el pandemonium

Archive for the ‘religión’ Category

Ojito con Jesucristo que sabe dónde vives, pringao

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Me encanta el detalle del “suddenly“. Jesucristo no sólo va a venir para partirte la columna vertebral a coces, sino que lo va a hacer “de repente“, así sin avisar por email ni nada. Que menos que un sms, joder:

 

“OJITO K VOY P’ALLA. VE ACIENDO TESTAMENTO, JOPUTA. FIRMADO: JESUKRISTO”

 

(vía La ciencia y sus demonios)

 

Acerca de estos anuncios

Written by cristian campos

6 octubre, 2011 at 7:01

Publicado en religión

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Cómo explicar en los colegios qué es el Islam con una sola fotografía

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Written by cristian campos

1 octubre, 2011 at 7:01

Publicado en política, religión

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El Pequeño Emperador de izquierdas

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No he seguido con demasiada atención la reciente visita del Papa a España. Soy ateo y, como tal, este tipo de celebraciones o experiencias religiosas, masivas o privadas, las veo con desapasionada distancia, si acaso con un leve interés antropológico o como interesante objeto de estudio para la psicología evolutiva. Como decía aquel, lo interesante no es averiguar por qué parecemos estar predispuestos genéticamente para la religión, sino por qué hay gente que  ha logrado esquivar esa predisposición y llegado a descreer. Pero volviendo a las celebraciones: en el peor de los casos, me dejan indiferente. En el mejor de los casos, soy capaz de verle cierto mérito estético a algunas de ellas. No precisamente a las cristianas, que suelen demostrar un gusto por los extremos que no combina precisamente con mi idea de la épica. Las tenebrosas Semanas Santas, las torturas masoquistas del Opus y las atroces crucifixiones filipinas me resultan aterradoras, aunque entiendo perfectamente que estas representan tan solo un pequeñísimo porcentaje de la experiencia cristiana contemporánea. El buenrollismo oenegero y ciertamente naif de la pasada semana, mucho más representativo y mayoritario, me carga con su exaltación del colegueo y del guitarrista de fogata, aunque lo prefiero por supuesto al cilicio y tentetieso. La arquitectura catedralicia me incomoda, lo cual me jode porque eso es precisamente lo que pretende: empequeñecer al hombre hasta convencerlo de su supuesta insignificancia. La Biblia, que me he leído de cabo a rabo, me deja la idea de que un buen trabajo de edición que redujera su extensión a una cuarta parte de la actual redundaría horrores en su beneficio. Entiendo que la idea de editar a Dios pueda resultar ligeramente sacrílega, pero háganme caso: como ensayista, Dios es francamente mejorable, y su afición a la paja sólo hace que obstaculizar su mensaje. Por otro lado, la simbología cristiana me fascina, especialmente en su vertiente apocalíptica. Es probable que mucho del cine que me gusta no existiera de no ser por el Apocalipsis de San Juan. Empezando por las pelis de zombis, sin ir más lejos.

Por supuesto, puedo decir este tipo de cosas porque mi discrepancia con el cristianismo es meramente intelectual: simplemente, no creo en el más allá, en seres superiores o en paraísos e infiernos. Por otro lado, no tengo problemas en aceptar que el cristianismo es, de todas las religiones masivas contemporáneas, el que mejor ha aceptado su nuevo papel como grupo de presión político y sociológico, y el que más honestamente ha renunciado a convertirse en un actor principal y ejecutor de la organización del estado, de su legislación y de sus usos y costumbres. El cristianismo, en este sentido, es ya una organización social democrática consciente de que su target son los conversos y nadie más, más allá de retóricas papales de cara a la galería.

El islam es otra cosa completamente diferente. Las discrepancias con él no son intelectuales, sino vitales: lisa y llanamente, la religión islámica es incompatible, no ya con ciertas reglas sociales que considero innegociables, sino con todo aquello que me define como ser humano.

Pero volviendo al tema central.

Me la pela soberanamente si el estado ha puesto o no dinero en los festejos: no creo que haya hoy en día actividad alguna en España, privada, pública o marciana, en la que el estado no ande metiendo el cazo de una u otra manera, directa o indirectamente, para meter o para sacar, para comprar o para rapiñar. En este sentido, me parece hipócrita que la izquierda, adicta al control estatal y a meterle la mano en el bolsillo a los ciudadanos para distribuir su dinero en función de sus intereses ideológicos, se rasgue las vestiduras por la pasta que se haya podido meter ahí o no. Yo, Cristian Campos, ateo y liberal, tengo todo el derecho del mundo a exigir que el estado no financie eventos religiosos. Los de izquierdas han de callar su puta bocaza porque no tienen derecho a una mierda en este sentido.

Ahora bien: el espectáculo de intolerancia, garrulismo y matonismo que se ha dado estos días en Madrid no tiene perdón de dios. El progresismo se siente fuerte porque durante años se le ha dicho que existen ciudadanos de primera (ellos) y de segunda (los demás), intereses de primera (los suyos) y de segunda (los de los demás), supersticiones de primera (las de la izquierda) y sectas de segunda (las del resto). Se les ha dicho también que sus actos nunca tienen consecuencias, que cientos de matones en una manifestación del 15M son unos cuantos exaltados no representativos de la bondad del movimiento y un policía que le suelta un guantazo a una tipa que lleva un rato gritándole “cabrón” a la oreja es un símbolo del nazismo latente de las fuerzas de seguridad del estado. La educación española lleva años adoctrinando carne de cañón y eso es lo que tenemos hoy en día: carne de cañón intelectual que, dependiendo del día, sale a la calle a sentarse en el suelo con las manos en alto, a insultar a la policía o a abrirle la cabeza a un adolescente que va a ver al Papa como otros van al Festival de Benicàssim sin que nadie les obligue a pasar por un humillante calvario de insultos y vejaciones.

De esta carne de cañón intelectual se sirve el verdadero sistema, el estatalista, para hacer todo aquello que no puede hacer él directamente (calzarle una hostia a los beatos, ocupar las plazas indefinidamente o amedrentar a los comerciantes que no quieren cerrar sus negocios durante las huelgas). Que se escandalice la izquierda por el tortazo de un policía cuando estos se ven obligados a diario a tolerar sus delitos flagrantes clama al cielo: nada debe de haber más frustrante para un policía que ha sido entrenado para combatir a los cafres que tener que hacer la vista gorda e incluso protegerlos por orden de los burócratas de turno. En Barcelona, por ejemplo, es habitual ver a los vecinos salir a protestar a las ventanas de sus casas, cacerola en mano, cuando los Mossos d’Esquadra desalojan una casa okupada. Si te plantas ahí a ver el desalojo vas viendo salir de la casa a colgados argentinos, marroquíes, italianos y franceses, todos ellos viviendo del momio y en unas condiciones que nos parecerían humillantes hasta para los cerdos de granja, mientras los vecinos, dale que te dale a la sartén, protestan porque la policía les priva de su dosis de parasitismo urbano cotidiano.

A eso se limita la izquierda en mi ciudad: a berrear cuando le limpian de mierda los pañales.

¡Y cómo chillan los jodidos!

Por eso alguien debería decirle al policía del guantazo que su pecado ha sido equivocarse de amo. La que le gritaba “cabrón” en su cara no era una ciudadana anónima: era su Pequeña Emperadora.

Lo que significa que al policía le van a dar pa’l pelo.

Qué irónico que ni dios vaya a defenderle.

 

Written by cristian campos

28 agosto, 2011 at 7:01

Un día de furia (progre)

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El lector El Ibérico Hastiado incluyó el miércoles pasado este vídeo en uno de sus comentarios al post ¡Sibaritas!:

 

 

Observen ese pasillo por el que caminan, entre acojonados y abochornados, los peregrinos. Observen cómo les llaman de todo menos bonitos. Quédense con los gestos amenazantes y las expresiones de odio dirigidas a unos simples críos con mochila. O con la valiente que le hace una peineta a uno de los que pasan por delante, al que evidentemente no conoce de nada. O con el jubilado en primera fila que berrea como un poseso contra unos chavales que aún no habían nacido cuando Franco ya llevaba muerto 20 años. Quédense con los eslóganes coreados por la turba:

 

“Esa mochila la he pagado yo”

“Hijos de puta”

“Menos religión y más educación”

“Esa bandera la vamos a quemar”

 

Pero lo que a mí me fascina es el tipo que sostiene una pancarta en la que ha escrito “clericalismo agresivo no“.

Tócate los cojones.

Y ahora, comparen lo que ven en el vídeo con esta noticia.

 

El gobierno de Cataluña prohíbe una protesta contra las mezquitas en Salt

 

En los dos casos se trata de lo mismo: una protesta, teóricamente pacífica aunque previsiblemente violenta, contra una confesión religiosa concreta. En el caso de la protesta convocada por la ultraizquierda contra los cristianos, las autoridades permiten la manifestación. En el caso de la protesta de la ultraderecha contra los musulmanes, la prohíben.

La España eterna: millones de izquierdistas defendiéndose a palos de un enemigo inexistente, ese resistente del franquismo y beato del Opus del que en este país deben quedar tres o cuatro ejemplares en libertad y poco más de una docena en cautiverio. Todos ellos jubilados.

A veces dan hasta pena estos pobres desperdicios intelectuales del socialismo, derrotados por la historia y la razón, viejos a los 20 años, con más odio que sangre en las venas, movidos únicamente por el rencor y la envidia, persiguiendo una ballena blanca que sólo existe en su podrida imaginación.

 

[Por cierto: si un país se mide por la estatura de sus héroes, España está para el arrastre en vista del nivelazo de los nuestros. Ah, y el chico no era su novio, sino un amigo, que conste.]

 

Written by cristian campos

27 agosto, 2011 at 7:01

Un gráfico interesante

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Las barras inferiores del gráfico (la imagen de arriba es sólo un fragmento) representan cada uno de los 1189 capítulos de la Biblia. La longitud de cada una de las barras se corresponde con el número de versículos de cada capítulo. Las barras blancas representan el Viejo Testamento. Las grises el Nuevo Testamento.

Cada uno de los arcos rojos indica una contradicción.

El gráfico pertenece a The Scripture Project, de Steve Wells. Más información, en The Reason Project.

 

Written by cristian campos

25 agosto, 2011 at 7:00

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