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el pandemonium

Tengo derecho a un micrófono porque soy manifashion

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El pasado jueves, unos 800 médicos residentes (MIR) se manifestaron en Barcelona, cortaron calles, pintaron paredes y protestaron contra los recortes sanitarios. No negaré que su eslogan es potente: “si me bajan el sueldo a mí, tú te vas a morir”. Pero es que ya saben: como muchos otros españoles, el personal sanitario catalán confunde derechos democráticos con privilegios de la casta funcionarial. Lo que para el resto de ciudadanos son prebendas ajenas a costa del bolsillo propio, para esta gente son derechos inalienables arrebatados a la fuerza por una santa alianza del capital y la casta política. Parece el guión de un tebeo, pero realmente hay gente que funciona y se moviliza y actúa a partir de este precario mapa intelectual del planeta en el que vive. Para esta gente, la pregunta “y lo tuyo… ¿quién lo paga?” es absurda de toda absurdidad: lo suyo debería pagarlo el sistema porque ellos lo valen.

[Inciso. Esto del sistema es un invento realmente cojonudo. ¿Qué es el sistema? El sistema es todo lo que no eres tú. Los banqueros son sistema. Los políticos son sistema. Los inversores y los ahorradores y los jubilados que invierten o ahorran son sistema. Pero también lo son aquellos que no piensan como tú, los que votan a otro partido político o los que ganan más que tú, aunque sean 50 euros de mierda más al mes. Tu vecino es sistema, sin ir más lejos. Pero para tu vecino, tú también eres sistema, lo que nos devuelve a la pregunta inicial. ¿Qué es el sistema? En caso de duda, repetirse mentalmente lo siguiente: “No estás atrapado en un atasco de tráfico. Tú eres atasco de tráfico”. Fin del inciso.]

Trabajo en un edificio céntrico que suele ser blanco habitual y preferente de las manifestaciones que pasan por delante de él. Que, de hecho, son todas las que se organizan en Barcelona. Tengo esa suerte. Pero no es sólo el ruidaco satánico que monta esta gente y la asombrosa indigencia filosófica e intelectual de sus proclamas. Aunque mi editorial, obviamente, no tiene nada que ver con el resto de actividades supuestamente neoliberales que se llevan a cabo en el edificio (cursos de formación, conferencias, ruedas de prensa y demás: ya ven la gravedad del asunto), jamás me he parado a explicarle a los manifestantes que lo que yo hago son libros de diseño y arquitectura, y que, por lo tanto, mejor preguntan antes de meterme un escupitajo en el ojo. Y no me he parado a explicarlo por lo que pudiera pasar, claro. No tienen pinta de ser gente que atienda a sutilezas. Ante la duda, aplico el protocolo.

Les voy a explicar el protocolo:

1. Los días de manifestación, autorizada o espontánea, los Mossos d’Esquadra avisan a los conserjes del edificio de que se avecina tormenta. Zafarrancho de combate.

2. Seguidamente, los conserjes nos avisan a los trabajadores de la hora a la que tenemos que salir del edificio para evitar que los pacíficos manifestantes nos calcen una hostia. Si por ejemplo la fiesta ha sido convocada a las 17:00, nosotros salimos del edificio a las 16:30, con la consiguiente jodienda para la empresa, que sin comerlo ni beberlo ve su productividad disminuir semana sí, semana también. Sin que nadie le compense las perdidas, claro. Y menos que nadie, los manifestantes.

3. La salida se hace por una puerta lateral situada a apenas 10 metros, mal contados, de la puerta principal. Sales a la calle con asiento de primera fila para el follonazo y ahí te topas invariablemente con los mismos gordos habituales de los sindicatos habituales lanzando la mierda habitual contra las paredes del edificio. Qué cansinos, por dios. Para ser pobres obreros puteados por el capital los tipos ostentan unos panzones pantagruélicos desde los que podría despegar un F-16. Cualquiera diría que se han visto obligados a lanzarse al canibalismo y comerse los unos a los otros. Claro que eso explicaría por qué el número de afiliados a estas organizaciones parasitarias disminuye día a día: no es que se hayan dado de baja, es que los han digerido.

Durante tooodo el día siguiente a la manifestación de turno, las mujeres del equipo de limpieza del edificio se dedican casi exclusivamente a borrar pintadas, rascar ácido de los cristales y fregar meadas. Lo del ácido es especialmente jodido. Pueden imaginarse lo que opinan ellas de los manifestantes, los sindicatos, los funcionarios y la madre que los parió a todos. Esa es la foto que nunca sale en los diarios, la de las trabajadoras, y quiero decir trabajadoras de las de verdad, limpiando la basura que les han lanzado los que dicen defender sus intereses. He de confesar que no tengo en muy alta consideración la inteligencia del sindicalista medio. Sólo hay que echarle un vistazo u oír hablar a los secretarios generales de los dos principales sindicatos españoles para que se te caigan los machos al suelo. Si estos son los jefes del cotarro, los subalternos deben ser de los que usan el iPhone para cascar nueces. Pero aún y así, ¿no se les enciende una lucecita en esa bola de pelo que tienen sobre los hombros cuando se dedican a embadurnar una pared de basura? ¿Quién se creen ellos que limpiará luego esa pared? ¿Artur Mas? ¿Obama? ¿Trichet? ¿Botín?

El viernes, y para que la juerga no decayera, centenares de empleados de varios hospitales públicos catalanes, entre ellos el Sant Pau, uno de los mayores de la ciudad, acamparon en los halls y las entradas principales de dichos recintos. Una medida que demuestra el respeto que esta gente tiene por su profesión y, muy especialmente, por sus pacientes: nada mejor que una acampada de centenares de personas en el interior de un recinto hospitalario para mejorar la calidad de la atención a los enfermos. Suciedad a troche y moche, ruido las 24 horas del día, higiene personal brillando por su ausencia y hacinamiento tercermundista. ¿Cómo no se les había ocurrido antes, por dios? Es una idea francamente brillante. Sagaz, diría. Sólo podría ser mejor si organizaran luchas de barro en el quirófano entre pelanduscas sifilíticas. Con mazas embadurnadas con ébola. Para amenizar la acampada, digo. El hecho de que los organizadores de la actividad festiva hayan programado unas cuantas jornadas de reflexión nocturna (literal) sólo hace que añadir lustre a su acción: alguien capaz de rebautizar como jornada de reflexión nocturna lo que toda la vida se ha llamado dormir la mona tras la juerga es alguien que se merece toda mi admiración. Permitan que desde este humilde blog les muestre mi infinito respeto:

Ole vuestros cojones.

Tengo meridianamente claro, y estoy dispuesto a defenderlo como un jabato frente a quien sostenga lo contrario, que las manifas han sustituido a las discotecas y los baretos grasientos de extrarradio como centros de ocio por excelencia del español medio. Sí, señores: hemos llegado ya a ese punto de la evolución del ser humano en el que lo que mola de verdad de la buena, lo verdaderamente divertido, es apuntarse a una manifestación. Aunque no tengas ni la más repajolera idea de por qué coño estás ahí berreando como un poseso. Durante el franquismo calmabas tu conciencia con las donaciones al Domund; en 2011 puedes sentirte en armonía con la bondadosa conciencia universal yéndote de manifestación. Y como todo en esta vida, se acumulan puntos por méritos. ¿Estabas en la manifestación? 5 puntos. ¿Llevabas pancarta? 10 puntos. ¿La habías diseñado tú? 20 puntos. ¿El eslogan contenía un ingenioso juego de palabras? 40 puntos. ¿Te quedas a dormir en medio de la plaza del pueblo con el resto de refractarios del champú de tu peña? 100 puntos. Pero donde realmente te ganas las medallas es en el enfrentamiento con la policía. Si logras que la policía te meta un guantazo te vas a convertir en el macho alfa de la manada en menos de lo que tarda un neutrino en cruzar el comedor de tu casa. Ahí sí que lo petas, colega: la combinación de héroe de la resistencia, mártir inocente y tipo con conciencia injustamente tratado por el sistema será irresistible para todo el que te rodee. De ahí a ministra socialista hay un paso.

También el jueves, otros 500 manifestantes irrumpieron en el Instituto Catalán de la Salud para protestar durante la reunión que en ese momento mantenían los representantes de la administración catalana con los cinco sindicatos principales del sector. Es decir: los manifestantes se colaron por la fuerza en la reunión que estaban manteniendo en ese momento sus propios representantes para tratar de llegar a un acuerdo que solucionara el conflicto. Como pueden ver, una acción en la más pura tradición del PSOE, un partido acostumbrado a manifestarse contra las medidas adoptadas por el gobierno… del PSOE.

 

[La revolucionaria de turno, subida a la mesa y pateando los papeles. Observen el detalle del bolsito blanco, modelo manifa fashion de la muerte. Abreviado, manifashion]

 

Esto de irrumpir donde sea y con la excusa que sea es un deporte que los españoles manifashions han perfeccionado hasta llegar a cotas realmente fascinantes. Se irrumpe en las sesiones del Congreso, en las del Senado, en las de los parlamentos autonómicos, en las de los ayuntamientos, se irrumpe en conferencias universitarias, en mítines políticos, en representaciones teatrales, en conciertos, en espectáculos deportivos, en discursos, en reuniones y en fiestas de todo tipo y condición. En un alarde de virtuosismo irrumpidor, hemos llegado a irrumpir en manifestaciones… con otra manifestación de signo contrario. Hay días en los que los telediarios dedican más tiempo a las irrupciones de la jornada que a los deportes, que ya es decir.

Hace unos años, a estos pesados necesitados desesperadamente de atención, a estos tarados incapaces de comportarse en sociedad sin tocar los cojones, a estos deficientes emocionales capaces de hacer el ridículo de las más variopintas maneras con tal de salir por la tele… a estos chalados, en definitiva, se les metía una colleja y se los enviaba para su casa calentitos y con la lección bien aprendida.

Ahora tienen derechos.

Pero esta gente… ¿no trabaja? Joder, yo no tengo tiempo de irrumpir en nada. ¿Cómo lo hacen? ¿De dónde sacan el tiempo? ¿En qué momento diseñan y pintan las pancartas? ¿Sus días no tienen 24 horas como los de los demás?

Pero lo que realmente me fascina, lo que me convence de que no pertenezco a la misma raza que muchos de mis supuestos congéneres, es cuando veo que alguien al que le han jodido la conferencia pide a la audiencia respeto y tolerancia para los irrumpidores, y les ofrece el micrófono para que estos den su punto de vista.

Deduzco que, en la cabeza de la víctima, su magnanimidad y exquisito comportamiento democrático va a ser recompensado en breve: los irrumpidores expresarán pacíficamente su punto de vista, devolverán el micrófono cuando acaben de pegar su rollo y se sentarán a escuchar el resto de la conferencia con la boca cerrada.

No hace falta decir que eso jamás ocurre.

En el mejor de los casos, agarra el micrófono el más listo de la pandilla, que suele ser tartamudo y tener una habilidad para hablar en público similar a la de una tuerca del 15, suelta alguna frase absurda mal construida y peor pensada, y luego se arranca a corear junto con el resto de lumbreras algún lema supuestamente gracioso. Si los dejan pueden estarse ahí horas cantando, hasta que vencen por agotamiento y se suspende la conferencia. Porque los irrumpidores manifashions no están ahí para debatir, ni para ejercitar la razón, ni para ampliar sus horizontes intelectuales. Están ahí para joder al personal con la más peregrina de las excusas. Y tienen todo el tiempo del mundo.

Sólo les hace falta un imbécil que les ofrezca el micrófono para que su felicidad sea completa: encima de puta, va el tonto del culo y paga la cama.

 

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16 comentarios

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  1. Estoy de acuerdo con el artículo en muchas cosas: la falta de civismo, la borreguización de las masas, los privilegios del funcionariado y, sobre todos, los de los liberados sindicales, pero discrepo en tu forma de ver como más gilipollas a los trabajadores sanitarios.

    Evidentemente no apoyo las formas, pero sí las reivindicaciones de algunos de esta “casta superior”. Infórmate del salario de los residentes y del precio de cada hora de guardia, y compara su formación, sus jornadas laborales y su responsabilidad civil y legal con el resto de funcionarios, y luego decidimos si es una protesta justa o no.

    • Seguramente no se puede negar la validez de la protesta de los trabajadores sanitarios, pero no negará usted que joder a pacientes y familiares no es la mejor forma de hacer visibles tus protestas.

      Solomon

      2 octubre, 2011 at 11:41

      • Claro, quien jode a los pacientes y familiares son los trabajadores protestando un día, no son los políticos que recortan el presupuesto y el personal, aumentan la lista de espera, cierran plantas de Hospital y retrasan los pagos a las farmacéuticas y dependientes. En cambio, los políticos y gestores, un ejemplo, ¿no?

  2. Este post merece una ovación con todo el auditorio puesto en pie… Un momento, espere, parece que el merecido aplauso está a punto de ser interrumpido por una manada de choriz…quiero decir de liberados sindicales que acaba de entrar.
    Mecachis.

    Solomon

    2 octubre, 2011 at 11:38

  3. Muy bueno Cristian, totalmente de acuerdo. Con un pero:

    “Mejor preguntan antes de meterme un escupitajo en el ojo”. ==> Que le metan el escupitajo a su madre, nadie tiene derecho a hacer eso.

    Un abrazo.

    Manuel Álvarez

    2 octubre, 2011 at 12:23

  4. El derecho, el derecho. Es mi derecho. Desde el punto de vista filológico -que de eso sé algo- es divertidísimo ese lenguaje hueco con que la socialdemocracia inunda el mundo. Parece que tener derecho es patente de corso real. Es decir: si a Francis Drake lo nombran caballero por robar barcos españoles ; al funcionario español lo nombran derechón del año por chantajear e insultar al mismo que te paga el sueldo. Y nada de pensar que el dinero es finito y que es una hucha común que no es inagotable. Nada. Aquí todo se basa en apretar tuercas aunque te quedes sin rosca.

    Es que yo soy imprescindible, oiga. Imprescindible. Como esos libros coñazo que recomiendan los gurúes del periodismo cultural. ¿Y usted no lee a Gurshan Tokievic?

    Cuento mi historieta de profe de secundaria.

    Yo fui hace años profe. Es un trabajo muy sencillo. El nivel del estudiante es bajo y lo que les piden es más bajo aún. Yo daba lengua y literatura. Tenía que repetir como un gilipollas que la Picaresca es un genero de denuncia social por las malas condiciones de vida de la época. Eso es mentira. La Picaresca no es eso. Pero no solo se exigen 3 ideas y ni siquiera se lee la literatura de la época, sino que se enseñan mentiras, porque lo pone el libro. ¿La sintaxis? Pues las mismas frases fotocopiadas durante años para analizarlas. Todos los años las mismas. Se cogía el archivo, se hacían 25 copias y marchando. Pon aquí el objeto directo, allí el CRP y fuera. Los padres de los niños vienen una vez al año, como mucho. Algunos ni eso. En horas de responder al alumno con dudas, la mayoría no tenía tiempo. Es decir: no les salía de los huevos. Total: se dan 3 ó 4 horas por la mañana y por la tarde a rascarse las gónadas. Los exámenes de 3 clases se pueden corregir en una tarde. Y eso cuando hay exámenes. En la mayoría de las asignaturas se hacía uno al trimestre.

    Así es el trabajo de profesor. Como se ve, es más la mística del nombre que el hecho real. El profesorado. La educación. Nos quieren convertir en asnos, dicen. Siempre se busca la mística del sustantivo. Como cuando Urbano II proclamaba la Cruzada. Nadie sabía quién era ese tal Dios, pero todos gritaban entusiasmados.

    Ah sí; y luego el profe de secundaria lanza sus soflamas de odio al Capitalismo. Nunca tantos privilegiados escupieron en la mano que les da de comer. Allí están con sus 45 años y sin haber vivido en el mundo real ni un solo día, vomitando rencor contra esas confabulaciones nebulosas.

    Por supuesto que todo sucede por el culpismo y el izquierdismo celular de tantos. Esto es como en 1527, cuando las tropas de Carlos V saquean Roma. Carlos V no tiene dinero para pagarles y les deja que saqueen la ciudad eterna. Así mató 2 pájaros de un tiro. Le dijo al Papa: mira lo que te puede pasar si me vuelves a llevar la contraria; y sus soldados felicísimos de fornicar tanta monja que había en Roma.

    Los funcionarios: los nuevos lansquenetes de su majestad.

    • Me parece profundamente injusto ese análisis del trabajo del profesor. Yo te preguntaría por qué no sigues en un trabajo “tan fácil”. ¿Es que te echaron por no hacer más que pasar 25 copias y un examen al trimestre?. LLevo casi 30 años quemándome las pestañas en esta profesión, echando infinitas horas en preparar constantemente nuevos materiales de mi materia, corrigiendo hasta caerme de culo, casi desasistiendo a mis hijos cuando eran niños, y luchando como una posesa contra los efectos de la letal reforma LOGSE (y posterior LOE) en nuestros alumnos.
      Precisamente porque no soy de las que van a las manifas ni corean gilipolleces ad hoc, porque no soy de las que carga el tremendo fracaso educativo que vivimos más que a las infames legislaciones y usos que nos han impuesto, y soy de las que lucha a pie de aula, al margen de políticos, sindicalistas y demás ralea que de igual modo nos destruyen con leyes que intentan manipularnos con consignas para lelos y demás ferias, me ofende profundamente tu intervención, Juan Pablo Arenas.

      Helena

      2 octubre, 2011 at 15:05

      • Estimada Helena:

        En tu pregunta está el pecado español. Te parece increíble que uno pueda rechazar un trabajo donde es tan fácil tocarse los huevos. Aunque te parezca inaudito, hay algunos que lo buscamos. Yo en esa época quería viajar; vivir en otros lados; conocer otros mundos. Hasta en Gaza estuve, fíjate.

        Y sí, me reafirmo. El trabajo de profesor de secundaria es un chollo. Es fácil y relajado. Yo no sé lo que harás tú, pero sí que sé lo que yo hacía y lo que hacía mi entorno. Y no hacían nada. Todos daban el temario del libro y poco más. Por supuesto que uno lo puedo convertir en un trabajo estimulante, pero la mayoría no lo hacen. Los profesores de gimnasia daban clases de paddel por la tardes y el resto dormíamos la siesta hasta las tantas.

        Ya sé que en España todos somos imprescindibles y grandísimos profesionales, pero yo conozco el cotarro y no me lo creo. Ser profesor por el sueldo que se cobra es un gran chollo. El único esfuerzo es aprobar la oposición. Eso sí es un esfuerzo considerable, pero que dura un par de años.

        Yo digo que los profesores deberían dar cuentas de su rendimiento, igual que la empresa privada. Y los colegios competir entre sí. Lo que pasa es que con nuestro buenismo izquierdista todo lo que sea competir es sinónimo de pecado mortal. El profesor quiere que su entorno compita y así pagar poco por su móvil, por una lechuga, por un coche, por unas tapas y por un jersey. Pero él no compite. Su reino no es de este mundo. Él está por encima de la chusma.

        Es un chollazo ser profesor. Me reafirmo y tengo decenas de profesores amigos que lo confirman. En la taberna, claro. Cuando hay que manifestarse son los primeros en considerarse imprescindibles.

      • Con tu pan te lo comas. Hace 20 o 15 anos puede. Quisiera yo verte en un aula de hoy. No tienes ni repajolera idea. Ahora bien si la idea que tienen algunos de su trabajo es aguantar4 o 5 horas cada jornada, y luego irse a casa y cobrar, no lo niego, puede ser muy llevadero. Perdona, pero yo soy partidaria de dar cuentas de nuestro trabajo y muchos lo somos. Tus amigos seguramente no.

        Anónimo

        3 octubre, 2011 at 0:50

    • “…yo conozco el cotarro…”

      Juan Pablo, el que se conoce el cotarro. Juan Pablo, el que ya está de vuelta. El que no se chupa el dedo. Juan Pablo el enterao. Juan Pablo, el que sabe qué es la picaresca. Juan Pablo, el que estuvo en Gaza.

      La virgen, cuánto gilipollas para un país tan pequeño.

      Renacido

      3 octubre, 2011 at 17:10

      • Y cuánto maleducado faltón amparado en el anonimato. Así siempre hay huevos. Y cuánto defensor de la casta funcionarial. Es que es tocar a un funcionario y salen miles de enanos de debajo de las piedras. Esta es nuestra España: Funcionariolandia.

        Yo cuando estoy a disgusto en un trabajo me voy. El funcionario chantajea, mea en la calle, escupe, rompe papeleras y pintarrajea fachadas. Hagan eso, hombre. Dimitan. Tanto que dan la plasta. Váyanse. Con el funcionario hemos dado.

  5. La tabla rasa en acción: “El coeficiente de inteligencia es innato, permanece inalterable… y no sirve para nada. ¡Lo determinante es la motivación!”

    http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110927/54221476661/todos-los-ninos-pueden-ser-einstein-si-los-motivas-bien.html

    • “-Pregunté a mis alumnos: “De ocho caracoles de una cesta, salen tres, ¿cuántos quedan?”.
      – Cinco, le dirían
      – “Ocho –respondió uno–, porque han salido del caparazón, ¡pero no de la cesta!”. ¡Es una respuesta que no debería ser penalizada!”

      Pero… pero… pero… ¿qué tipo de subnormalidad es esta? Y va el tipo y dice que es una respuesta que no debería ser penalizada. Igual se cree que eso es pensar outside the box o algo parecido.

      Anónimo

      2 octubre, 2011 at 13:32

    • Futuro Ministro de educación.
      Lo malo es el padre que se crea lo que dice este hombre, porque no creo que ningún niño le haga caso.

      Manuel Álvarez

      2 octubre, 2011 at 13:33

    • Pues no, no todos los niños pueden ser Einstein si los motivas bien. Esa es otra demagogia brutal como cualquiera. Pero ni falta que hace, cada uno puede ser un ciudadano formado, responsable y con sus capacidades propias desarrolladas, sólo hace falta darle a cada cual lo que precisa a tiempo e incentivar la superación, no corromperlos en la penuria intelectual a todos. Y este sistema es el que más mata e inhibe todas esas posibilidades, y el que más genera desigualdades por extracción social, ningún otro ha provocado tal catrástrofe. Místicas y sandeces aparte, un auténtico profesional de la docencia no es un mero mercenario de la docencia, en cuyo caso no sería muy diferente de un lansquenete. Precisamente eso es lo que quieren ahora de nosotros: perfectos lansquenetes burócratas capaces de elaborar al año mil documentos justificativos de un sistema que hace aguas por todas partes, y luego por parte de los sindicalistas, que salgamos a la calle a gritar con pancartas que si esto no funciona es por falta de financiación. ¿Qué sentido tiene financiar la decoración de una casa con aluminosis?. Vayan todos a tomar viento fresco. Los docentes responsables somos hoy cientos de rambos luchando solos en su parcela dentro de un sistema absurdo, y encima desacreditados desde todos los sectores.

      Helena

      2 octubre, 2011 at 18:57

  6. Lancia Ypsilon: la elegancia es un derecho. Derecho.


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