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el pandemonium

Que se pongan el chándal y se dejen de hostias

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Un país al que hay que explicarle por qué los ministros y los diputados deben llevar corbata es un país que se merece toda la mierda que le pase.

Ojalá nos invada Inglaterra de una vez y acabemos ya con esta agonía de comunidad de ganapanes à la page.

Pero en fin, vamos a explicarlo:

 

Miguel Sebastián en el Congreso de los Diputados, es decir en el centro neurálgico de la soberanía popular, es decir frente a 46 millones de españoles…

 

…y Miguel Sebastián jurando el cargo frente a un crucifijo y el rey.

 

Esta es la escala de prioridades del ministro de Industria.

La corbata no es una convención social ni un complemento pasado de moda. Es un síntoma. Un diputado que se pone la corbata para ir a la boda de su hija pero se la quita en el Congreso de los Diputados está emitiendo una señal contundente de cuál es el respeto que le merecen los ciudadanos españoles en comparación con el que le merecen los borrachos de la boda.

El debate de la corbata no tiene nada que ver con el diputado o con el ministro o con el calor o el frío. Tampoco tiene que ver con la elegancia o con los signos de clase o con los símbolos de status social. Tiene que ver con el ciudadano y con el respeto que le deben sus representantes políticos. Un ciudadano al que no le importa que los diputados que le representan vayan sin corbata o en pololos es un esclavo vocacional. Ese ciudadano es alguien que no se respeta a sí mismo y que, por lo tanto, cree que sus representantes tampoco le deben respeto alguno.

En resumen: no es un ciudadano, es un súbdito.

Y, por supuesto, muchos políticos han captado ese mensaje de desistimiento y de falta de vergüenza torera, y se han aplicado a la tarea de pasarse el respeto al ciudadano por el arco del triunfo. ¿Tanto 15M y tanta hostia de orgullo ciudadano de pacotilla para ir ahora diciéndoles a los diputados y a los ministros que se vistan como si estuvieran en un karaoke?

 

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Written by cristian campos

23 julio, 2011 a 7:00

Publicado en política

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2 comentarios

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  1. Sí señor. Ese es el argumento y no los ujieres, el frío o el calor.

    Jose María Alía Robledo

    23 julio, 2011 at 11:35

  2. No se puede argumentar mejor, Sr. Campos.
    Gracias.

    Páramo

    24 julio, 2011 at 13:31


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