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el pandemonium

No den de comer a los animales

with one comment

 

Haciendo el subnormal por internet, que es básicamente lo único que puede hacerse por internet, me topo con la metáfora perfecta del 15M…

 

 

La señal de tráfico es el sistema, o los especuladores, o los ricos, o los políticos, o el Papa, o el McDonald’s, o el hombre de paja que ustedes prefieran, eso va a gusto del consumidor.

Y no me malinterpreten por lo que voy a escribir ahora, pero el otro día, mientras veía un documental televisivo sobre el 15M, me sorprendí a mí mismo pensando cosas… turbadoras. En el documental se veían imágenes de la acampada en la Plaza Cataluña de Barcelona. Se las veía a ellas limpiándose la entrepierna en las fuentes de la plaza, utilizando la mano como cuchara y haciendo chas chas con los salpicones de agua como si no tuvieran el Corte Inglés a 15 metros de distancia, con sus miles de turistas y sus docenas de dependientas de la sección de perfumería; luego, amamantando a los bebés a teta descubierta, sentadas en un banco al lado de los alcohólicos habituales de la plaza; también se los veía a ellos durmiendo en el suelo, entre centenares de esos chicles laminados que parecen diminutos crepes de neumático fosilizado; uno bostezaba y se rascaba el culo con tanta ceremonia que cualquiera diría que iba a sacarse un conejo blanco de entre las nalgas; a otros se los veía subidos a los árboles, en cuclillas, comiendo naranjas con las dos manos, sorbiendo el jugo y bizqueando de placer mientras lo hacían. Luego cambiaron a imágenes de las concentraciones en Madrid. Se los veía agarrados a las vallas de protección de la policía, atemorizados y apretados unos contra otros como pollos recién nacidos en una granja de cría, bailando desacompasadamente con gestos simiescos, enseñándole las tetas caídas a la concurrencia, gritando con la cara desencajada de rabia ciega frente a policías impasibles que los miraban no sé si con más lástima que paciencia…

Y de repente pensé: “no son humanos“.

No, en serio. Me costó convencer a mi cerebro de que lo que estaba viendo eran seres humanos y no alguna especie de animal o de eslabón perdido, indudablemente cercano al ser humano, pero de hábitos primarios y definitivamente broncos. No lo digo con ironía y no puedo hablar más en serio: mi cerebro activó las categorías mentales salvajismo, selva, indomesticable, bárbaro, feroz… y llegó por él solo a la conclusión a la que llegó.

Pensarán ustedes que este es un post sobre el 15M. No lo es: es un post sobre neurociencia.

Voy a intentar explicarlo mejor. Mi cerebro procesó de forma totalmente inconsciente las imágenes y los detalles que estaba viendo y los clasificó en la categoría más cercana posible, la que mejor se ajustaba a las pistas visuales que recibía: la de los animales. No procesé lo que veía como “un grupo de seres humanos” sino como “una manada”. La conclusión habría sido correcta si yo hubiera estado caminando por la selva, pero estaba en un apartamento barcelonés con suelo de parquet y una tele más grande que una pista de baloncesto. Tuve que realizar un esfuerzo consciente de jerarquización, como cuando luchas para despertarte de un sueño pesado, para convencerme de que eso eran seres humanos como yo, con motivaciones, deseos, sentimientos y razonamientos humanos. Si hubiera dejado a mi cerebro seguir por ese camino, les habría tirado un pedazo de mi bocadillo la próxima vez que me hubiera cruzado con ellos por la calle. Un poco como cuando sales del cine tras ver una película realmente absorbente: tardas un par de minutos en volver a la realidad, en categorizar de nuevo lo que es real y lo que no lo es.

Para mí fue la prueba definitiva, en primera persona, de que el cerebro no almacena información o recuerdos, sino categorías clasificadas en distintos niveles de relevancia. Mi cerebro ve patas, madera, cuatro y respaldo y procesa el concepto silla. Si sólo hubiera visto patas, madera y cuatro se habría quedado en un nivel superior, el de mesa. Madera y cuatro seguiría siendo probablemente una mesa, o quizá un grupo de cuatro árboles en medio del bosque. Madera a solas, definitivamente un árbol. Quizá también una mesa si el contexto de la conversación fuera, por ejemplo, una tienda de muebles.

La conclusión es que deshumanizar a tu enemigo es tan sencillo como dejar que tu cerebro categorice defectuosamente la información que recibe. Es decir: no es necesaria una acción, sino una inacción.

Inquietante, ¿cierto?

 

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Written by cristian campos

16 agosto, 2011 a 7:01

Publicado en ciencia

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Una respuesta

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  1. Es curioso eso de deshumanizar.

    Seguro que todos conocen el casco corintio. Es el casco con el que siempre se representa al hoplita griego. Era un casco que tapaba casi toda la cara y ocultaba la visión lateral. Creo que Tucídides cuenta que era un casco que producía una profunda deshumanización. El hoplita griego, así, podía matar más a gusto. Apenas veía a su adversario y se libraba de mirarlo a los ojos. En el fragor de una batalla en la seca y polvorienta Grecia, bastante tenía con respirar a pesar del polvo y no romper la unidad separándose de su compañero. El casco le permitía concentrarse en acuchillar. Punto.

    Debe ser del hartazgo que me produce ver a esos analfabetos; de tener que aguantar su cabezahuequismo; de saltar por encima de los desechos que producen; de padecer sus eslóganes de tres al cuarto; y de soportar a la prensa llorar por ellos, que se cierne sobre mí un casco corintio que no sé si hace que los vea como macacos, pero sí como liendres de estas que no se iban ni con vinagre.

    Y mientras, el periodista odia al Tea Party, que queda muy cuco.

    Juan Pablo Arenas

    17 agosto, 2011 at 0:31


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