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el pandemonium

Contra el becario español

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Parece que el anuncio veraniego de este año de Estrella Damm ha nacido polémico. Les pongo en antecedentes.

Como cada año, Estrella Damm ha realizado un anuncio televisivo que pretende identificar su cerveza con el verano, el Mediterráneo, el sol, el mar y la joie de vivre. Los anuncios de años anteriores han sido muy comentados (por lo exitoso: las visitas a Formentera se incrementaron notoriamente tras el de 2009), y al de este año se lo esperaba con ganas. La insoportable Isabel Coixet ha sido la encargada de dirigirlo.

 

El anuncio ya lo habrán visto. Muestra a un grupo de stagiaires (aprendices de cocina, becarios) que llega en verano al restaurante El Bulli para unas prácticas. Entre clase y clase se bañan, hacen amigos, se divierten y se enamoran. Todo ello en el marco de la Costa Brava. Todo muy magnífico, maravilloso e idílico, como corresponde a un anuncio veraniego.

 

 

Mi opinión es que los anuncios de Estrella Damm han captado más que decentemente la atmósfera veraniega del Mediterráneo. Es probable que quien pasa como turista una semana o dos de agosto en Formentera o la Costa Brava no pille ni la mitad, pero los que llevamos toda la vida por ahí entendemos perfectamente lo que están mostrando en el anuncio. Que es un aire, más que una historia concreta. Y eso más allá del marketing, de lo horrible o lo maravilloso de la canción escogida, de si los chicos del anuncio son más o menos perfectos de toda perfección, de si el anuncio es más o menos brillante o de si presenta una situación más o menos idealizada.

A ver, que estamos hablando de un anuncio de tv.

Pues bien. La polémica nace de artículos como este. En él se dice que los 32 stagiaires de El Bulli se pagan ellos mismos el billete desde su ciudad de origen (Los Angeles, París, Nueva York o Tokyo), trabajan 14 horas diarias, reciben únicamente una comida al día y viven en apartamentos “poco atractivos”. Esa información sale del libro de Lisa Abend The Sorcerer’s Apprentices: A Season in the Kitchen at Ferran Adrià’s El Bulli. Lisa Abend dice muchas más cosas en el libro. Pero en España, la patria del odio africano hacia el que triunfa en algo, nos fijamos en lo que nos fijamos.

Lean el artículo (meditable, aún no estando en absoluto de acuerdo con él) y los comentarios (delirantes en la mayor parte de los casos), y después vuelvan aquí.

Cada año, El Bulli recibe 5000 solicitudes de todo el mundo para 32 plazas de stagiaire. 32 plazas en el que es desde hace años el mejor restaurante del mundo (o el segundo en estos momentos, dependiendo de a quién le preguntes). ¿Cuánto habría dado un estudiante de periodismo por pasar unos meses en el Washington Post junto a Ben Bradlee? ¿O un ingeniero aerodinámico por trabajar en Red Bull al lado de Adrian Newey? ¿O un programador informático por trabajar durante meses junto a Steve Jobs?

Un becario español no daría nada. Él pediría.

Las tareas de un becario no suelen ser idílicas. Pelar zanahorias en El Bulli, chuparse notas de agencia en el Washington Post y hacer lo que sea que hagan los becarios en un equipo de Fórmula 1. Aunque muy probablemente eso no será lo único que haga nuestro becario. En cualquier caso, ¿quién se cree el becario español que limpia los tornillos en Ferrari? ¿Fernando Alonso?

Pero pongámonos en lo peor: pongamos que el becario se pasa seis meses trabajando 14 horas al día en El Bulli. Pongamos que, ignorantes de su genialidad oculta, los de El Bulli no le piden que les diseñe la carta del año que viene.

¿Y qué esperaba el becario español?

Miles de aspirantes de todo el mundo, muchos de los cuales acabarán probablemente trabajando en los mejores restaurantes internacionales, se pelean por 32 miserables plazas, ¿y él se queja de que vive en una habitación “poco atractiva”? ¿El señor becario quiere una habitación de cinco estrellas, quizá? ¿O se conforma con una de cuatro? ¿Se queja de que tiene que limpiar las piedras del parking? Bien, es una de las tareas que se realizan periódicamente en El Bulli. Es probable que el mismo Ferran Adrià empezara limpiando los platos y las piedras del parking del Hotel Playafels de Castelldefels. No se le ha visto quejarse jamás de ello. ¿Se queja de que trabaja sin cobrar? ¿Cuánto pagaría nuestro becario por un curso intensivo de seis meses en una academia de nivel mediano? ¿1000 euros? ¿2000? ¿3000? Que es el mejor restaurante del planeta, que te han escogido entre miles de aspirantes…

¡Que eres un privilegiado!

Pero no: el becario español es el único de entre los 32 que se ha dado cuenta de que se la quieren dar con queso. ¡A él no se la cuelan, colega! El becario español ha descubierto la verdad: Ferran Adrià le necesita. Pero como Adrià es un maldito explotador, no quiere pagarle lo que se merece. Y por eso Adrià le esclaviza, aprovechándose de la precariedad del mercado laboral. Y por eso maquina anuncios de cerveza junto a Estrella Damm: para captar más esclavos idealizando la esclavitud.

Pero Adrià no sabe que se enfrenta a una máquina de pensar, a un titán de la perspicacia: el becario español.

Atentos a la lógica: no es el becario el que necesita a Ferran Adrià; es Ferran Adrià el que necesita al becario. Sin becarios españoles, Adrià se comería los mocos. O tendría un restaurante más pequeño. Una tasca de barrio, quizá.

Es más: es probable que Ferran Adrià cobrara por limpiar los platos del Hotel Playafels. Es probable que Ferran Adrià no hubiera trabajado jamás gratis en el Hotel Playafels. Pero es que el Hotel Playafels no puede permitirse no pagar a sus becarios. En El Bulli, los becarios deberían pagar.

Dice el artículo “[El Bulli] no es una academia”. No, es cierto. Es mucho mejor. Es real. Clientes reales, platos reales, plazos de entrega reales. Con jornadas de trabajo maratonianas y tareas rutinarias y aparentemente absurdas. Con broncas. Con competitividad. Con un nivel de estrés abrumador (una buena parte de los stagiaires no acaban el periodo de prácticas).

No puedo hablar por El Bulli, pero puedo confirmar que en un medio de prensa o en una editorial un becario cuesta dinero desde el primer día. Un becario no te quita trabajo: te lo da. Son como soldados a los que se ha entrenado en la “hipótesis de” y a los que se suelta de repente en medio de la playa de Omaha el Día D. El mito ese de que un becario te hace ganar dinero sin que tengas que pagarle nada a cambio es algo de lo que se ríe cualquiera que  haya trabajado en una empresa y haya catado el rendimiento y la productividad de un becario. La productividad real, no la imaginada en los mejores sueños del becario. Como el chiste del argentino: “si quieres hacerte millonario cómpralo por lo que vale y véndelo por lo que él dice que vale”.

Si no eres capaz de entender la oportunidad que supone una estancia de semanas o de meses en El Bulli, aunque te los pases sin dormir y sin cobrar y sin comer, no mereces que te cojan de becario ni en el McDonald’s del polígono industrial más cercano. Déjale la plaza a alguien que la desee más que tú y busca un lugar en el que tus innumerables méritos se reconozcan por ciencia infusa.

Porque esa es otra: si decenas de aspirantes deciden libremente pasarse 14 horas al día trabajando sin cobrar en El Bulli, ¿quién eres tú para decirles que son unos imbéciles? ¿Te ponen los de El Bulli una pistola en la cabeza para que vayas allí? ¿Te han llamado por teléfono? ¿Saben que existes?

Aunque creo que el problema de fondo no tiene nada que ver con la libertad personal, sino más bien con una visión funcionarial de la vida en la que el mero hecho de levantarte del sofá te hace merecedor de un salario “digno”. Una visión de la vida en la que la recompensa te es dada antes de que hayas demostrado nada, y en la que se han invertido los plazos de la realidad. Esos que dicen que primero aprendes, luego empiezas a trabajar desde lo más bajo a cambio de nada o casi nada, y luego vas subiendo hasta donde te lo permitan tu talento, tu ambición personal y tus ganas de sacar la cabeza por encima de la masa.

Fíjense en los comentarios al artículo linkado. No piden mayores responsabilidades, que es lo que pediría un tipo seguro de sí mismo y de sus posibilidades. No piden que les dejen demostrar su valía diseñando un plato de la carta, una petición irreal pero que dejaría entrever ambición personal. No se quejan de que el sistema de aprendizaje en El Bulli hace difícil que los méritos de los mejores de esos 32 stagiaires destaquen entre los del resto (que sería el miedo lógico de un becario: “¿qué pasa si a pesar de mi valía paso desapercibido a causa del sistema de trabajo?”)

Piden dinero, dos comidas pagadas al día, un apartamento bonito y más horas de descanso para seguir pelando zanahorias.

Esa es la dignidad del becario español.

 

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Written by cristian campos

5 julio, 2011 a 7:00

Publicado en política

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8 comentarios

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  1. Como ser un becario estadounidense:

    http://www.youtube.com/watch?v=eikaCb1VU6k

    Harry Block

    5 julio, 2011 at 10:29

  2. @Harry Block: Vaya, en todas partes cuecen habas. O quizás el virus del zombi-becario hispano empieza a propagarse por el planeta…

    cristian campos

    5 julio, 2011 at 10:36

    • Ciertamente, en todas partes cuecen habas… y en los Estados Unidos, diez veces más.

      Pero también es verdad que disponen de una variedad de habas infinitamente superior y nos llevan como 50 años de ventaja en cuanto a sistemas de cocción…

      Harry Block

      5 julio, 2011 at 19:53

  3. Sin embargo,el tremendo crack económico de el bulli, en cuanto restaurante, deja en el aire algunas apreciaciones. Por una parte, el valor de lo aprendido es muy relativo, sobre todo a partir del “abandono” bulliniano de su cocina. Por otra, la tendencia marcada y seguida por una gran parte de los demás restaurantes -lógicamente, por su voluntad- que con la caida de la moda y los problemas económicos del colectivo, les lleva de cabeza a la ruina…
    Abusar de los stagers es completamente comprensible, pero en un contexto afable, divertido y coleguita como nos pinta el anuncio, es tan correcto como cachondearse de la explotación, o pintarla como los esclavitos que tocaban el banjo y cantaban alegremente tras una jornada bien completita recogiendo algodón. y encima, sin hacer negocio…

    Dr. Octopus

    5 julio, 2011 at 17:15

  4. La culpa también es de los empresarios. Yo no contrataría becarios. Lo vendería como un curso, un Máster en práctica profesional, a 10 000 € por cabeza.

    Manuel Álvarez

    6 julio, 2011 at 23:48

  5. Mejor 20 000 €, ya que estamos.

    Manuel Álvarez

    6 julio, 2011 at 23:49

  6. Y lo pagarían con gusto. Debe ser eso que llaman psicología inversa:

    cristian campos

    7 julio, 2011 at 7:54

  7. Y así escribe un lameculos.

    Llámalo el Bully

    8 marzo, 2017 at 13:12


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