el pandemonium

Aprendiendo a leer

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Hay que leer este irónico artículo de Pepe Albert de Paco.

Voy a contar mi experiencia personal, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.

Primer día de carrera en la facultad de periodismo de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. El decano pregunta cuántos de los presentes quieren dedicarse al periodismo escrito. Levantamos la mano ocho. ¿Cuántos a la radio? Once o doce. ¿Cuántos a la TV? Levantan la mano los 40 restantes.

Algunos de ellos han acabado consiguiéndolo, por cierto. Que yo sepa, tres o cuatro de esos 40. Aunque debe de haber muchos más que no aparecen en pantalla y que trabajan en la trastienda, obviamente.

Segunda semana. Arcadi Espada pregunta cuántos de los presentes futuros periodistas han comprado ese día un diario. Cualquiera, aunque sea el Marca. A fin de cuentas, nuestro futuro presidente sólo lee el Marca; tan malo no será. Levantamos la mano los ocho recalcitrantes de antes.

Otro profesor pregunta “¿por qué queréis ser periodistas?” Uno responde “porque me gusta escribir”. ¿Y qué tendrá que ver el periodismo con que te guste escribir, alma cándida? Escribe novelas de desazón y angustia existencial, pero no te dediques al periodismo.

Tercera semana. Yo ando por la facultad convencido de que escribo como dios. Como el resto de mis compañeros, por otro lado. Todos vamos ya por nuestra segunda carrera, lo que nos otorga una falsa y pretenciosa seguridad en nosotros mismos.

Me devuelven mi primer ejercicio de periodismo escrito, una nota breve que yo había empezado con la frase:

“Un emigrante guineano de 28 años de edad murió ayer…

Mi profesor Carlos Castro, de La Vanguardia, ha tachado en rojo “de edad” y ha escrito al lado “¡no van a ser de altura!

He tardado exactamente siete palabras en cagarla. No 20 o 30, no. Siete.

El resto de la noticia apenas se entrevé por debajo de las docenas de tachones en rojo. Ahí me doy cuenta de que me queda un largo camino por delante.

Yo siempre digo que Arcadi Espada no me enseñó a escribir, me enseñó a leer. Lo de aprender a escribir es consecuencia de lo anterior.

En cuanto aprendí a leer cambiaron muchas cosas en mi vida. Para empezar, mi ideología. Mi padre me llamaba “el comunista”, ya ven. Decía “¡que salga el comunista de la cueva, que es la hora de cenar!” (la cueva era mi habitación). Yo salía de la cueva y le pegaba la chapa al pobre hombre con las cuatro chorradas recalentadas que aún hoy en día, 25 años después, siguen sosteniendo a ese enano jorobado con pies de barro que es el izquierdismo.

Aprender a leer y empezar a sentir rechazo por las ideologías redentoristas fue todo uno. Como las primeras semanas de un embarazo, que se van en vomitonas. El socialismo, las religiones, lo políticamente correcto: todas fueron lanzadas a la basura. Incluso aquellas que yo no practicaba. Yo jamás creí en dios, por ejemplo, pero ahora tenía el armazón intelectual que me permitía despreciar la idea de dios por medio de la razón y no sólo de la intuición. Que coincidieran los dos hechos no puede ser casualidad. Por eso ahora me río cuando en los comentarios de los lectores de El País leo al típico progre diciendo eso de “lo que tenéis que hacer los de derechas es leer un poco“.

No, hombre, no. Un tipo que sabe leer es alguien perdido para la causa del izquierdismo. Un progre que te aconseja leer es como un terrorista que le dijera a su secuestrado “sal a la calle y habla con la policía, ya verás como no es tan malo estar encerrado“. Porque el izquierdismo es eso, un intento de secuestro intelectual. De ahí su falsa superioridad moral: si sus ideas se discuten por medio de la razón, se desmoronan como castillos de arena. Y de ahí sus dogmas de fe, que sus acólitos no ponen en cuestión jamás. El socialismo no es más que una pseudociencia política: su target es el analfabeto político.

Evidentemente, cuando digo “aprender a leer” no me refiero a aprender que la “M” con la “A” se lee “MA”. Me refiero a detectar cuándo el escritor está sepultando una idea estúpida bajo una capa de verborrea pseudointelectual, por ejemplo. O viceversa. La escuela anglosajona de escritura enseña a explicar ideas complejas con una escritura directa y aparentemente, sólo aparentemente, fácil. La escuela europea enseña exactamente lo contrario. Por eso Europa está en decadencia: porque apenas sabemos decir tonterías alambicadas. Normal que sólo nos escuchen los países acomplejados, aquellos que creen que la pomposidad vacía y el humo de pajas retórico es signo de no se sabe qué profundidades intelectuales.

De hecho, una de las principales razones de que hoy en día Sudamérica sea en buena parte un continente fallido (en 50 años hasta África estará por delante de ellos: tiempo al tiempo) es que hemos logrado engañar a esos pobres individuos y convencerles con nuestra cháchara atroz de que desprecien la dialéctica recta y se pasen a los meandros de la poética. Los sudamericanos listos se compran una gorra de los Yankees y se van a estudiar a Nueva York. Los tontos emigran a París y dan clases de filosofía en alguna universidad pública.

¿Quieren una prueba de lo dicho? Vayan a una librería y escojan al azar un libro divulgativo escrito por un anglosajón sobre un tema impenetrable. Física cuántica, por ejemplo. Entenderán el 90% del libro. Ahora cojan un libro al azar escrito por un europeo sobre algún tema bien facilote, uno de letras. Las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo 20, por ejemplo. No van a poder pasar ustedes de la página tres. Si llegan al meadero ese del francés con nombre de colonia barata es que son ustedes unos titanes.

[En las sociedades avanzadas, los universitarios de ciencias son la elite y los de letras, el tonto del pueblo al que corres a gorrazos. En las sociedades atrasadas, el prestigio social se lo llevan las filologías, la sociología, la psicología, la pedagogía… esas gilipolleces, vaya. Si yo fuera presidente de este país, eliminaría las carreras de letras de las universidades públicas. El que quiera perder el tiempo que se lo pague él solito. Y por supuesto, nada de derecho al voto para los de letras, que te hunden el país.]

Pero volviendo al tema: básicamente, aprender a leer significa aprender a distinguir la verdad de la mentira, la realidad de la ficción. Sin más.

Ahora ya ni siquiera me preocupo por escribir bien. Me es indiferente. A lo que aspiro es a escribir claro. Como Jordi Pérez Colomé, que ha escrito un libro imprescindible sobre el tema, Cómo escribir claro.

Otra cosa que me pasó cuando aprendí a leer es que me cansé de la literatura. De la ficción, para entendernos. El cambio no fue total, pues sigo enganchado al cine y a otras ficciones varias, pero no leo novelas desde hace años. Alguna de ciencia ficción, Stanislav Lem y Arthur C. Clarke por ejemplo, pero poca cosa más. La ficción escrita me aburre soberanamente. Tampoco puede ser casualidad.

Finalmente, la tercera cosa que me ocurrió cuando aprendí a leer es que me harté de lo poético. No de la poesía, que sólo me aburre en la medida en que es literatura, sino de lo poético. Ya saben, la cursilería y la tontería adolescente, de la que tantos van tan sobrados en este país. Cuando el ñoño es un tipo de más de 20 años y tengo la obligación de leerle (generalmente por razones profesionales), me salen granos en los brazos. El ñoñismo es mi polen intelectual personal.

Por eso entiendo a Pepe Albert de Paco. Y admiro su paciencia. Si a mí me soltaran lo de “eso que dices no lo comparto porque, total, es una cuestión de gustos” me entrarían ganas de trepanarle el coco al susodicho con su propio iPod. Menuda mentira para patanes, esa de que sobre gustos no hay nada escrito. Pues claro que lo hay. Y habla de ti. Y dice que NO-SA-BES-ES-CRI-BIR.

Más que talleres de escritura creativa, lo que habría que hacer son talleres de lectura. Y sólo los que aprobaran pasarían al nivel dos, el de la escritura.

Yo aún estoy en ello.

Written by cristian campos

13 julio, 2011 a 7:00

21 comentarios

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  1. Valiente cantidad de topicazos y egocentrismo. Que si progres “superiores moralmente”, que si europeos decadentes y “alambicados”….

    QUIZÁS no toda la literatura europea sea tan “alimbacada”. (Ya sólo el hecho de categorizar la literatura enorme variedad cultural dentro de la literatura continental como “europea”, sin distinguir entre paises, me parece de una soplaplollez supina).

    Aparte está el hecho de que las “literaturas” estás irremisiblemente vinculadas a su medio, al lenguaje. Y no es lo mismo pensar y escribir en inglés que hacerlo en español. Y ni te cuento en alemán (otra literatura europea alambicada según el autor del post, cágate lorito.: Y eso no es una cuestión ideológica, de derechas o de izquierdas.

    QUIZÁS esa literatura anglosajona MODERNA tan “clara y directa” lo sea porque ha expulsado el “alambicamiento” de su libro de estilo y todo lo solucionan con un parco vocabulario y un excesivo “ombliguismo”.

    De hecho, una de la mayores críticas que recibe la esa moderna literatura anglosajona es su excesiva obsesión con el “best-seller”. De ficción.

    Un saludo.

    Unukalhai

    13 julio, 2011 at 9:24

    • Una de las mayores críticas que recibe la literatura anglosajona -por parte de algún crítico pesebrista resentido- es que, si, cierto, gracias a su obsesión por las ventas copa todas las listas de “best-sellers” de ficción. Mundial. Que se lo digan a Rowling, que de esto sabe un rato.
      Ah, y también de la no-ficción: que se lo digan a Stephen Hawkins, Michio Kaku… A ver si va a ser por lo de Waterloo y el triunfo de la cultura anglófona…
      Pero no, desgraciadamente lo anglófono no ha triunfado en toda su extensión: todavía existen demasiados cursis autóctonos con ínfulas de escritor.
      Unukalhai ¿todavía no sabe usted que en Internet no es de buena educación escribirlo todo con mayúsculas? Es como si estuviera usted gritando. Y no se sordea cuando se lee. Pero vaya, quizás es usted otro que no ha aprendido aún a leer.

      Solomon

      13 julio, 2011 at 10:32

  2. Primero aprenda un poco de Historia, Solomon: en Waterloo no venció “la cultura anglófona”. Eso es como decir que en Pavía ganó la cultura española a la francesa. En Waterloo venció una moribunda concepción del mundo. Pero claro, para saber eso hay que leer.

    Y sí, oiga, se ve a la legua que usted es un letrado y categoriza con exactitud a “Hawkins” como “literatura anglófona” de no-ficción. Seguramente si “hawkins” escribiera en alemán, todos sus textos científicos serían cuasi incomprensibles por el “alambicamiento” inherente a la cultura “europea”.

    Al menos es gracioso en su mentecatez, eso no lo discuto, Mr. Solomon.

    Un saludo.

    Unukalhai

    13 julio, 2011 at 11:04

  3. Oiga, Unulkahai, usted lee este blog como esos que se tocan la muela cariada con la lengua: porque les da gustirrinín el dolor, ¿verdad?

    Que los hombres sean más altos que las mujeres no quiere decir que no haya determinadas mujeres más altas que determinados hombres. Es una cuestión de probabilidad, no una regla absoluta que se cumple en el 100% de los casos. Si usted selecciona a una mujer y a un hombre al azar, tiene más probabilidades de que él sea más alto que ella que de que sea al revés.

    Si tuviéramos que especificar caso por caso, la comunicación humana sería imposible. Por eso generalizamos.

    Que la cultura anglosajona (protestante, si quiere) valora por término general la efectividad y la claridad conceptual, y que la europea (la católica) ha tendido a preferir tradicionalmente y por término general el oscurantismo y un falso elitismo es algo que no niega nadie. Sólo tiene que atender al desprecio con el que se recibe el cine USA en España o Francia. Curioso que estos palurdos incapaces de las finuras conceptuales del cine europeo se lleven el 90% de la cuota de mercado cinéfilo. Desarrollar el porqué llevaría más de un post de 50 líneas en este blog, pero hágame caso: es totalmente cierto.

    De todas maneras, yo no hablaba de literatura, que ya he dicho que no me interesa, sino de escritura divulgativa y periodismo, que es otra cosa. O de una visión de la vida pragmática y realista en detrimento de una artificiosa y utópica, si lo prefiere.

    cristian campos

    13 julio, 2011 at 11:45

  4. Cuánta razón tiene, señor Campos, la divulgación protestante es mucho más clara que la divulgación católica, dónde va a parar. Yo es lo que hago cuando voy al Corte Inglés: me acerco a la sección de Libros Divulgativos para Ser Tan Listo y Tan Científico como Arcadi Espada y voy haciendo dos montones: aquí el montón bueno de los sajones y allá el montón malo, la escoria latina. A veces me entran dudas con Damasio, que no deja de ser un miserable portugués, o con Pinker, que no deja de ser un patético psicólogo, pero por lo general el sistema de elección resulta de lo más efectivo.

    En cuanto llego a casa me los leo todos, uno detrás de otro, y voy notando progresivamente cómo mi cerebro piensa mucho más claro, cómo poco a poco voy haciéndome tan listo que casi parezco de ciencias, y cómo voy ganando un armazón intelectual que me permite demostrar la inexistencia de Dios, y no como antes, que me tenía que limitar a creer que no existía sólo por intuición.

    Renacido

    13 julio, 2011 at 13:22

  5. ¿Ve?, lo que yo decía. Y si sigue leyendo a protestantes anglosajones verá como poco a poco es usted más alto y más guapo.

    Lo que no consiga un protestante anglosajón…

    cristian campos

    13 julio, 2011 at 13:29

    • Sí, espero llegar a medir dos metros de alto… uy, no, sólo dos metros, que ya se sabe que son de alto.

      Renacido

      13 julio, 2011 at 13:36

      • Uy, no, sólo dos, que ya se sabe que son dos metros. No van a ser dos litros.

        Renacido

        13 julio, 2011 at 13:37

      • No, hombre, si usted escribe “espero llegar a medir dos metros” sí que hay que especificar, porque existen tres dimensiones espaciales: anchura, altura y profundidad. Así que a la frase “espero llegar a medir dos metros” le falta chicha. Si no especifica, nadie sabe si usted quiere crecer a lo alto, a lo ancho o a lo profundo.

        Sinencambio, si dice “28 años” no es necesario añadir nada más, porque sólo existe una dimensión temporal. Así que sólo con decir “28 años” ya se entiende que son de edad.

        En los universos con más de 4 dimensiones espacio-temporales la cosa se complica, pero ya iré explicándolo poco a poco y a la anglosajona, pa’que se me entienda bien.

        De nada.

        cristian campos

        13 julio, 2011 at 14:50

      • No, hombre, que los dos metros son de altura se da por sentado. Cuando hablamos de personas, y no de piscinas o de cobertizos, es la opción por defecto. Igual que cuando alguien dice que un inmigrante guineano tiene 28 años, a secas, entendemos por defecto que son 28 años de edad, y no 28 años de residencia en nuestro país o de cotización a la seguridad social.

        Renacido

        13 julio, 2011 at 17:20

      • Eso es verdad. Me gusta ese concepto de “interpretaciones por defecto”. No deja de ser una especie de “piloto automático lector”, ¿verdad? En manos de alguien con talento puede dar mucho juego literario. Provocar sobreentendidos en el lector para luego darle la vuelta a la historia, jugar con los equívocos…

        cristian campos

        14 julio, 2011 at 11:04

  6. Aunque para ser justos del todo, hay que decir que los divulgadores protestantes son poco palabreros, sí, pero muy pagineros. Vamos, que la tesis de “El instinto del lenguaje” se defiende perfectamente en un ensayito agradable de ochenta páginas, pero Pinker lo llena de chistecillos y de referencias pop para demostrarnos que es un académico muy poco académico y merecer los adjetivos de “brillante”, “directo” y “nada alambicado” de los cristians de turno.

    Renacido

    13 julio, 2011 at 13:34

    • Eso es también muy cierto, sí. Supongo que he escrito el texto pensando en los ejemplos extremos de Pinker y Dawkins por un lado, y Lacan por el otro. Es hacer trampa, lo sé. Pero oiga, es mi blog y son mis prejuicios.

      cristian campos

      13 julio, 2011 at 13:36

  7. Efectivamente hay muchos prejuicios. Aunque matizada la generalización, ésta resulta demasiado burda y algo sensacionalista (y eso que el texto no parece destinado a ser éxito de ventas en un kiosko).
    Me resulta cachondo lo de anglosajones/protestantes y católicos. El Weber es un multiusos para todo que dura como los conejitos. Alemania falla un poco pero se esconde, exhibimos a los franceses y el círculo queda redondito.

    Y eso que coincido en casi todo

    Peter

    13 julio, 2011 at 17:07

    • Ah, el sensacionalismo es una de las bellas artes, amigo. Intelectuales de postín ya hay muchos. Peatones de la inteligencia también. Yo estoy ahí, justo en el medio, como representante de la clase media del intelecto, superficial pero con toques culturetas, ni Pinto ni Valdemoro sino todo lo contrario: black metal y Arcadi Espada; Max Weber y chistes choriceros sobre la Merkel; arte de vanguardia y textos plagados de “pa’qué”, “joer” y “cojones”…

      Me estoy currando mi propio agujero de mercado, hombre de dios.

      cristian campos

      14 julio, 2011 at 11:15

      • Hola, se que han pasado me1s de 4 meses desde tu mejnsae, pero yo creo que tu colega debif3 hacer lo posible por pagar la deuda o llegar a un acuerdo con Hacienda antes de que le embargaran la casa. Si el ya sabia que tenia la deuda y tambien sabia que hacienda no perdona, porque8 no se acerco a las oficinas de esta administracif3n y buscf3 una solucif3n de pago. Se puede criticar de todo a Hacienda, pero todos sabemos que hay maneras de financiar, aplazar y fraccionar el pago de las deudas. La culpa es solo por dejarse llevar de su abogado e intentar hacerse el listo. La obligacif3n del estado es recuperar todas las deudas y estas caducan en el plazo de 5 af1os. Si han tardado tanto tiempo en manifestarse es porque hay que seguir un procedimiento que es muy largo y me1s si el interesado no esta localizable o no se quiere dejar localizar.

        Jennifer

        14 enero, 2013 at 14:28

  8. Querido Cristian:

    Me has tenido riéndome como media hora. Parecía que hubieras estado agazapado en un pasillo de la Autónoma de Madrid. Es que…te explico: soy filólogo y chileno. Así que estoy doblemente infectado.

    El mejor ejemplo de la inutilidad de las Letras es el pasillero. El pasillero es un mamífero porrero que gasta el dinero público en los pasillos de la universidad. Fuma, aunque esté prohibido. Hace pellas, aunque pague el diez por ciento de la matrícula. Odia las fotocopias gratuitas con membrete de Burger King, aunque las empresas paguen su carrera.

    El pasillero luce orgulloso su camiseta de algún genocida. Yo, por dar por culo, me ponía mis camisetas del ejército israelí. Me odiaban y mascullaban “sionista”. Y yo henchido.

    Pero el pasillero -y el de Letras por extensión- se cree ungido por el Gran Mesías. Es divertídisimo lo religiosos que llegan a ser los laicos. Cree que el Mundo lo necesita. Se leyó el artículo de Marx -Groucho o Karl- en la Wiki y se siente sobrado.

    Y aquí el ejemplo. La profesora de literatura hispanoamericana era una delicia. Qué voz. Qué vaquero. Pero necesitaba recordarnos el triunfo de Allende y Fidel Castro. Su libro de Alejo Carpentier era tremendo: hablando del analfabetismo en Cuba, ni una mención a cárceles o dictadores. Na de na. Y yo: ay mísero de mí, ay infelice; le quise rebatir un asuntillo.

    El odio a lo español es puro orgasmo cuando se habla de Octavio Paz y su teoría de que México es hijo de una violación. El gachupín que viola a los pobres mexicas. El hijo de la Chingada. Lo dice en “El laberinto de la soledad”. Sabrás la de idioteces que se han dicho a partir de ahí. Y la profa, erre que erre, imbuyéndonos de culpa.

    Hasta que yo le hablé de un libro que había leído en inglés. Lo escribió James Lockhart y se titula “Los nahuas después de la conquista”. El libraco habla de cómo sentían la conquista española los dominados por los españoles. El anglosajón se había leído las narraciones escritas en nahuatl. Nada de Bartolomé de las Casas. La conclusión era que los nahuas estaban encantados con la conquista, por la lógica razón de que Cortés y los suyos eran más justos y respetuosos que los viscerales aztecas.

    Confronté el mito y el dato. ¿Crees que la convencí? Jamás. No quiere. Se aferra al mito, como mi abuela al rosario.

    Encantado de descubrirte.

    Un abrazo.

    Juan Pablo Arenas.

    Juan Pablo Arenas

    15 julio, 2011 at 0:34

  9. @Juan Pablo Arenas: Gracias por el comentario, es mejor que mi post. Si no te importa, lo publicaré en el blog la semana que viene, es una pena que pase desapercibido entre los comentarios (he intentado localizarte para comentarte el tema pero no he logrado encontrar tu email, espero que leas esto).

    cristian campos

    15 julio, 2011 at 9:27

    • Querido Cristian:

      Me siento como cuando los gitanos -o etnia romaní históricamente desdeñada- de mi barrio nos bajaban los pantalones. Si lo llego a saber, me lo curro más. Es un honor que me incluyas. Te dejo mi email para que estemos en contacto. jpar69@gmail.com

      Un abrazo.

      Juan Pablo.

      Juan Pablo Arenas

      15 julio, 2011 at 12:05

  10. Perdona el tedio, pero es que me acuerdo de chascarrillos y me da la risa floja, de nuevo.

    Recuerdo cierta profesora de pingüe sueldo pagado a tocateja por el contribuyente, la cual no sabía qué era un fonema prepalatal sordo. Ese fonema, en el mundillo friqui filológico, es como si un periodista no sabe lo que es un lead. Se supone que le va en el sueldo. Y la señora siempre podía actualizarse. Lo hacen los antivirus, podría hacerlo ella. Pero ¿pa qué?

    El caso es que un día la profesora nos estaba adoctrinando con la habitual charla sobre la riqueza del multi-lingüismo. Que si a más lenguas más riqueza. Ya sabes el poderío del prefijo. Que si pluri; que si multi. Es cuando alzó los brazos clamando contra el genocidio lingüístico -te juro que lo dijo así- que estaba acaeciendo en Hispanoamérica. La señora andaba revuelta porque aseguraba que se estaban perdiendo las ¡¡lenguas indígenas!!. Mientras aún seguía con su alza de brazos urbi et orbi – al de letras le encanta la solemnidad religiosa-, yo hice de Pepito Grillo y le dije que me habían ofrecido apadrinar una niña boliviana, cuya lengua materna era el quechua, y que vivía en una casa sin electricidad, ni váter, ni calefacción, ni nada. Me parecía que una niña en esas condiciones tiene más posibilidades de buscarse la vida si aprende español -ojalá inglés- que si se acurruca en su dignísima pero inútil lengua.

    Una compañera se alió con la profa y aseveró que, si te arrebatan tu lengua materna, es como si te cortasen un brazo. E hizo el gesto de aserrucharse el brazo. Carrac, carrac. Yo decía que es muy cómodo para el letrado aburrido occidental hacer esa suerte de exigencias cuando tiene nevera surtidita, aire acondicionado, agua bebible en el váter y climalit en la ventana.

    Ahí sentí la conmiseración socialdemócrata. Esa miradita apenada que te echan como el Nazareno entre Dimas y Gestas. La conclusión suya era que no tener váter, ni nevera, ni electricidad es una mal minúsculo al lado de la magnificencia que otorga la lengua materna. Se lo creen. Te lo juro.

    Hay librito muy interesante sobre la relación directa entre tener una lengua común y la riqueza de las naciones. “Language and economy” de Florian Coulmas. Pero un filólogo no se mancha con esas vulgaridades. Su reino no es de este mundo.

    Un fuerte abrazo.

    Juan Pablo Arenas

    15 julio, 2011 at 12:47

  11. […] Por primera vez, y para que sirva de precedente, voy a colgar aquí los dos comentarios de un lector a uno de los posts de este blog (en este caso el de Aprendiendo a leer). […]


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