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el pandemonium

Qué sensibilidad la tuya, figura

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Hace unas semanas visité a un amigo al que habían ingresado en un hospital público de Barcelona. En la puerta, un grupo de 30 o 40 trabajadores del centro aporreaba cacerolas y cantaba eso de “el pueblo unido jamás será vencido”. Gente original, ya ven. Protestaban por los recortes, claro. Vi mucha pegatina de los sindicatos habituales y mucha referencia al 15M. También muchas ganas de reventar el mismo sistema que les paga su a todas luces inmerecido sueldo.

Varios de los coches que pasaban por delante del cipostio frenaban para darle al claxon y sumarse así a la juerga. Gente solidaria, ya ven. Solidaria con los dodecafonistas de las cacerolas, claro, no con los enfermos. La cacerolada, que se oía con meridiana claridad desde el interior del centro, duró unos 30 minutos aproximadamente.

Media hora de ruidaco infernal, en la puerta de un hospital, a cargo de aquellos que teóricamente deben cuidar de la salud de los enfermos.

Juraría que una de las personas que se encontraba en la recepción, probablemente el familiar de un ingresado, se reprimía las ganas de salir a la calle a repartir hostias como panes entre la concurrencia. Quizás una sola hostia. No un guantazo violento, de poligonero con coche tuneado amarillo, sino un guantazo de padre, de puerta giratoria, limpio, categórico, redondo, ceremonioso, fastuoso, audible y ejemplarizante, con la palma de la mano abierta, uno de esos que te quitan de golpe las ganas de seguir haciendo el berzas.

Pero eso no ocurrió, obviamente. En este país, el monopolio de la violencia no lo ostentan los poderes públicos ni los ciudadanos de bien, sino la izquierda. Es esa violencia diaria que de tan cotidiana ha pasado a formar parte del paisaje: la de un tipo que se pone a aporrear una cacerola en la puerta de un hospital sin que nadie le chiste. La de un tipo que revienta el escaparate de la tienda de un pequeño empresario porque él piensa no sé qué mierda del capitalismo. La de un tipo que planta la tienda de campaña en el centro de la segunda ciudad más importante del país y se pone a mear en los mismos parterres en los que poco antes ha plantado tomates. La de ese universitario de apenas 19 años que tiene los santos cojones de cortar la principal vía de acceso a la ciudad y decidir qué coches pasan y cuáles no con ínfulas de dictador bananero.

Esa escena la he visto yo. En TV3, concretamente. Un tipo de unos 50 tacos, con su coche parado en medio de la Avenida Diagonal por una sentada de los del 15M, suplicándole a un niñato que le deje pasar porque no va a llegar a tiempo al trabajo. Y el niñato, después de pensárselo unos segundos para que el tipo sufra un poco y se macere en la impotencia, después de remolonear y amagar con que se larga dejándolo ahí plantado, se gira en el último momento y ordena magnánimo a sus pelotas de turno: “venga va, dejadlo pasar”. Los pelotas se levantan del suelo con toda la parsimonia del mundo, se sacuden el polvo del culo, sonríen a las chavalas del corro y dejan el hueco necesario para que el pobre desgraciado pase. Y la guardia urbana, plantada a 10 metros de esa escena, sin intervenir y desviando el tráfico hacia una calle secundaria para no molestar a los señoritos.

Pero lo más humillante es que el tipo del coche, al pasar al lado de los Goebbels de pacotilla, frena, saca la cabeza por la ventanilla, la agacha y, sin ironía alguna, dice “gracias”.

“Gracias”.

Si esto no es fascismo, que venga dios y lo vea.

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Written by cristian campos

31 julio, 2011 a 7:00

Publicado en política

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6 comentarios

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  1. Totalmente de acuerdo Cristian con tu análisis. Si nos cuentan estas cosas no te las crees, por suerte hay pruebas.
    En el barrio de Lavapies, en Madrid, ya se han dado varios casos de intento de boicoteo a la labor policial, además de los conocidos casos para evitar desalojos en todo Madrid.
    El otro día pasé por Sol y da pena, tienen los chiringuitos instalados en plena plaza y da asco la zona.
    Yo personalmente creo que el Estado está dejando de ejercer sus funciones y que eso debe (o debería) ser denunciable.
    Pero es lo que hay.

    Manuel Álvarez

    31 julio, 2011 at 9:44

  2. El camarada susofirmante cree que es el Estado quien hace dejación de funciones. Yo creo que no. Es el Estado quien siente que hay un poso de justicia en lo que hacen esos mentecatos. En el fondo les mola.

    Lo mío fue previsible. Fue una de tantas manifestaciones que llevaron a cabo los pasilleros de Filosofía y Letras en la Autónoma de Madrid. Se habían puesto sus mejores galas fascistas: chaqueta a parches y camiseta del Mesías laico pistolero cubano-argentino. Al piquete pasillero se le puso en sus santos cojones que yo no pasaba por allí. Que no pasas, tronco, me dijo el cabecilla pasillero. Empujé con mis 80 kilos de mala baba y me abrieron paso. De algo me sirvió llevar toda mi vida haciendo pesas.

    La bizarría del pasillero se desvanece cuando da con uno más indignado que él. En este caso yo. Me insultaron y me odiaron, pero al menos pasé. Huelga decir que los fascistas somos nosotros: quienes no les dejamos hacer lo que les sale de los huevos.

    ¿Dijeron algo los profesores en alguna ocasión? Calla, que su reino no es de este mundo.

    Juan Pablo Arenas

    31 julio, 2011 at 12:36

  3. Totalmente de acuerdo con lo expuesto arriba.

    Rafael Rodríguez

    31 julio, 2011 at 19:28

  4. El dia menos pensado alguien tendrá “un día de furia”. Pero claro, será un facha.

    Anónimo

    31 julio, 2011 at 22:46

  5. Definitivamente, este blog me gusta. Claro que me gusta. “En este país, el monopolio de la violencia no lo ostentan los poderes públicos ni los ciudadanos de bien, sino la izquierda.” O, al menos, la presunta y autoproclamada izquierda.

    Jose María Alía Robledo

    31 julio, 2011 at 23:03

  6. ¡ABSOLUTAMENTE SENSACIONAL!

    Lo de la bofetada de padre me ha encantado. ¿Estabas pensando en Zapatero?

    Por cierto, dodecafonista no sale en el DRAE pero, de todas maneras, ¿cómo coño se dan doce tonos con una cacerola? ¿Hay que ser MBA en cacerolas? ¿Cursos especiales en las cécé-o-o o la ugeté?

    Joan Pirata

    3 agosto, 2011 at 13:36


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