquí la realidad: te la presento”. Si al acabar el libro sigues opinando lo mismo que opinabas antes de empezar a leerlo, lo tuyo es grave.

En España, por ejemplo y sin ir más lejos, somos más dados a la filigrana retórica, al duelo de esgrima intelectual grandilocuente y al pellizquito de monja vía columna de opinión. Eso los españoles alfabetizados. Los que no tienen estudios, o los tienen como podrían tener una etiqueta de Anís del Mono en un marco inflable de plástico rosa, se atizan con el garrote y arreando. Porque los argumentos son pa’los maricones, hoigan. ¿Por qué creen que esa divertida institución anglosajona de los clubs de debate no ha triunfado en España? Pues porque acabaríamos bajándonos la bragueta y meándonos en el atril del contrario antes siquiera de empezar a debatir. Todo español lleva un español dentro, y la tentación de marcar el territorio es poderosa y atávica. Enfrentado a la difícil pregunta…

en un debate, ¿estaría sinceramente dispuesto a cambiar de opinión si se le demostrara con datos suficientes que sus ideas se contradicen con la realidad?

…un español responderá siempre “antes me pego un martillazo en los huevos”.

 

sí se enfrenta a un debate de ideas el anglosajón típico]

 

[Y así lo hace un español]

 

En el caso de El optimista racional, la tontería adolescente a demoler es la de que el mundo camina torcido, la de que nunca hemos estado peor, la de que cualquier tiempo pasado fue mejor, la de que el progreso no existe… ya saben. Se trata de ese absurdo cortocircuito de la razón que nos hace pensar que a partir de ahora nos irá mucho peor cuando a nuestras espaldas sólo vemos progreso. Para el pesimista irracional, el camino de las hachas de sílex al iPhone no es una tendencia, sino una eventualidad. O, en el mejor de los casos, el producto de un sistema enfermo que ha alcanzado su apogeo justamente en este preciso momento histórico y al que sólo le queda rodar pendiente abajo hasta el morrazo final. El Apocalipsis de los tiempos está a la vuelta de la esquina. El pesimista irracional vive esperando el día en el que las columnas de la civilización cedan y el templo de la razón se derrumbe sobre nuestras cabezas.

 

ptimistas racionales escuchando la tontería número 17.459 en boca del pesimista irracional de turno]

 

En un mundo regido por la lógica, rebatirle esta idea al resentido de guardia no necesitaría ni de medio libro: es evidente para cualquier ser pensante con dos neuronas patinándole en el cerebelo que hasta el más lamentable de los 15M en paro disfruta de un nivel de vida que sería la envidia, no ya de Carlos V, sino de Henry Ford, multimillonario legendario entre los legendarios y al que se puede localizar a poco más de una docena de Olimpiadas de distancia de nuestra época. Todo eso lo explica Matt Ridley en el libro mediante un amplio despliegue de datos y de obviedades, así que tampoco le voy a dar más vueltas al tema. Basta con que sepan que ustedes disfrutan del mayor nivel de bienestar jamás alcanzado por el ser humano a lo largo de su historia. Aunque la mala noticia es que esta última frase no tardará en dejar de ser cierta: sus hijos aún vivirán mejor que ustedes.

Y por cierto: en África también viven infinitamente mejor que sus antepasados. Otra cosa es que el punto de partida africano no sea demasiado glorioso. En cualquier caso, los africanos viven más años, sobreviven más al parto y se matan menos entre ellos de lo que lo hacían hace apenas 100 años.

 

sí reacciona un pesimista irracional ante la frase “en África jamás se ha vivido mejor“]

 

Pero esa no es la tesis de El optimista racional, sino su punto de partida. La tesis es la de que el progreso de la humanidad se debe, lisa y llanamente, al intercambio de ideas y mercancías. Es decir al capitalismo y el libre mercado. O, si lo prefieren, al trueque. Por eso las sociedades autárquicas, como las regadas por el Islam o el socialismo, han fracasado miserablemente, con pocas o muy debatibles excepciones, mientras que las sociedades libres han progresado hasta llegar a la cúspide de la evolución humana, es decir el iPad y sus usuarios.

Según Ridley, el intercambio es a la tecnología lo que el sexo a la evolución: el motor del cambio. Y, por ende, del progreso.

Lo que extrañamente no dice Matt Ridley es que el progreso humano no sólo es evidente e irrebatible en el terreno de lo tangible y lo útil, sino también en el de lo inútil intangible. Es decir en el del arte. Y supongo que no lo dice porque eso sería otro libro distinto; por eso lo digo yo.

En plata: no hay un solo genio de la pintura, la música, el cine o la literatura que no se haya visto superado por algún sucesor en la senda evolutiva del arte. Y no me vengan con que la idea de superioridad o de inferioridad no es aplicable a las artes. Ustedes jerarquizan a diario las diferentes obras artísticas o los productos de la creatividad humana cuando compran o consumen uno determinado y desechan cualquier otro. En el arte, como en la vida, cualquier tiempo pasado fue peor. Nostalgias aparte.

 

 

En el mismo sentido, no hay una sola manifestación cultural procedente de una sociedad autárquica que no tenga un equivalente superior en una sociedad libre. Entendiendo por superior más compleja técnicamente, más cargada de significado, más evolucionada, más lúcida, más ingeniosa, más original y más apta para la supervivencia en su entorno, midamos como midamos esta última magnitud.

Las reglas para confirmar o refutar la veracidad de esta afirmación con un mínimo de rigor intelectual deberían ser las siguientes:

1. Debemos despojar las obras a comparar de todo el romanticismo que les confiere la capa de polvo.

2. También las debemos despojar del encanto de lo pionero.

3. La comparación sólo es válida entre productos culturales pertenecientes a una rama determinada del arte mientras esa rama está viva.

El punto 3 es importante. Básicamente, dice que no podemos comparar peras con manzanas. La música clásica, en el sentido popular del término, murió con las vanguardias de principios del siglo 20, así que no tendría sentido buscarle un equivalente contemporáneo a Mozart, Haydn, Bach o Vivaldi porque no lo hay. Ídem con la alta literatura. ¿Con quién comparar a Proust, si no es con los pioneros del decadentismo? Pero sí podemos comparar las atmósferas malsanas del Lovecraft de Los mitos de Cthulhu con las de La carretera de Cormac McCarthy; o a Charles Bukowski con Chuck Palahniuk; o al Nosferatu de Murnau con el Drácula de Coppola.

 

El original:

 

El revival, superior en todos los aspectos a su predecesor:

 

 

 

Hagan la prueba: escojan cualquier manifestación o escuela o  movimiento cultural artístico, por breve o duradero que haya sido. El punk, el barroco, las vanguardias, el hiperrealismo o el postmodernismo. Tracen una línea temporal que empiece en cuanto aparece su primer rastro histórico y que acabe con su decadencia y muerte. Seguidamente, elaboren una lista de las diez obras maestras de esa manifestación o escuela o movimiento cultural. O mucho me equivoco, o esas obras maestras se situarán casi siempre al final de la línea temporal. Quizá no en el extremo final de la línea (las decadencias suelen ser lentas y pesadas, como las malas digestiones), pero sí definitivamente en su último cuarto.

Y si no es así es que lo están haciendo mal o se les escapa alguna referencia, criaturas.

 

[Se me entiende, ¿verdad?]

 

Written by cristian campos

15 octubre, 2011 a 7:01

34 comentarios

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  1. Juan Pedro Quiñonero puntualiza:

    Algunas matices…

    1. El romanticismo no tienen ningún polvo. Bien al contrario.

    2. Hay pioneros muertos y pioneros vivos.

    3. Proust no es un decadente: todo lo contrario; hay que compararlo con el Evangelio de Juan.

    4. No hay nada de malsano en los mitos de Lovecrat: todo lo contrario. Son fuentes de vida.

    5. La carretera de CM hay que compararla con el Apocalipsis de Juan.

    6. Coppola y muchos otros maestros de Hollywood deben mucho a Murnau, Lang y el cine expresionista alemán, claro.

    – Saludos –

    maty

    15 octubre, 2011 at 11:54

  2. Parece que te está gustando el libro.

    Tiene un blog muy interesante Ridley: http://www.rationaloptimist.com/blog

    “Dentro de uno o dos siglos la mayor parte de la Humanidad estará al mismo nivel o por encima de los actuales estándares de vida occidentales. No obstante también creo que mucha gente seguirá pensando y afirmando que las condiciones de vida van cada vez peor”. Julian Simon.

    Manuel Álvarez

    15 octubre, 2011 at 12:19

  3. Sin entrar en detalles, matices y sinembargos: una gran carcajada de principio a fin, con pausa destacada en el marciano burtoniano y ‘África’.

    Este blog es el último panfleto. Que no decaiga.

    Mercutio

    15 octubre, 2011 at 12:59

    • Pues no es mal nombre: “El Panfletonium”.

      cristian campos

      15 octubre, 2011 at 13:13

  4. Qué falta hacía un libro como el de Ridley, qué cansancio discutir constantemente con los profetas del apocalipsis. En otro orden de cosas, señor Campos, no soy de los de “ya no se hacen obras como las de antes” y sé que rastreando entre los epígonos se encuentran joyas pero no me niegue que cualquier movimiento artístico tiene en sus inicios un vamos a llamarlo vigor inaugural que con el tiempo deviene manierismo. De acuerdo con lo de los Stray Cats (Jerry Lee Lewis siempre me ha parecido un pesado), pero Palahniuk es un listillo y el Drácula de Coppola es de traca. Por lo demás supongo que hoy se lo va a pasar usted en grande: http://politica.elpais.com/politica/2011/10/14/actualidad/1318628325_604744.html

    Gabriel Syme

    15 octubre, 2011 at 13:33

  5. Genial como siempre, aunque discrepo respecto al arte. Creo que trazar líneas temporales y comparar obras de arte queda fuera de lugar, ya que experimentamos el arte de forma subjetiva. ¿Nosferatu de Murnau contra Drácula de Coppola? Pues mire, he visto como 10 veces las dos películas y, por alguna retorcida y personal razón -y no se trata de llevar la contraria- me quedo con la de Murnau. Raro que es uno, pero ahí reside lo problemático de su osada propuesta intelectual.
    Hace poco establecía usted en el blog una comparación entre la versión original de un tema -no recuerdo cual, porque tampoco es que me pareciera nada especialmente glorioso- y su pastelosa versión contemporánea, que no parecía ser de su agrado precisamente. ¿Se ha mejorado en tecnología, en virtuosismo visual? Sin duda, pero no creo que estemos viviendo precisamente en una época dorada de la creatividad, ni en cine, ni en música.

    Solomon

    15 octubre, 2011 at 14:06

    • Sin deorcmacia econc3b3mica no hay deorcmacia real. c2bfDc3b3nde estc3a1n las propuestas econc3b3mico fiscal financieras? Lo que nos ha llevado a esta situacic3b3n es la crisis actual y no aparece ni una sola referencia sobre cc3b3mo hacer que el coste de la misma no siga recayendo sobre los mc3a1s dc3a9biles. ES NECESARIO INCLUIR ESTOS PUNTOS EN LOS Mc38dNIMOS SI NO EL MOVIMIENTO QUEDARc381 EN MUY POCO O CASI NADA.

      Narudee

      28 febrero, 2013 at 20:56

  6. Pues estoy totalmente de acuerdo con el añadido de cosecha propia al libro: esa es la razón de ser de las vanguardias y de la estupefaccción que me generan los músicos que quieren seguir haciendo sinfonías, los pintores retratos, los literatos novelas de misterio, etc.

    hector1564

    15 octubre, 2011 at 14:20

  7. El pedazo de trabajo de Pinker no existiría -seguramente- sin Chomsky. El lingüista yanqui es el gran misterio de mi vida.

    Nunca entenderé cómo un tío tan brillante como él en la cosa lingüística pudo volverse tan tarumba y obcecado en la cosa política. Los friquis de la filología nos hemos quitado el sombrero antes sus hallazgos. Qué ingenio. Qué manera de ver lo que ninguno veía. Su visión de cómo el léxico condiciona todo es genial.

    Encima, su teoría lingüística se entronca con estos autores que no creen que el hombre sea un gilipollas robotizado sino un tío que elige libremente y que a veces la caga y otras acierta. Por eso no entiendo que luego hable de masas adocenadas, de chusmas sometidas. Su elogio del hombre se le desfonda cuando pierden los suyos. La ideología: ese tormento.

    Por cierto, Chomsky siempre contestaba a los emails. Más que mucho ensoberbecido de la Iberia.

    Juan Pablo Arenas (@arenasjp)

    15 octubre, 2011 at 14:53

  8. Dice el Sr. Campos: “Matt Ridley te coge de la mano y te guía por el sendero de la razón con toda la parsimonia y paciencia del mundo, como si no estuviera tratando con el oligofrénico que eras antes de empezar a leer el libro”.

    Sr. Campos, ¿le gusta leer libros en los que el autor trata al lector como a un oligofrénico? Estoy seguro de que hay mejores maneras de recomendar un libro.

    Por cierto, me gusta el último GIF animado, el de Jack Torrance. Me lo guardo para mejor ocasión.

    El gato de Schrödinger

    15 octubre, 2011 at 23:04

  9. Empieza hablando de datos, de empirismo comprobable. ¡Y termina con el arte!. Si hubiera resultado más sutil. O centrado en algún aspecto. Debió de ser la segunda copa
    Impresionante este hombre. Evidentemente no ha entendido a Ridley y sería imposible discutir con él. Hay que entender que lo del gremialismo artístico le toca de cerca. Y Caravaggio tiene ya una porrada de años.

    peterot

    16 octubre, 2011 at 0:59

  10. […] Visto en El Pandemonium. Temas: blogs, convivencia, manipulación informativa […]

  11. “Porque los argumentos son pa’los maricones, hoigan.”

    Arghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Nombre

    17 octubre, 2011 at 10:04

    • Eso de “hoigan” o “hoygan” es un meme de la internet, hombre de dios. Un chiste internáutico, vaya.

      Soy vestia pero no tanto.

      “HOYGAN u HOIGAN es un neologismo nacido en Internet con el que algunos describen de forma paródica a los usuarios que, por descuido o por presumible bajo nivel cultural, escriben en los foros con multitud de faltas de ortografía. Además de los errores ortográficos y gramaticales, escriben a menudo para pedir cosas imposibles, para solicitar regalos que nadie les va a enviar o para que les presten algún tipo de ayuda.”

      http://www.frikipedia.es/friki/HOYGAN

      cristian campos

      17 octubre, 2011 at 10:19

      • Ahhhhhhhhhh……………

        Nombre

        17 octubre, 2011 at 16:26

  12. Señor Campos, según su opinión:

    ¿El hombre vivía mejor con los celtíberos o con los romanos?
    Si me responde que con los romanos haga el favor de aclararme una cosa: ¿Llega usted a esa conclusión partiendo de su condición de hombre (a secas) o partiendo de su condición de romano?

    Búho

    17 octubre, 2011 at 13:53

    • Muy bueno el comentario, lo digo sin ironía. Hombre, supongo que la respuesta corta es que con los romanos, por lo que sabemos. Lo de “por lo que sabemos” es importante. La respuesta larga es que el progreso se acelera a partir del siglo 15-16. Lo de antes, en términos globales, es todo más o menos lo mismo: palmarla a los 30, tasas de mortalidad infantil del 50%, mierda y epidemias por todos lados, altas probabilidades de palmarla en una guerra o por el capricho del cafre de turno… En ese sentido, poca diferencia había entre los romanos y los celtíberos, aunque deduzco que los primeros debían ser más limpitos y, por ello, debían vivir ligeramente mejor.

      Pero vaya, por ahí andaban todos.

      cristian campos

      17 octubre, 2011 at 16:21

      • Señor Campos, sólo por coherencia con el principio principalísimo del intercambio como motor del progreso creo que debería haber tomado usted partido de una forma más decidida. La red de calzadas y puertos construidos por los romanos, sin ir más lejos, algo habrán tenido que ver con el desarrollo del comercio y por tanto con el intercambio y el progreso. Y si es cuestión de cantidad también se podría comparar el número de personas que podían vivir bajo uno y otro “reino”. No es lo mismo alimentar cinco bocas que quinientas.

        De todas formas el sentido de la pregunta, creo que lo ha intuido, era apuntar la tramposa costumbre de hablar de la Humanidad, como si todos los hombres fuésemos juntos de la mano. Pero la Humanidad no fue de la mano nunca y sigue sin ir ahora. En este sentido los “optimistas” cometen el mismo error que los “pesimistas”. El progreso, en sentido histórico-político, lo fijan los que salen victoriosos de los conflictos, y eso no es lo mismo que decir que a los perdedores les hubiese gustado vivir la vida que vino después. Lo que sabemos es que les hubiese gustado ganar, que por eso lucharon.

        El progreso, en el sentido eticista que se le quiere dar en el libro de Ridley, se define como una especie aproximación a la realización del destino del Hombre (sobra advertir del tufo idealista de tal definición) , presuponiendo, además, que el destino del Hombre es el bienestar y/o la felicidad (¿decir tal cosa es decir algo claro y recto?). Los planes o los proyectos de los hombres, sin embargo, se determinan a través de las realidades (plurales y complejas) que los envuelven, realidades conformadas históricamente. Muy frecuentemente alguna de ellas de naturaleza ética, pero siempre en conflicto con otras de carácter político o moral. Si el fin del Hombre fuese el bienestar, y además pudiésemos vincular rectamente bienestar con esperanza de vida (para usar el tópico más recurrente) o bienestar con pacifismo, ningún hombre practicaría deportes de riesgo ni se haría bombero o militar.

        Por otro lado, para evitar anacronismos a la hora de comparar distintas etapas históricas no basta con afirmar que en determinado periodo las cosas iban peor porque algo no estaba disponible o no era accesible, porque determinada sociedad podía ser puntera en las cosas que estaban disponibles o eran accesibles entonces y sin embargo estar relativamente atrasada ahora en relación a lo disponible o accesible en otras sociedades del presente. Los anacronismos dan lugar a planteamientos sin sentido como esos juegos mentales del tipo “a nuestros abuelos les hubiese gustado disponer de tal cosa que disfrutamos en el presente”, ignorando que para que les gustase disponer de ella tendrían que sentir una necesidad que es nuestra y no de ellos.

        Un saludo.

        ———–
        No me resisto, una cosa más.

        Así concluye Muñoz Molina:

        “Nunca hubo una Edad de Oro, pero a nosotros nos ha tocado vivir algo parecido a una edad de plata, y no hay proyecto político más noble que hacerla duradera y sólida, que hacerla universal.”

        Las paradojas me chiflan, y esta es casi insuperable. Un “optimista” que quiere apoderarse de una edad para que el futuro no tenga otros dueños.

        Búho

        18 octubre, 2011 at 2:06

      • Con su permiso, subo su comentario al blog.

        cristian campos

        18 octubre, 2011 at 8:15

  13. Señor Campos. Para que usted entienda mejor, se lo dejo mejor escrito:

    “que no es por defender lo que destruís, compadres: que es por defendernos de lo que construís.”

    Aquí en largo:

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/BALEARES/isla/Dragonera/ejemplo/elpepiopi/19820810elpepiopi_13/Tes

    Por otro lado, las fatiguitas de la muerte le habrán entrado al ver a este “socialdemócrata” poniendo sus sucias manos sobre Pinker:

    http://www.elpais.com/articulo/portada/edad/plata/elpepuculbab/20111015elpbabpor_7/Tes

    Yo no tengo las cosas tan claritas como usté, Por eso creo que no le vendrán mal unas lecturas a la contra. Terapia de la Escuela popular de sabiduría superior.

    Un saludo

    Solymoscas

    17 octubre, 2011 at 14:21

    • Muy interesante Múñoz Molina como casi siempre. Gracias por el enlace.

      Manuel Álvarez

      17 octubre, 2011 at 15:24

    • Hombre, Muñoz Molina es un socialdemócrata al que hay que leer casi siempre. ¡Ojalá todos fueran como este!

      En cualquier caso, el progreso no es un tipo comprándose una isla en la que construir una mierda de hotel para alemanas borrachas. El progreso es que usted sepa de sus fechorías y pueda cagarse en sus muertos con luz y taquígrafos, por ejemplo. En casos de hijoputez flagrante, hasta puede detenerse la barrabasada con la colaboración de la policía. Y claro que la energía atómica sirve para construir bombas atómicas; también sirve para dar energía a miles de hogares.

      A ese tipo de progreso me refiero. Lo que usted dice es como cagarse en la cirugía moderna porque un tipo ha muerto en la mesa de operaciones. A ver, sí, cierto, ha muerto uno. Pero es que la cirugía ha salvado antes a 10.000. Está claro que el progreso no es un bálsamo de fierabrás que todo lo cura, pero ayuda bastante.

      Otro saludo para usted.

      cristian campos

      17 octubre, 2011 at 16:15

  14. Muñoz, perdón.

    Manuel Álvarez

    17 octubre, 2011 at 15:24

  15. J.der, Cristian, qué bien me lo paso leyendo tu blog, incluso cuando escribes sobre temas tan, sí, abstrusos como el que traes hoy. Y, como dices bastante a menudo, los comentarios de tus lectores son inmejorables.

    Saludos desde NY, capital del mundo.

    Nacho

    Ignacio Casares

    17 octubre, 2011 at 20:27

    • Pues te agradezco el cumplido porque eso es lo que intento: que el blog sea divertido.

      Qué envidia lo de Nueva York, por cierto.

      Anónimo

      17 octubre, 2011 at 21:11

  16. ¿Subir mi comentario al blog? ¿Para que los perros sedientos de sangre (sus lectores) se me echen encima? Vale, un placer😉

    Búho

    18 octubre, 2011 at 13:29

  17. Dice usted: “claro que la energía atómica sirve para construir bombas atómicas (que han matado a cientos de miles añadiría yo, por no hablar de Chernobyl, o como coño se escriba); también sirve para dar energía a miles de hogares.”

    Cambiamos el altar sacrificial pero todo es lo mismo:

    XVII. En el principio no fueron, ciertamente, los dioses de los cielos los que impusieron sacrificios a los hombres en la tierra, sino los sacrificios de los hombres de la tierra los que pusieron dioses en el cielo. Por consiguiente, no es que el sacrificio haya sobrevivido al cambio de los antiguos dioses, sino que es la perpetuación del sacrificio lo que demuestra que los dioses no han cambiado. ¡De nombre habrán cambiado, y de vestido; no de condición, como demuestra la renovada aceptación del sacrificio! Siguen siendo los viejos dioses carroñeros, vestidos de paisano, con los nombres de Historia o de Revolución, de Progreso o de Futuro, de Desarrollo o de Tecnología. Los mismos perros sangrientos con distintos aunque no menos ensangrentados collares. Más valía haber dejado en paz los dioses en sus cielos y quebrantado, en cambio, la mítica conexión del sacrificio, que era la fuerza que los sustentaba; ya ellos solos se habrían venido abajo desde las alturas, en vez de reflorecer y renovar sobre nosotros su cruento señorío. La Historia Universal no es sino el nombre, el disfraz y el maquillaje, tan pudorosa como fraudulentamente laicos, con que el arcaico y sangriento Yavé-Señor-de-los-Ejércitos, iam senex sed deo uiridisque senectus, circula y se las bandea hoy en día impunemente, como un viejo verde, por los salones de moda del agnosticismo. La prueba de que no es el dios el que demanda el sacrificio, sino que es, por el contrario, el sacrificio el que postula al dios la hallamos más arriba en el pasaje en que se observa cómo nunca es la Causa lo que se esgrime para justificar el sacrificio y la sangre derramada, sino siempre, por el contrario, el sacrificio, la sangre derramada, lo que se esgrime para legitimar la Causa. El sacrificio es el que crea, pues, la Causa; no ya la Causa la que promueve el sacrificio. (pp. 34-35) Ferlosio 1986.

    y aquí, de coda, lo que dice uno de los suyos, un creyente:

    “Si Rafael Sánchez Ferlosio no existiese, alguien tendría que inventarle. Creo recordar que alguien hacía esa descripción de él, allá por la época en que publicó ese espléndido ensayo contra la idea de progreso, Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado, que debería ser lectura obligada para todos aquellos que creemos en el progreso. Después de todo, ¿de qué vale una convicción si no puede aguantar la disección racional, meditada, profunda y sardónica de Rafael Sánchez Ferlosio, o su refutación incluso? Un cierto nivel de escepticismo nunca viene mal.

    Y si algo se desprende del conjunto de fragmentos, aforismo, meditaciones varias, frases felices, comentarios a vuelapluma, fábulas crueles y versos es un profundo escepticismo. Escepticismo, incluso, del escepticismo. Un deseo tan descarnado de examinarlo todo, de comprobar la validez de lugares comunes y frases hechas, de situaciones cotidianas y de soluciones a problemas, que no se puede evitar leer con satisfacción y alegría. Es así de simple: alguien tiene que decir lo que aquí se dice, alguien tiene que razonar a la contra, y tenemos la fortuna de que lo hace un hombre tan dotado.

    Vendrán más años malos y nos harán más ciegos está escrito contra las simplificaciones, es un recordatorio continuo de que la realidad es más compleja de lo que consienten los esquemas previos de pensamiento. En última instancia, cada situación es única, cada interacción social es ella en sí misma, cada revolución es nueva. Es un conjunto de textos contra la claudicación, la rendición ante máximas, preceptos u otros anquilosamientos. Contra convenciones y acuerdos que se toman como naturales e inalterables (ejemplo, el calendario). Nos recuerda de continuo que el observador hace lo observado (la historia) por lo que es preciso adoptar una sana desconfianza de la verdad (p. 181).

    Libro contra las ideologías, es ante todo, motor de pensamiento e incitación a la reflexión. Se lee, y se disfruta, por la calidad de la escritura, por el dardo certero o la observación ingeniosa. Se recuerda, mucho después de su lectura, porque siembra la semilla de la desconfianza hacia todo lo que sabemos cierto a priori.”

    Ya me dirá usted. Perdone el retraso.

    Un saludo

    Solymoscas

    20 octubre, 2011 at 16:05

  18. […] lean el brillante comentario de don Búho en el post El optimista racional. Les extracto los mejores […]

  19. […] El pandemonium […]

  20. Sobre el arte, aunque un movimiento artístico evoluciona hasta que se agota, no se puede decir que haya unos estilos más evolucionados que otros. Nadie puede decir que la música barroca fuera inferior a la romántica, ni que Monteverdi era más simplón que Puccini, por hablar de cosas parecidas.

    Por otro lado, las sinfonías de Shostakovich son de las más grandes en su género, y el tío estaba metido de lleno en el politburó ruso. Eso sí, de Stalin no pensaba cosas bonitas precisamente. Otro caso curioso es el impresionismo en la música clásica, cuyo máximo exponente fué el primero, Debussy, y luego otros hicieron cosas parecidas pero nada más. Igual es que a nadie le importó una mierda su estilo, pero ya podía ser bueno, pues está el sólo a finales del XIX representando su movimiento.

    Víctor Marín

    30 octubre, 2011 at 20:08

  21. […] título de este blog bien podría ser un homenaje a la web de Matt Ridley o bien a su libro “El optimista racional“. Sin embargo, esta bitácora pudo no haber existido tal como es si no fuera por todo lo […]

  22. Lo siento mucho pero la afirmación de que en el campo del arte cualquier época pasada es peor es rotundamente falsa, una falacia como una catedral.

    Estudio arquitectura y creo que puedo opinar sobre el tema con cierto conocimiento de causa.

    El arte no se rige por la autosuperación y el progreso ciego, su valor mas significativo es la interpretación y recuperación de expresiones, valores y temas y su reelaboración, dándoles un nuevo sentido a veces, valioso para una sociedad nueva que pudiera considerar pasados esos valores y “obsoletos”.

    El arte no es lineal, y nunca es obsoleto.

    Uno no mira un cuadro de Velázquez de la misma forma que una herramienta de hace un siglo y la considera obsoleta y superada sin más.

    Su afirmación en mi opinión conduce a este sin sentido y es una falacia que demuestra bastante desconocimiento de lo que es el arte en realidad.

    miguel

    19 septiembre, 2013 at 12:17

  23. Compañero, los libros y los vídeos son complemento para nuestro progreso o desarrollo evolutivo, intelectual y demás. Pero te recomiendo qué salgas de tu “caverna” y te des un paseo por “el tercer mundo”, a la manera mochilero; para que no lleves tu “caverna” a estos lugares, y ahí, me gustaría y se que te serviría mucho, tratar de explicarle tu “cosmovisión” a un Somalí; qué a pesar de su difícil situación económica y los conflictos armados que ha tenido que padecer en su país, por lo menos anteriormente el mar le daba lo que necesitaba para sobrevivir, ahora, la realidad es otra, y gran parte de este cambio se debe a que tu país ha decidido alimentarte a cambio del bienestar de este Somali, ya que en Europa las reservas pesqueras se han agotado, y por otro lado, es España también uno de los países que se “libra” de sus desechos tóxicos, arrojándolos al mismo mar que de una manera más productiva, le dio bienestar a este Somali. Y también te serviría hablar con un Indígena Kogui, para qué el te cuente que la mayoría de sus ancestros vivió aproximadamente 120 año, con buena salud y sin conocer enfermedades tan extrañas como las que “percibimos” hoy, pero que debido a los intereses del sector “productivo”, financiero o como quieras llamarle, hoy le están desplazando de su tierra y lo están queriendo “globalizar”, a cambio de los “lujos y comodidades”, que satisfacen necesidades inecesarias, perdiendo así su tradición y calidad de vida, perdiendo así su conocimiento.
    Compañero, no soy de las personas que viven diciendo que todo pasado fue mejor, sumido en la tristeza, tampoco digo qué el sentido que le ha dado la cultura occidental a la evolución, no nos haya dado cosas positivas, útiles para lo que sería un proyecto de vida humano, pero estoy totalmente convencido que no hemos utilizado con eficiencia el conocimiento de todas las culturas, incluida la occidental, y estoy totalmente convencido que para dirigirnos en un sentido evolutivo que nos permita convivir, debemos cambiar muchos paradigmas.
    Me encanta que Ridley haya comenzado su libro con la gráfica del PIB per capital, ya qué ahí no está dando la primera herramienta para darnos cuenta que nos quiere anestesiar, y no sugiero qué sea mentira el dato que nos muestra dicha gráfica, pero ¿usted sabe en que se basa el PIB per capital, y como se obtiene este dato?, ¿sabe realmente que alcance y acercamiento con la realidad arroja este resultado?.
    Si lo sabe, se dará cuenta qué este dato no garantiza que una nación sea desarrollada, así mismo, como la prueba PISA, no garantiza que una nación, sea una nación bien educada.

    Sebastian

    24 noviembre, 2014 at 18:52

  24. […] título de este blog bien podría ser un homenaje a la web de Matt Ridley o bien a su libro “El optimista racional“. Sin embargo, esta bitácora pudo no haber existido tal como es si no fuera por todo lo […]


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