el pandemonium

15 discos de música sacra contemporánea

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1. Monoliths & Dimensions, de Sunn O))) (2009)
Monoliths & Dimensions es lo más cerca que la música experimental estará jamás de lo místico considerado como experiencia sensorial más que espiritual. El disco, cuya imagen de portada, un agujero que parece conducir al Pandemonium, ya avisa de lo que nos podemos encontrar en sus surcos, sólo tiene cuatro temas. El más breve de ellos dura casi 10 minutos y cuenta con el memotécnico nombre de Big Church [megszentségteleníthetetlenségeskedéseitekért]. Lo de megszentségteleníthetetlenségeskedéseitekért, por cierto, no es un trabalenguas para epatar al personal, sino la palabra más larga del vocabulario húngaro. El vocalista Attila Csihar, uno de los individuos más siniestros del panorama musical contemporáneo, la sugirió como elemento central de la composición, una auténtica catedral sónica construida, como toda la música de Sunn O))), sobre patrones repetitivos y drones (pedales armónicos) que podrían ser cortados con cuchillo y tenedor. Monoliths & Dimensions es, en resumen, el hilo musical de las calderas de Pedro Botero.

 

2. Symphony nº 3, de Henryk Górecki (1976)

Symphony nº 3, del compositor católico polaco Henryk Mikolaj Górecki, es una de las obras más populares de la música clásica contemporánea junto con el omnipresente Adagio para cuerdas de Samuel Barber. La letra del segundo de sus tres movimientos se basa en las peticiones de ayuda a la Virgen María que una adolescente escribió sobre los muros de fusilamiento de la prisión de la Gestapo en la ciudad polaca de Zakopane.

 

3. Le Mystére des Voix Bulgares, Le Mystére des Voix Bulgares (1986)
Aunque sus primeras grabaciones datan de 1957, no fue hasta 1975 que las sofisticadas armonías del Coro Vocal Femenino de la Televisión Estatal Búlgara llegaron a unos pocos oídos occidentales gracias a la labor detectivesca del etnomusicólogo suizo Marcel Cellier, que las publicó bajo el nombre de Le Mystére des Voix Bulgares en el pequeño sello Disques Cellier. Posteriormente, en 1985, Ivo Watts, el propietario del exquisito sello 4AD, redescubrió esas grabaciones y editó un par de discos recopilatorios que, esta vez sí, convirtieron al coro en un inesperado éxito de ventas internacional. Las cantantes del coro, todas ellas campesinas de las zonas rurales búlgaras, son seleccionadas por la belleza de sus voces y por su conocimiento del folklore musical de su país. Sus canciones se basan en melodías tradicionales, herederas de la liturgia y la polifonía bizantina, el folklore otomano, los intrincados ritmos de la música gitana de los Balcanes y los cantos ortodoxos griegos. Su influencia, de hecho, se puede rastrear en rincones musicales tan remotos e inesperados como la alienígena banda sonora que el músico japonés Kenji Kawai compuso para el anime cyberpunk Ghost in the Shell (y del que, por cierto, Matrix copió algo más que los títulos de crédito).

 

4. Vertebrae, de Enslaved (2008)
Música sacra noruega, sección paganismo vikingo. Entre 1992 y 1998, 52 iglesias cristianas fueron incendiadas en Noruega. Aunque la policía sólo pudo detener a unos cuantos sospechosos, era vox populi que los responsables se encontraban entre las bandas noruegas de la escena black metal. Con los incendios, estas bandas buscaban expulsar de su país al cristianismo, al que consideraban una religión invasora. En 1998, los incendios cesaron. En parte porque el gobierno reconstruía las iglesias a la misma velocidad que ellos las quemaban, en parte porque las bandas decidieron que era mejor expulsar el cristianismo utilizando métodos ligeramente más sutiles que el gasolinazo y tentetieso, y en parte porque la popularización de nuevos géneros musicales, entre ellos el llamado metal vikingo, dejaba poco espacio para el viejo satanismo a lo Anton Szandor LaVey. Enslaved, quizá la mejor banda de su estilo, evolucionaron formalmente el género hasta dar con una mezcla de metal, ambient, folk noruego e incluso jazz francamente bizarra. Y ahora ya no cantan en noruego antiguo, lo que supone toda una ventaja si se logra descifrar los bramidos guturales del cantante.

 

5. Litany, de Arvo Pärt (1994)
Litany es una de las obras más accesibles y radicalmente minimalistas del compositor estonio Arvo Pärt, que a principios de los años 70, y tras una crisis espiritual, abandonó el dodecafonismo y el serialismo para estudiar canto gregoriano y unirse a la iglesia ortodoxa rusa. Los textos de Litany se basan en las oraciones de San Juan Crisóstomo, uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia Oriental y creador de la liturgia sobre la que se estructura la Iglesia Ortodoxa Rusa.

 

6. Secret Name, de Low (1999)
Low es un trío de Duluth, Minnesota, dos tercios del cual (el guitarrista Alan Sparhawk y su mujer Mimi Parker) profesan la religión mormona. De hecho, el nombre de este disco, Secret Name, hace referencia a una peculiar ceremonia mormona en la que todos los miembros de la iglesia reciben un “nombre secreto”. Famosos por la lentitud y parsimonia casi catatónica de sus canciones, Low son el máximo exponente de la música devocional adaptada a los gustos del público contemporáneo. Mantras para fans de The Wire, en resumen.

 

7. Jun Ray Sung Chang, de Asa-Chang & Junray (2002)
Conocido básicamente por esa maravilla llamada HanaJun Ray Sung Chang es la obra que dio a conocer en Occidente a Asa-Chang & Junray, el grupo del percusionista japonés Asa Chang, maestro del dandud, una especie de bongo indonesio que él toca como si se tratara de una tabla hindú. El disco es en realidad una recopilación de las dos primeras grabaciones del grupo, editadas únicamente en Japón y basadas en el concepto del kidoairaku, una palabra japonesa que comprende todo el rango de emociones humanas posibles (alegría, tristeza, placer, ira) y que entronca con la tradición shintoista. El mismo Asa Chang define sus ritmos como “parte de un viaje a un lugar sagrado”.

 

8. Wrong-Eyed Jesus!, de Jim White (1997)
Si tuviéramos que ponerle banda sonora a Gótico Americano, el famoso cuadro de Grant Wood, la elección más obvia sería el disco Wrong-Eyed Jesus! de Jim White, un cantante country-folk sureño producto de una estricta educación religiosa pentecostalista sumada a un empacho de novelas de Cormac McCarhty, William Faulkner y Flannery O’Connor. El mismo Jim White lo define así: “Veo el mundo a través de la iglesia, intensa, apasionadamente, en espíritu y mente, lo que yo llamo ver el mundo con las gafas de Jesús. Si me las quito, estoy ciego. La diferencia con el resto de la gente del sur de los EE UU es que bajo cada una de mis palabras hay un subtítulo que reza ‘no te lo tomes demasiado en serio, llevas las gafas de Jesús puestas”.

 

9. Imidiwan: Companions, de Tinariwen (2009)
Las canciones de Tinariwen, una banda de blues bastardo formada exclusivamente por tuaregs, hablan de la vida en el desierto, de la mística del desierto y de su pasión por el desierto. Añádanle unas gotas de esa liviana mezcla de animismo e islamismo que profesan los tuaregs y ya tienen uno de los fenómenos populares más peculiares e inesperados de la escena blues contemporánea. El hecho de que los miembros del grupo se conocieran en 1982 en un campo de entrenamiento terrorista libio sólo ha hecho que alimentar el morbo del público occidental. Como era fácil de prever conociendo el percal, por otra parte.

 

10. Doolittle, de Pixies (1989)
Las referencias bíblicas en la música de Pixies suelen quedar sepultadas por otros aspectos más llamativos de su música, léase el surrealismo buñueliano de sus letras, la imaginería de ciencia ficción de serie B o la lucha de egos entre los miembros de la banda. Y quizá sea en su obra maestra, Doolittle, donde esa religiosidad semidigerida asoma más claramente la cabeza. Sin ir más lejos, en la letra de Monkey Gone to Heaven, su canción más conocida y un himno ecologista con mensaje más o menos oculto:

“If man is 5, then the devil is 6, and if the devil is 6, then God is 7”.

Si leen 5 como “faith”, 6 como “exists” y  7 como “heaven” tendrán la clave de la canción. Un juego de palabras sencillo (a fin de cuentas es música rock: querer más sería pedir demasiado), pero resultón.

 

11. Devotional and Love Songs, Nusrat Fateh Ali Khan (1992)
En el subcontinente indio, el músico paquistaní Nusrat Fateh Ali Khan, fallecido en 1997, está considerado como el Camarón del qawwali, la música devocional sufí, cantada habitualmente en urdu o panyabí y cuyas composiciones suelen alabar al dios musulmán y su obra. Más raramente, y buscando con cuidado, pueden encontrarse composiciones, si no seculares, si abiertamente epicúreas. En cuanto al disco Devotional and Love Songs, es exactamente lo que su nombre indica, además de una de sus obras más accesibles a los oídos del público occidental.

 

12. The Dream of Jacob, Krzysztof Penderecki (1974)
El compositor y director de orquesta polaco Krzysztof Penderecki ha sido siempre una rara avis en el terreno de la música sacra. A mediados de los años 70 abandonó el camino musical que había recorrido hasta el momento y se centró en el tritono, un intervalo melódico que, por su sonido siniestro, era conocido en la Edad Media como diabolus in musica. De hecho, el tritono llegó a estar prohibido durante buena parte del medioevo, y en la actualidad es la piedra de clave de absolutamente toda la música extrema, sección metal (aquí lo tienen en todo su melenudo y esplendor). The Dream of Jacob, basada en el conocido pasaje de la Biblia en el que Jacob sueña con una escalera por la que los ángeles ascienden y descienden del cielo, es una de sus composiciones más peculiares de principios de los años 70. En ella, Penderecki transmite una idea claustrofóbica, casi aterradora, de la experiencia divina.

 

13. Songs of Love and Hate, Leonard Cohen (1971)
Cuando Allen Ginsberg le preguntó a Leonard Cohen por la contradicción que suponía que él, un judío practicante que respeta la festividad del Sabbath incluso cuando está de gira y que tocó para las tropas israelíes durante la Guerra del Yom Kippur en 1973, hubiera ingresado como monje en un monasterio zen budista, en un retiro espiritual que se alargó durante cinco años, Cohen respondió: “En la tradición zen que yo he seguido no hay rezos ni afirmación de deidad alguna, así que en realidad no estoy desafiando ninguna creencia judía”. Lo cierto es que en Cohen nada parece contradictorio: sus canciones mezclan lo espiritual con lo secular y lo directamente carnal, y nada chirría. El oscurísimo Songs of Love and Hate, un disco que parece avanzar con la parsimonia de un iceberg de melancolía, es, si no el mejor de su carrera (ese honor debería corresponderle a Songs of Leonard Cohen o a I’m your Man), sí el que más perfectamente refleja esa mezcla de conceptos aparentemente antitéticos.

 

14. Miss America, Mary Margaret O’Hara (1988)
La cantante canadiense Mary Margaret O’Hara, hermana de la actriz Catherine O’Hara, es uno de los personajes más exóticos del panorama musical contemporáneo. Su único disco, Miss America, es una obra de culto prácticamente desconocida más allá de un pequeño círculo de connoisseurs, lo que no ha impedido que sea considerada por la crítica especializada como una de las grabaciones “perdidas” más importantes de los últimos 30 años. A ello ha contribuido sin duda, y más allá de sus obvios méritos musicales, el hecho de que las interpretaciones de Mary Margaret O’Hara se muevan siempre en la fina línea que separa la genialidad de la pura demencia, demencia que se desata sin problemas cuando a la cantante, devota cristiana de misa diaria, se le cuestiona su fe: O’Hara no tuvo problemas en despedir a su productor Andy Partridge y a su ayudante John Leckie cuando descubrió que el primero era ateo y el segundo, seguidor del gurú hindú Bhagwan Shree Rajneesh, famoso por defender el sexo libre.

 

15. Duality, Lisa Gerrard & Pieter Bourke (1998)
Aunque no está nada claro si Lisa Gerrard se considera a sí misma como una cristiana renacida o no (el debate entre sus seguidores desprende chispas), de lo que no cabe duda es de que sus fantasmales melodías vocales de contralto no están cantadas en ningún idioma conocido, sino en un supuesto lenguaje místico desconocido, lo que en las comunidades protestantes o pentecostalianas se conoce como don de lenguas y, más científicamente, como glosolalia. Cristiana renacida o no, Lisa Gerrard bebe de fuentes musicales mediterráneas y asiáticas, y, más concretamente, del canto gregoriano, las melodías sufís y la música devocional judía.

 

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Written by cristian campos

17 junio, 2011 a 21:19

Publicado en listas, música

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4 comentarios

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  1. Messiaen: Et exspecto resurrectionem mortuorum

    miguelbarahona

    20 junio, 2011 at 14:50

  2. Karlheinz Stockhaussen, Gesang der Jünglinge

    miguelbarahona

    20 junio, 2011 at 14:51

  3. ¡Messiaen! ¡El ornitólogo sinestésico! Por supuesto, la lista no está completa sin él.

    Gracias por el comentario, espero tenerle de vuelta pronto.

    cristian campos

    20 junio, 2011 at 15:32

  4. Eli (@Whitard84)

    6 agosto, 2011 at 20:02


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