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el pandemonium

¿Quién quiere comida cuando puedes morirte en náhuatl?

with 5 comments

 

Por primera vez, y para que sirva de precedente, voy a colgar aquí los dos comentarios de un lector a uno de los posts de este blog (en este caso el de Aprendiendo a leer).

 

Comentario 1:

“Querido Cristian:

Me has tenido riéndome como media hora. Parecía que hubieras estado agazapado en un pasillo de la Autónoma de Madrid. Es que…te explico: soy filólogo y chileno. Así que estoy doblemente infectado.

El mejor ejemplo de la inutilidad de las Letras es el pasillero. El pasillero es un mamífero porrero que gasta el dinero público en los pasillos de la universidad. Fuma, aunque esté prohibido. Hace pellas, aunque pague el diez por ciento de la matrícula. Odia las fotocopias gratuitas con membrete de Burger King, aunque las empresas paguen su carrera.

El pasillero luce orgulloso su camiseta de algún genocida. Yo, por dar por culo, me ponía mis camisetas del ejército israelí. Me odiaban y mascullaban “sionista”. Y yo henchido.

Pero el pasillero -y el de Letras por extensión- se cree ungido por el Gran Mesías. Es divertídisimo lo religiosos que llegan a ser los laicos. Cree que el Mundo lo necesita. Se leyó el artículo de Marx -Groucho o Karl- en la Wiki y se siente sobrado.

Y aquí el ejemplo. La profesora de literatura hispanoamericana era una delicia. Qué voz. Qué vaquero. Pero necesitaba recordarnos el triunfo de Allende y Fidel Castro. Su libro de Alejo Carpentier era tremendo: hablando del analfabetismo en Cuba, ni una mención a cárceles o dictadores. Na de na. Y yo: ay mísero de mí, ay infelice; le quise rebatir un asuntillo.

El odio a lo español es puro orgasmo cuando se habla de Octavio Paz y su teoría de que México es hijo de una violación. El gachupín que viola a los pobres mexicas. El hijo de la Chingada. Lo dice en “El laberinto de la soledad”. Sabrás la de idioteces que se han dicho a partir de ahí. Y la profa, erre que erre, imbuyéndonos de culpa.

Hasta que yo le hablé de un libro que había leído en inglés. Lo escribió James Lockhart y se titula “Los nahuas después de la conquista”. El libraco habla de cómo sentían la conquista española los dominados por los españoles. El anglosajón se había leído las narraciones escritas en nahuatl. Nada de Bartolomé de las Casas. La conclusión era que los nahuas estaban encantados con la conquista, por la lógica razón de que Cortés y los suyos eran más justos y respetuosos que los viscerales aztecas.

Confronté el mito y el dato. ¿Crees que la convencí? Jamás. No quiere. Se aferra al mito, como mi abuela al rosario.

Encantado de descubrirte.

Un abrazo.

Juan Pablo Arenas.”

 

Comentario 2:

“Perdona el tedio, pero es que me acuerdo de chascarrillos y me da la risa floja, de nuevo.

Recuerdo cierta profesora de pingüe sueldo pagado a tocateja por el contribuyente, la cual no sabía qué era un fonema prepalatal sordo. Ese fonema, en el mundillo friqui filológico, es como si un periodista no sabe lo que es un lead. Se supone que le va en el sueldo. Y la señora siempre podía actualizarse. Lo hacen los antivirus, podría hacerlo ella. Pero ¿pa qué?

El caso es que un día la profesora nos estaba adoctrinando con la habitual charla sobre la riqueza del multi-lingüismo. Que si a más lenguas más riqueza. Ya sabes el poderío del prefijo. Que si pluri; que si multi. Es cuando alzó los brazos clamando contra el genocidio lingüístico -te juro que lo dijo así- que estaba acaeciendo en Hispanoamérica. La señora andaba revuelta porque aseguraba que se estaban perdiendo las ¡¡lenguas indígenas!!. Mientras aún seguía con su alza de brazos urbi et orbi – al de letras le encanta la solemnidad religiosa-, yo hice de Pepito Grillo y le dije que me habían ofrecido apadrinar una niña boliviana, cuya lengua materna era el quechua, y que vivía en una casa sin electricidad, ni váter, ni calefacción, ni nada. Me parecía que una niña en esas condiciones tiene más posibilidades de buscarse la vida si aprende español -ojalá inglés- que si se acurruca en su dignísima pero inútil lengua.

Una compañera se alió con la profa y aseveró que, si te arrebatan tu lengua materna, es como si te cortasen un brazo. E hizo el gesto de aserrucharse el brazo. Carrac, carrac. Yo decía que es muy cómodo para el letrado aburrido occidental hacer esa suerte de exigencias cuando tiene nevera surtidita, aire acondicionado, agua bebible en el váter y climalit en la ventana.

Ahí sentí la conmiseración socialdemócrata. Esa miradita apenada que te echan como el Nazareno entre Dimas y Gestas. La conclusión suya era que no tener váter, ni nevera, ni electricidad es una mal minúsculo al lado de la magnificencia que otorga la lengua materna. Se lo creen. Te lo juro.

Hay librito muy interesante sobre la relación directa entre tener una lengua común y la riqueza de las naciones. “Language and economy” de Florian Coulmas. Pero un filólogo no se mancha con esas vulgaridades. Su reino no es de este mundo.

Un fuerte abrazo.”

 

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5 comentarios

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  1. Soberbia entrada Cristian, buen “fichaje” el de Juan Pablo.

    Manuel Álvarez

    20 julio, 2011 at 8:26

  2. Has cumplido con tu palabra de caballero. Es todo un honor para mí figurar entre tus letras.

    Un fuerte abrazo.

    Juan Pablo Arenas

    20 julio, 2011 at 17:56

  3. Se me olvidó comentar en lo escrito que la lacra que surge por el hecho de ser chileno es el izquierdismo mitocondrial. Ya sabes que los hombres vienen al mundo con el pecado original y con la izquierda asumida en la célula. Lo demás es rebatible, pero ser de izquierdas es sagrado. Ni memes adquiridos estilo Dawkins. Nada. En la célula. Y en Hispanoamérica ya no es que sea una fe es que es genético. Según la Supremacía, la izquierda es el bien. Punto.

    Por eso, ser chileno significa estar continuamente disculpándose por impugnar a Eduardo Galeano.

    Ya está escrito: yo fui un perfecto idiota latinoamericano.

    Otro abrazo más.

    Juan Pablo Arenas

    20 julio, 2011 at 18:02

  4. No tengo el contexto de la mayoría de lo que comentas aquí. Pero si lo tengo con respecto a lo que mencionas de que “los nahuas estaban encantados con la conquista”, tu interpretación del libro de Lockhart. Tu comentario me parece totalmente superficial y definitivamente errado, por tantas razones que sería imposible exponerlas aquí. Pero esbozaré algunas a continuación:

    Más o menos el 90 por ciento de la población indígena murió al poco tiempo de la invasión europea a causa de las enfermedades, la guerra y la hambruna que causó el desmantelamiento de los sistemas de producción y distribución de los alimentos.

    Además de este desastre demográfico, se llevó a cabo la destrucción sistemática de la cultura indígena, todas las instituciones, todas las formas de organización y la mayoría del conocimiento que albergaban los distintos pueblos originarios. La memoria colectiva y conciencia comunitaria fueron destruidos casi por completo.

    Y por otro lado: El estado mexica, no era más tiránico que el español. A los sacrificios humanos rituales siguió el morbo de las ejecuciones públicas de la inquisición.

    Las fuentes del libro de Lockhart eran indígenas que se habían incorporado con éxito al sistema español, escribían en monasterios, en contextos en los que era imposible que pudieran hablar a favor de la antigua cultura y en contra de los españoles.

    Hay mucho más que decir. Solo te recomiendo que trates de acercarte a las culturas antiguas desde una perspectiva más directa. Sino, es muy fácil que nuestra mirada se enrede en el añejo eurocentrismo. Que da una perspectiva demasiado parcial de fenómenos infinitamente complejos como la conquista de América.

    Nelson Solorio

    22 julio, 2011 at 7:16

  5. Me resulta interesante observar la relación que haces entre no comer bien y tener como lengua materna una lengua originaria; esa relación existe y se da, en México a nadie extraña que los niveles más bajos de pobreza se den entre las comunidades indígenas, sin embargo, ese no es el meollo del asunto. Sabido es que los indígenas que abandonan su lengua materna no obtienen los beneficios de la forma de vida occidental. Este problema tiene sus raíces en la Conquista, que continua y que no se reduce a la toma de las ciudades de los imperios autóctonos, sino que implicaba e implica un programa que denuesta cualquier expresión de las civilizaciones que florecieron en América antes de la llegada de los europeos, ese programa implicaba desenraizar cualquier cosa que hubiera de buena, así productos que jamás habían existido en España pasaron a ser de castilla: la calabaza de castilla, el nopal de castilla, el pájaro de castilla (el Zenzontle dejó de ser el ave de las cuatrocientas voces), etc.; incluso se llegó a dudar del alma de los indígenas. La imposición de la cultura occidental conlleva un largo rosario de atropellos y usurpaciones, en las cuales el indígena tenía que aceptar el nuevo ordo rerum, lo que implicaba pasar a la base de la escala social (como indios, sin importar las diferencias identitarias que habían mantenido por siglos) o refugiarse en áreas que no tenían interés para los españoles (así los tarahumaras terminaron en la Sierra Occidental, los mayas en las selvas del Yucatán, los Huicholes en las deserticas sierras del Nayar, etc.), hubieron de conformarse con las peores tierras, eso fue durante los primeros trescientos años después del arribo europeo, cuando se consumaron las independencias de las naciones hispanoamericanas del continente los indígenas sufrieron otro revés (entonces la mayor parte de los pobladores de las Americas no hablaba español) los proyectos de nación que ganaron fueron los hispánicos conservadores que se oponían a la Constitución de Cádiz que querían mantener sus privilegios y mantener el orden colonial sin que los liberales peninsulares les viniesen a decir qué hacer (otros proyectos fueron desechados, se pudo haber tenido un México cuya lengua fuera el nahuatl, había sido por un largo periodo la lengua franca de la Nueva España y sus hablantes eran más numerosos que los hispanófonos, en el mismo sentido el quechua era más utilizado en Perú que el español).
    En los dos últimos siglos las comunidades indígenas han sido una piedra en el zapato de los estados-nación hispanoamericanos pues se oponían a la imagen del ciudadano que planteaban, por lo que desde los gobiernos se buscó acabar con ellos y, en la medida de lo posible incorporarlos, sin embargo esa incorporación no se ha dado, los indígenas son obligados a abandonar sus lugares de origen para irse a radicar en las ciudades donde se integran a los cinturones de pobreza (abandonen o no su identidad como miembros de un pueblo originario). Se les arrebatan sus tierras comunales para realizar centros turisticos, minas de empresas canadienses, explotación forestal, etc.
    Ahora, sobre las comodidades de la vida occidental, para empezar no son necesarias para nosotros (y están acabando con el planeta, aunque eso es harina de otro costal), porque su forma de vida se ha desarrollado para sobrevivir sin ellas, incluida la siembra de la milpa (que implica la siembra de los alimentos de sustento y nada más, en su conceptualización eso es más que suficientes, por ejemplo para los raramuris una persona es una mala persona si acumula más de lo que necesita para alimentar a su familia).
    Si de verdad esos niños comieran mejor por saber español (o inglés) estaría a favor de que abandonaran sus lenguas maternas, pero en la realidad, en la práctica no será así, sus rostros, su color de piel seguirían señalándolos y alejándolos del vater y de la comida.

    Noel René Cisneros

    23 julio, 2011 at 8:40


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