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el pandemonium

30 películas para mentes científicas: ciencia y ciencia ficción dura para alérgicos a la rama de letras

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(Publicada en el blog de Arcadi Espada el 12 de diciembre de 2010)

 

(1) Gattaca (Andrew Niccol, 1997). Cuando Gattaca se estrenó en los EE UU, la productora de la película puso en marcha una campaña publicitaria consistente en la publicación de anuncios falsos de un servicio de mejora genética de niños. Una semana después, cientos de padres habían llamado al número de teléfono del anuncio, demostrando que una sociedad como la de Gattaca, en la que los humanos mejorados genéticamente copan los estratos sociales superiores en detrimento de los humanos disminuidos, no tardaría mucho en consolidarse si esos tratamientos genéticos fueran legales. Dicho esto, la pregunta es: la sociedad de Gattaca, ¿es una distopía o una utopía? Si creen que lo tienen claro, vuelvan a ver la película con ojos limpios. Y por cierto: el protagonista de Gattaca logra sobreponerse a sus mediocres genes sólo tras atroces sufrimientos, una voluntad a prueba de ADN y el puro y duro esfuerzo personal. Socialismo, desde luego, no es.

Más distopías: (2) 2024: Apocalipsis Nuclear (L.Q. Jones, 1975). Pura ciencia ficción de los 70, es decir totalmente pasada de rosca, para lo bueno y para lo malo. En un futuro post-apocalíptico indeterminado, un adolescente, acompañado de su perro telépata, es secuestrado por una raza de humanos estériles que viven bajo tierra y que pretenden utilizarlo como semental. Frente a la utopía subterránea y sus buenas costumbres victorianas, el protagonista opta por la devastada distopía post-nuclear del exterior. Pero si quieren algo con más enjundia, quédense mejor con (3) Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006).

(4) Apolo 13 (Ron Howard, 1995). Reconocida unánimemente como una de las películas de temática científica más realistas de la historia, Apollo 13 pivota temáticamente sobre una única escena: esa en la que una puñado de ingenieros de la NASA se ven obligados a improvisar en tiempo real un filtro de aire con los materiales de desecho disponibles en un agonizante Apolo 13. El sueño húmedo de todo geek: un problema casi irresoluble y que sólo puede ser solucionado a base de talento, café y una buena dosis de pensamiento lateral. Desde el momento en el que el Apolo 13 despega, la película puede verse prácticamente como un documental al que se le queda corta la coletilla “basado en hechos reales”.

Más sueños húmedos geeks: (5) Sneakers, los fisgones (Phil Alden Robinson, 1992). Un thriller sobre criptografía, espionaje, hackers y agujeros de seguridad varios. En su haber, una visión moderadamente realista de los profesionales de la seguridad (informática y analógica). Una película de culto, a la altura de la mítica (6) Juegos de Guerra (John Badham, 1983).

(7) Primer (Shane Carruth, 2004). Escrita, producida y dirigida por Shane Carruth con un presupuesto de apenas 7.000 dólares, Primer es un monumental tratado de filosofía de la ciencia que gira alrededor de una idea muy simple: la invención casi accidental de una máquina del tiempo por parte de dos amigos ingenieros. Capaz de freírle el cerebro al cinéfilo con la mente más estructurada sobre la faz del planeta Tierra, Primer plantea las múltiples paradojas asociadas a los viajes en el tiempo, así como las implicaciones éticas de algunos descubrimientos científicos capaces de alterar de manera significativa nuestra realidad. En otro orden de cosas, la película está considerada como un film de culto por su verosimilitud (no en vano Shane Carruth es matemático e ingeniero) y por su concepto, realista hasta el aburrimiento: si el espectador ha de tragarse diez minutos de un ingeniero ajustando un tornillo en un amasijo de hierros y circuitos situado en un garaje corriente y moliente, o de una conversación incomprensible sobre vete tú a saber qué aspectos técnicos de dicho cacharro, se los traga. Es decir, fans de Star Trek y La guerra de las galaxias, abstenerse. Matemáticos y físicos con menos habilidades sociales que una comadreja, bienvenidos a Jauja.

Más viajes en el tiempo: (8) Donnie Darko (Richard Kelly, 2001). Aquellos que han visto Donnie Darko se dividen en dos grupos: el de los que la consideran la película más sobrevalorada de la historia del cine, y el de los que la consideran la más infravalorada. Sin ninguna duda, Donnie Darko tiene personalidad propia.

(9) Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001). Obviando el azúcar que Hollywood añade a todas sus películas con vocación de Oscar, Una mente maravillosa es ejemplar básicamente por su habilidad para conferirle emoción a la rama de la ciencia más fría y abstracta. Es decir las matemáticas. Porque en este biopic del matemático y Premio Nobel John Nash, lo de menos es su enfermedad mental y lo de más, la pregunta “¿existe relación entre la locura y la genialidad?”

Más matemáticas: (10) El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997). Aunque su concepto de la genialidad es radicalmente anticientífico (Matt Damon apabulla a sus rivales más gallitos demostrando su conocimiento enciclopédico sobre historia de los EE UU, cuando se supone que él es en realidad un genio de la abstracción), la película plantea de forma bastante realista las exigencias que conlleva una vida dedicada a la ciencia: o vida social o Nobel. Una segunda opción sería (11) Pi, fe en el caos (Darren Aronofsky, 1998), en la que el director mezcla sin complejos la cábala judía, las matemáticas, el número pi y el supuesto verdadero nombre de dios.

(12) Solaris (Steven Soderbergh, 2002). Aunque Solaris, la novela de Stanislav Lem en la que se basa la película de Soderbergh, es uno de esos libros en los que todo el mundo ve lo que le da la gana, yo me quedo con algo que suele pasar desapercibido: la verdadera naturaleza de ese misterioso mar, capaz de penetrar en la mente humana y de dar vida y corporeidad a los recuerdos. ¿Quizá una metáfora de un dios torpe, absurdo e inconsciente de su propio poder y de las consecuencias de sus actos, un ente muy alejado del dios paternal y 100% humano de las religiones del libro? ¿O quizá una simple, pero monstruosa, forma de vida que no se rige por la lógica evolutiva que conocemos y que creemos universal?

Más Solaris: (13) Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972). Más densa, más incomprensible, más amarga y más melancólica que la versión de Soderbergh. Más rusa, en definitiva. Y si quieren más ciencia ficción según la cosmovisión soviética, afronten si pueden (14) La zona, también de Tarkovsky, estrenada en el resto del mundo con el nombre de Stalkers, en 1972.

(15) Alphaville (Jean-Luc Godard, 1965). Alphaville es una ciudad/sociedad futurista organizada a partir de la racionalidad extrema. Alpha 60, un ordenador al que se presenta como un talibán de la razón, controla la ciudad, en la que se han proscrito las emociones humanas: el amor, la tristeza, el afecto… También se ha proscrito la poesía e incluso algunas palabras, como “por qué”, que debe ser sustituida por “porque”. A esa ciudad llega Lemmy Caution, un detective que se hace pasar por periodista y que tiene una doble misión: localizar a un agente al que se le ha perdido la pista, y asesinar al Professor Von Braun, creador de la computadora Alpha 60. Godard planteó en Alphaville varias de las contradicciones asociadas a las ideologías utópicas, aquellas que defienden la sumisión del individuo y la represión de todo rasgo de individualidad en beneficio del supuesto bien común. Del discurso antiracionalista hablamos otro día.

Más cyber-noir: (16) Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Lisa y llanamente, la mejor película de ciencia ficción de la historia y, junto con Alphaville, la única capaz de llevar la etiqueta cyber-noir con orgullo. Qué carajo: la mejor película de la historia. A secas.

(17) Cube (Vincenzo Natali, 1997). En esencia, Cube es una película de terror con coartada matemática. Matemáticas gore, si lo prefieren. ¿El argumento? Seis individuos, todos ellos sin relación alguna con los demás (un policía, un fugitivo, una médico, un arquitecto, una matemática y un autista), despiertan en una estructura formada por cubos conectados entre sí, en realidad una trampa mortal de la que deben escapar aunando sus habilidades. Lo llamativo es que la resolución del cubo implica coordenadas cartesianas y números primos, aunque claro, sabido es lo difícil que resulta calcular cuando amenazan con triturarte si te equivocas. Curiosa como poco.

Más cabezas despanzurradas: (18) Scanners (David Cronenberg, 1981). Un individuo con poderes psíquicos se enfrenta a su némesis, un asesino con su mismo potencial y que pretende dominar el mundo reventando las cabezas de los seres inferiores. Telépata bueno contra telépata malo, en uno de los duelos más bizarros de la filmografía de Cronenberg, que ya es decir.

(19) Moon (Duncan Jones, 2009). Una de esas películas que, como la ya mencionada Alphaville o Blade Runner, plantea la duda de qué nos hace humanos. Alejada por completo de esa ciencia ficción pirotécnica con miles de rayos láser, mastodónticas naves espaciales y alienígenas de todo tipo y condición, Moon es un claro ejemplo de eso que en los países anglosajones llaman hard science-fiction y que, muy resumidamente, vendría a ser ciencia ficción con cerebro y pretensiones de verosimilitud y profundidad intelectual. Como, en otro terreno diferente, (20) 12 monos (Terry Gilliam, 1995) y su experimental precursora (21) La Jetée (Chris Marker, 1962), o (22) Minority Report (Steven Spielberg, 2002).

Más vida artificial con sentimientos: (23) AI. Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001). Basada en el relato Los súperjuguetes duran todo el verano, de Brian Aldiss, AI es una fábula cruel sobre los límites de la humanidad. Una película mucho menos dulce de lo que puede parecer a primera vista.

(24) Contact (Robert Zemeckis, 1997). Basada en la única novela escrita por Carl Sagan, Contact narra la historia de una científica del programa SETI que logra descifrar lo que parece ser un mensaje alienígena procedente del espacio exterior. Aunque la novela de Sagan cubre mucho más terreno que la película y ahorra alguna dosis de cursilería que Zemeckis podría haberse guardado para mejor ocasión, el film resulta notable cuando sitúa a la racionalista y totalmente descreída científica interpretada por Jodie Foster frente a sus propias contradicciones, encarnadas en un sacerdote y filósofo cristiano, o cuando retrata la ceguera de la burocracia con respecto a todo aquello que tenga que ver con el pensamiento científico. Por no hablar de su hipnótica escena inicial.

Más contacto con inteligencias ¿alienígenas?: (25) 2001. Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968). El punto de partida para toda la ciencia ficción dura que vino después, y una película que no envejece pasen los años que pasen.

(26) Wall-E (Andrew Stanton, 2008). La historia de Wall-E, un roñosillo robot-basurero anclado en la Tierra (un PC, si quieren la lectura entre líneas) y de su enamorada Eva, una moderna y reluciente robot-exploradora (un MAC) que aterriza un día en el planeta en busca de posibles rastros de vida. Tras el encuentro, Wall-E sigue a Eva hasta una nave espacial en la que vegeta parte de lo que queda de la raza humana tras siglos de vida en condiciones de microgravedad: una turba de turistas idiotizados, obesos y perezosos incapaces de moverse si no es a bordo de carritos transportadores. La segunda parte de la película, que empieza con la llegada de Wall-E y Eva a la nave, es una maravilla. La primera mitad, en la que no se pronuncia una sola palabra y en la que se describe la solitaria rutina de Wall-E mientras limpia la basura de un planeta Tierra devastado, es una obra maestra total y absoluta. Pero si les molesta el tono infantiloide (que no tiene nada de infantiloide), la opción hardcore de dibujos animados de ciencia ficción sería más bien la representada por las japonesas (27) Akira (Katsuhiro Otomo, 1988) y (28) Ghost in the Shell (Mamoru Oishii, 1991), o por la americana (29) A Scanner Darkly (Richard Linklater, 2006), basada en la novela del mismo nombre de Philip K. Dick.

Más Disney: (30) El abismo negro (Gary Nelson, 1979). Uno de los primeros experimentos de la Disney en el terreno de la ciencia ficción dirigida a un público ligeramente más adulto de lo habitual. Su título original tiene más sentido que el español: The Black Hole. Porque de eso va la película, de agujeros negros, no de “abismos negros”.

 

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Written by cristian campos

10 septiembre, 2011 a 7:00

Publicado en listas

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7 comentarios

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  1. Las he visto casi todas, pero hay un par de títulos que desconocía y creo que les hincaré el diente: me ha intrigado esa de viajes en el tiempo (“Primer”), aunque sospecho que será demasiado “geek” para mí.

    El gato de Schrödinger

    10 septiembre, 2011 at 17:35

  2. A pesar de que el mundo sabe que todos nacemos iguales; a pesar de que somos hojas en blanco que solo necesitan un buen timonel que escriba en nosotros con renglones parejos, no pude evitar cogerme una buena depresión semanal al ver Apolo XIII. Constaté con espanto que todos podemos barrer una oficina, pero muy pocos pueden ser técnicos de la NASA.

    Con espanto.

    Juan Pablo Arenas (@arenasjp)

    10 septiembre, 2011 at 18:42

    • Es que no nacemos iguales ni somos hojas en blanco. Los genes son terriblemente aristocráticos.

      Consuélese pensando que la vida de un técnico de la NASA no tiene por qué ser más feliz que la del dueño de un chiringuito en Costa Rica.

      El gato de Schrödinger

      10 septiembre, 2011 at 20:40

      • Jeje. Gracias por el comentario. Iba con ironía, porque a diario he de despotricar contra los convencidos de que todos somos Newton: que solo necesitamos permisividad y escuela pública a porrillo.

        La lengua, que refleja muy bien el pensar, distingue desde hace milenios entre tontos y listos. Pero la socialdemocracia ha querido enmendarle la plana a la lógica popular. Ya sé que los del populacho nos equivocamos en muchas ocasiones. Aunque en esto, creo, estábamos en lo cierto.

        Juan Pablo Arenas (@arenasjp)

        10 septiembre, 2011 at 22:08

  3. Pues siendo de letrs, la mayori que has puesto…me gustan. Si es que siempre fui un tipo raro…

    Y por cierto, al igual que unos somos mas fuertes que otros. Los hay mas inteligentes, que nada tiene que ver con ser lito. Y mas lerdos. Lo curioso es que en un pais como este. Si eres lito o inteligente y consigues el exito, mas te vale disimularlo y decir que tuvistes suerte. Si no andaras jodido de verdad..Saludos

    plared

    11 septiembre, 2011 at 3:44

  4. Yo soy de letras y he visto la mayoría de las que están ahí, no hace falta ser de ciencias para entenderlas, de hecho, si eres de letras es más probable que entiendas el contexto y el trasfondo sociológico, psicológico, artístico y filosófico de esas películas, y eso te sirve para apreciarlas mucho más que si eres de ciencias y vas analizando cual geek cada detalle científico para ver si coincide con las leyes los métodos científicos de la realidad.

    Anónimo

    1 febrero, 2013 at 8:04


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