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el pandemonium

La democracia, en retirada

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A través de Escolar.net llego a este vídeo de los disturbios en Londres, en el que puede verse a un grupo de policías en retirada frente a un grupo de alborotadores. Menuda metáfora más cojonuda.

 

 

Dicen que una vez no significa nada, dos es casualidad y tres, una tendencia. Hace un año los sindicatos griegos y los 15M atenienses asesinaron a tres personas al quemar una sucursal bancaria de la capital helena. Hace apenas unas semanas, los mismos sindicatos y los mismos 15M atenienses declaraban sin cortarse un pelo que su intención era “quemar el parlamento”, a imagen y semejanza de los que en 1933 incendiaron el Reichstag para regocijo de ustedes ya saben quién. En otoño de 2005, unos cuantos centenares de jóvenes demolieron las periferias urbanas francesas y derrotaron sin despeinarse al estado de derecho: su pretensión no iba mucho más allá de calcinar sus barrios, y lo consiguieron. Hoy, en Londres, más de lo mismo. En España, el 15M ha demostrado, por si hacia falta demostración alguna, que cualquier movimiento juvenil perfumado con los aromas de la izquierda totalitaria tiene carta blanca de las autoridades para boicotear a placer la vida cotidiana de las principales ciudades del país.

[Por cierto, échenle un vistazo a los comentarios de los lectores del diario Público a la noticia antes mencionada de la quema de una sucursal bancaria mientras clientes y trabajadores seguían en su interior: posiblemente en ningún otro medio de comunicación español se permite con tanta alegría que sus lectores respalden, justifiquen e inciten directamente y sin medias tintas al asesinato.]

Aunque los mencionados son quizá los ejemplos más llamativos, hay muchos más. En Barcelona, sin ir más lejos, los ciudadanos hemos aprendido a cerrar las persianas de nuestros negocios y a hacer discretamente mutis por el foro en cuanto nos topamos con una manifestación o concentración “de izquierdas”, ya sea espontánea, programada o huelgageneralista: sabemos perfectamente que durante unas horas la izquierda va a tener vía libre para arrasar calles y reventar escaparates sin que la policía mueva un dedo, más allá de cuatro carreras ridículas y tardías cuando lo único que queda de los containers son las cenizas. Lo podrán comprobar en apenas una semana, en las fiestas de Gràcia.

Y eso por lo que respecta a la violencia política. Si nos centramos en la otra, en la casual, vemos que unas cuantas decenas de adolescentes borrachos son perfectamente capaces de poner patas arriba un pueblo entero porque no les satisface el horario de las discotecas.

¿Soy el único que piensa que el estado de derecho ha adquirido la peculiar costumbre de retirarse a la primera de cambio frente a cualquier problema que pida a gritos el ejercicio de la fuerza? Mejor dicho: frente a cualquier problema siempre que este se considere la expresión de un malestar social latente.

¿Pero la democracia parlamentaria no la inventamos precisamente para expresar, debatir y solucionar los malestares sociales latentes? ¿Seremos igual de tolerantes cuando el malestar social latente de la extrema derecha alcance la masa crítica suficiente como para reventar un barrio entero de inmigrantes, por ejemplo?

Si la democracia no protege a los ciudadanos, si las leyes no se aplican o resultan ridículas por tímidas o impracticables, si la policía se niega a reprimir excusándose en el “actuar sólo empeoraría las cosas”, si el poder legislativo se niega a legislar para castigar duramente este tipo de violencia y deja que este tipo de altercados le salgan gratis a los machos alfa de la manada de los cafres… ¿qué solución le queda al ciudadano de a pie?

Entre la pésima gestión de la crisis y el abandono del ciudadano a su suerte frente a la violencia, nuestra clase política actual está pavimentándole el camino a la extrema derecha. ¿Nos lamentaremos cuando la tengamos encima?

¿Seremos capaces de construir un estado de derecho que proteja a sus ciudadanos de la violencia, venga de donde venga esta y sea cual sea su excusa?

No apuesten por ello.

 

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Written by cristian campos

10 agosto, 2011 a 7:01

Publicado en política

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2 comentarios

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  1. Querido Cristian:

    Yo creo que es un sentimiento respingo. Nos hemos criado en un ambiente mejunje donde el catolicismo es mitocondrial -porque despreciamos al ambicioso que quiere forrarse- y el comunismo es mitocondrial -porque nos excita ver a encapuchados pegarle a la policía.

    Que eso venga de a quien le pegaban los grises, aun puede tener una explicación, pero de treintañeros aburguesados es majadería.

    Aunque el progresista se enfada con los camaradas porque ven el programa de Belén Esteban, luego se infla de gozo porque le pegan a la policía. Ese amor-odio que pivota entre llamarles chusma o pueblo.

    Un saludo.

    Juan Pablo Arenas

    10 agosto, 2011 at 11:57

    • Muy bueno eso de “chusma o pueblo”, es totalmente cierto. Yo creo que la gran diferencia entre derecha e izquierda no es la ideología, sino la coherencia: un tipo de derechas se iría a vivir a EE UU sin problemas. Uno de izquierdas no pisa Corea del Norte ni como turista.

      Pero encapuchados que le zurren a la policía va a haberlos siempre, eso se da por descontado. Lo que yo quiero es que la policía devuelva las hostias multiplicadas por 15, que para eso están. Y yo entiendo a los que dicen que lo que hace falta es más educación. Bien, es la primera línea de defensa de una sociedad civilizada. También entiendo a los que piden más mediadores sociales. Es nuestra segunda línea de defensa: “no hemos podido educar a este cafre, vamos a hablar con él para que, al menos, no queme casas”. No entiendo a los que piden trabajo para esta gente: ¿qué trabajo vas a darle a alguien que no sabe escribir ni leer correctamente porque ha abandonado voluntariamente la escuela a los 10 años? Pero la policía es nuestra última línea de defensa. Si los cafres toman a la policía como el pito del sereno porque esta se niega a repartir hostias como panes, entonces no hay barrera alguna frente a la barbarie. Ayer mismo, con media ciudad arrasada, las autoridades británicas aún dudaban de si utilizar cañones de agua o no. ¡Agua! No tasers o balas de goma, no: agua.

      A los que frente a la quema de una ciudad dicen “hace falta más educación y más mediadores” yo les diría: “no, eso era en una fase anterior, educación gratuita y mediadores ya tenemos a punta pala y no han funcionado en absoluto, ahora tiene que actuar la última línea”.

      cristian campos

      10 agosto, 2011 at 12:33


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