el pandemonium

Archive for the ‘periodismo’ Category

¿Pero qué ha pasado aquí?

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Ayer me compré La Vanguardia. No me pregunten por qué, no tengo ni la más remota idea. El caso es que empecé a leer y a medio diario pensé “esta no es La Vanguardia que yo conocía“. Joder, es que están a la izquierda de Público. Es que hay menos rigor en sus editoriales de opinión que en los de los boletines del PCE. Ellos, el antiguo diario de la burguesía catalana con posibles, los que callaban como putas cuando Franco y que ahora atan la cuatribarrada al ficus del balcón el 11 de septiembre. Después me pasé por su web y se me cayeron los cojones al suelo. Primero, por su rancio diseño. Atroz. Esa funesta manía de copiar el diseño del papel, cuando lo que deberían hacer es copiar la claridad conceptual de la web de Apple. Después, por los comentarios de los lectores. Con decirles que a su lado los de Kaos en la red parecen democristianos moderados está todo dicho. Es la metástasis provocada por el foco canceroso del català emprenyat. El prestigio del puteo 24-hours, o así. No sé por qué lo llaman La Vanguardia cuando deberían llamarlo El Quejido. Así que a día 19 de diciembre de 2011, alcanzados el 100% de los objetivos militares, todos los medios catalanes de prensa escrita están amontonados en la extrema izquierda. Y mal diseñados. Ahí, en un rincón del tablero, batallando como Húsares de la Muerte por un target de apenas 1000 o 2000 quinceemes. Que les vaya bonito en el empeño, no les arriendo las ganancias.

Lo de La Vanguardia desde su nacimiento sí que ha sido un viaje, y no lo de El corazón de las tinieblas.

Descanse en paz.

 

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Written by cristian campos

22 diciembre, 2011 at 7:00

Publicado en periodismo

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Con dos cojones

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Catalán“, dicen. Y el bicho tiene nada más y nada menos que 11 millones de años.

Para que se hagan una idea, la tipa (porque es una mona) se parecía bastante a esta señora de Manresa de aquí abajo:

 

 

Como pueden observar, catalana hasta las cachas. Yo mismo me veo un aire. Y eso que soy medio charnego.

 

Written by cristian campos

20 diciembre, 2011 at 19:21

Factual is not dead

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Sin olvidar a Iván del Río, Carlos Garriga, Blanca Sánchez, Fernando García Alonso, Juan Bonilla, Juanjo Ruiz, Xavier Fornés y Pablo Juambeltz, a los que pueden encontrar por internet pero más de uvas a peras.

 

[Tengo programada una tecla en mi ordenador que escribe "gracias a Verónica Puertollano" cuando la pulsas y que me ahorra escribir la frase entera. Ya se imaginan el porqué. En otro orden de cosas: si algún factualero no aparece en la lista, díganlo. Idem con posibles páginas web, twitters y blogs no listados. Serán añadidos ASAP.]

 

Written by cristian campos

20 diciembre, 2011 at 7:00

Publicado en periodismo

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Una mala añada

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Para Time, la Persona del Año es el indignado (“the protester“).

 

 

Hay que tener en cuenta que Adolf Hitler fue Persona del Año para Time nada más y nada menos que en 1938. Stalin lo fue el año siguiente, y también en 1942. En 1935 lo había sido Haile Selassie I, otro angelito. En 1957, Nikita Khrushchev. En 1978, Deng Xiaoping. En 1979, el Ayatolá Jomeini. En 2007, Putin. Así que por el lado del fanatismo y el totalitarismo, había precedentes.

Y también los había por el lado de la cursilería. En 2006 la Persona del Año fuimos nosotros, todos los que en alguna ocasión hemos metido contenido en internet. En 2005, los buenos samaritanos (representados por Bono y por Bill y Melinda Gates). En 1998 lo fue la Tierra “en peligro“. Parece realmente increíble que hayamos sobrevivido a esta avalancha de ñoñez infantiloide que nos ha caído encima durante los últimos años, ¿verdad?

Pero lo que tiene cojones es que dentro de la categoría “protester“, los de Time mezclen a los tipos y tipas que se han jugado y se están jugando la vida en Siria, Libia, Túnez o Egipto, con esos secundarios de un anuncio de Quechua que son los perroflautas españoles, griegos y americanos.

Joder, un poco de respeto.

 

Written by cristian campos

19 diciembre, 2011 at 21:14

Publicado en periodismo

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La izquierda: razones para un fracaso

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Santiago Navajas sintetiza magníficamente en el suplemento Ideas de Libertad Digital los seis porqués de la estruendosa agonía de las ideas de izquierda:

 

una teoría antropológica que reduce la naturaleza humana a una tabla rasa;

una teoría epistemológica que niega que exista la verdad y la objetividad;

una teoría moral que se refugia en un utilitarismo ramplón;

una teoría social basada en la lucha de clases como motor de la historia y el resentimiento como coartada para la acción política;

una teoría económica que rechaza la propiedad privada, la competencia y los incentivos materiales;

una teoría pedagógica que ha menospreciado la educación sustituyéndola por el adoctrinamiento.

 

Los seis pueden resumirse en uno: el rechazo de la naturaleza humana. Es decir el autoodio. Lo que conduce al resentimiento, y desde ahí al resto de mojones de la ruta: el indigenismo, el ecologismo, el anticapitalismo, el feminismo, el redentorismo, el relativismo, el involucionismo…

El artículo de Santiago Navajas es una respuesta a este otro texto de Félix de Azúa. Más que al texto, a uno de sus párrafos. Este:

(…) las corruptelas y los desórdenes éticos se dan por descontados en la derecha y no afectan a su votación, como ha dejado bien claro el caso de Berlusconi, pero la izquierda debería tener como principios inalterables la honestidad, la cultura, la educación y la justicia.

 

Written by cristian campos

17 diciembre, 2011 at 7:00

Publicado en periodismo, política

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Muere Christopher Hitchens

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La sobriedad y la precisión con la que la BBC informa de la muerte de Christopher Hitchens y resume su vida serían muy del gusto de Jordi Pérez Colomé:

 

Christopher Hitchens dies after battle with cancer.

British author, literary critic and journalist Christopher Hitchens has died, aged 62, according to Vanity Fair magazine.

He died from pneumonia, a complication of the oesophageal cancer he was suffering from, at a Texas hospital.

Vanity Fair said there would “never be another like Christopher”.

He is survived by his wife, Carol Blue, and their daughter, Antonia, and his children from a previous marriage, Alexander and Sophia.

Vanity Fair editor Graydon Carter described the writer as someone “of ferocious intellect, who was as vibrant on the page as he was at the bar”.

“Those who read him felt they knew him, and those who knew him were profoundly fortunate souls.”

Mr Hitchens was born in Portsmouth in 1949 and graduated from Oxford in 1970.

He began his career as a journalist in Britain in the 1970s and later moved to New York, becoming contributing editor to Vanity Fair in November 1992.

He was diagnosed with cancer in June 2010, and had documented his declining health in his Vanity Fair column.

In an August 2010 essay for the magazine he wrote: “I love the imagery of struggle.

“I sometimes wish I were suffering in a good cause, or risking my life for the good of others, instead of just being a gravely endangered patient.”

Prolific writer

He wrote for numerous publications including The Times Literary Supplement, the Daily Express, the London Evening Standard, Newsday and The Atlantic.

He was the author of 17 books, including The Trial of Henry Kissinger, God is not Great, How Religion Poisons Everything, and a memoir, Hitch-22.

Arguably, a collection of his essays, was released this year.

Radicalised by the 1960s, Hitchens was often arrested at political rallies and was kicked out of the Labour Party over his opposition to the Vietnam War.

He became a correspondent for International Socialism magazine.

In later life he moved away from the left. Following the September 11 attacks he argued with Noam Chomsky and others who suggested that US foreign policy had helped cause the tragedy.

He supported the Iraq War and backed George W Bush for re-election in 2004.

 

Written by cristian campos

16 diciembre, 2011 at 7:51

Publicado en libros, periodismo

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Sarcasmo para dummies

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Ya tenemos nueva solución para un problema inexistente: el snark.

¿Y qué es el snark?

El snark es un símbolo tipográfico que se añadiría a un texto o a una frase determinada para alertar a los lectores de que ese texto o frase determinada… es un sarcasmo. Vamos, una especie de emoticono finolis o de baliza señalizadora lingüística, como cuando los adolescentes escriben eso de ;) para suavizar el tono del texto, o para que su interlocutor comprenda que están hablando en broma, o porque les parece simpático, o porque son gilipollas, o yo qué sé.

 

 

Point d’ironie, dicen estos tipos. Encima pedantes. Dejando de lado que no es exactamente lo mismo la ironía que el sarcasmo…

 

ironía.

(Del lat. ironīa, y este del gr. εἰρωνεία).

1. f. Burla fina y disimulada.

2. f. Tono burlón con que se dice.

3. f. Figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice.

 

sarcasmo.

(Del lat. sarcasmus, y este del gr. σαρκασμός).

1. m. Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo.

2. m. Ret. Figura que consiste en emplear esta especie de ironía o burla.

 

…no veo la necesidad de andar por ahí aclarando la intención o el tono emocional de lo que has escrito. Si se pilla se pilla, y si no mala suerte. Una cosa es la evolución natural de la ortotipografía y otra ir añadiéndole rombos a los textos.

En el Wall Street Journal pueden leer un artículo sobre el tema. En inglés, claro.

 

Written by cristian campos

15 diciembre, 2011 at 7:00

Test: ¿es usted reduccionista, holista o un demagogo de izquierdas?

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A estas alturas ya deben haber haber visto ustedes el vídeo del discurso del 16 de noviembre del eurodiputado británico Nigel Farage en la Eurocámara. Si no lo han visto, aquí tienen el vídeo y la transcripción de su intervención, que se ha convertido en uno de los memes políticos del momento. De hecho, circula viralmente por internet en el mismo tren en el que viajan el 15M, Democracia Real Ya, Wikileaks y otros demagogos apocalípticos por el estilo. Lo cual no deja de ser curioso teniendo en cuenta que Nigel Farage es uno de esos pomposos liberales populistas de derechas que suele producir de vez en cuando el ecosistema político anglosajón, algo así como la versión plebeya y definitivamente rústica del excéntrico, aristocrático y alcoholizado Lord John Marbury de El ala oeste de la Casa Blanca. Pero ya saben que en el circo digital todo es bueno para el convento: si tiene plumas y grazna, va directo a la olla.

El contenido de la intervención de Nigel Farage es lo de menos. Lo que me interesa en realidad es este artículo publicado en Politikon, que a su vez hace referencia a este otro texto, una irónica guía para periodistas perezosos dispuestos a darle rienda suelta a sus prejuicios respecto a la Unión Europea sin salirse de los lugares comunes más chuscos. Politikon, por si no lo saben ustedes ya, es uno de los dos mejores blogs españoles de análisis político duro. El otro es Obamaworld. Y digo que me interesa el artículo y no tanto el discurso concreto de Farage porque llevo tiempo dándole vueltas a la idea de escribir un texto sobre holismo y reduccionismo.

Que será este.

Vamos a simplificar para que nos entendamos todos rápidamente.

El reduccionismo es un método de análisis científico que defiende la idea de que todo sistema puede ser explicado a partir del análisis de sus componentes elementales. Para un reduccionista, toda la ciencia biológica puede ser explicada a partir de la química, toda la química puede ser explicada a partir del estudio de la física y, en su versión más extrema, toda la física puede ser explicada a partir de las matemáticas. Para un reduccionista, descifrar el universo entero, su pasado y su evolución futura sólo requiere de un ordenador lo suficientemente potente, capaz de registrar y calcular el comportamiento de todas y cada una de las partículas atómicas que lo componen a partir de una o varias fórmulas matemáticas.

Esto es reduccionismo:

 

 

El holismo, por su lado, argumenta que ningún fenómeno puede ser completamente explicado a partir del estudio de sus componentes elementales. El holismo defiende la existencia de áreas del conocimiento si no 100% independientes, sí claramente autónomas. Según los holistas, el comportamiento de la bacteria de la meningitis no puede ser explicado a partir de la interacción de las partículas atómicas que la componen, pues a medida que subimos niveles (de la física atómica a la química y de la química a la biología) aparecen efectos o características inesperadas que no pueden ser deducidas a partir de las propiedades de los elementos inferiores. Según el holismo, es absurdo decir “lo maté porque unas cuantas decenas de miles de electrones interactuaron en mi cerebro en función de complejísimas tramas matemáticas”. Para un holista, el porqué del terrorismo debe ser buscado en ciencias sociales como la psicología evolutiva y la antropología, no en ciencias naturales como la física o la biología, y mucho menos en ciencias formales como las matemáticas.

Así que, ¿cómo distinguir a un reduccionista de un holista, y a este de un demagogo de izquierdas?

 

El reduccionista analiza el terrorismo desde niveles inferiores: el de la química y el de la neurociencia.

El holista lo hace desde su mismo nivel: el de la psicología evolutiva y el de la antropología.

El demagogo de izquierdas lo hace desde un nivel superior: el de la sociología.

 

Es decir, a menor matematización, más izquierdismo. ¿Por qué? Porque a menor matematización, más espacio para la subjetividad. Es decir para la manipulación y la mentira.

La disputa entre holismo y reduccionismo tiene obvias implicaciones éticas y filosóficas. Si el reduccionismo está en lo cierto, el futuro está escrito en una fórmula matemática y los seres vivos somos únicamente un conglomerado de partículas elementales sin voluntad propia. El reduccionismo conduce al determinismo extremo. O al caos extremo, suponiendo que el comportamiento de esas partículas elementales sea en todo o en parte azaroso.

El holismo, por el contrario, conduce a un mundo en el que la voluntad existe. Y si la voluntad existe, la distinción entre el bien y el mal adquiere sentido.

En cualquier caso, el debate es más teórico que práctico: aún si el reduccionismo está en lo cierto, resulta totalmente imposible, con nuestra tecnología actual, predecir el comportamiento de quintillones de átomos que interactuan entre ellos a velocidades inimaginables. Para poder calcular el comportamiento futuro de todas y cada una de las partículas del universo haría falta, lógicamente, un ordenador mayor que el universo. Lo cual es inviable, claro. A fecha de noviembre de 2012, la mayoría de los fenómenos de la realidad deben ser explicados, básicamente, a partir del conocimiento científico acumulado en el nivel al que pertenecen, y no en base a las leyes de los niveles inferiores.

Y seguramente se estarán preguntando ustedes “¿pero qué coño tienen que ver el holismo y el reduccionismo con Farage y Politikon?

Fácil.

El discurso de Farage es políticamente holista y la respuesta de Politikon a todos aquellos que alaban a Farage es políticamente reduccionista. Farage pontifica sobre la decadencia de la UE a partir de elementos pertenecientes a los niveles superiores del análisis político: la decapitación de Papandreu y Berlusconi, el liderazgo inflexible y autoatribuido de Merkel y Sarkozy, un supuesto déficit de democracia interna en la UE… Politikon recurre a los elementos de los niveles inferiores: no se puede cargar demagógicamente contra la Unión Europea si no se conoce al dedillo cómo funcionan las instituciones europeas, cómo se toman las decisiones en ellas, qué efectos tienen en la práctica, cuál es la diferencia entre un informe, una directiva y un reglamento…

Un demagogo del 15M, por su lado, no diría jamás “Alemania está ejerciendo un papel en la UE que nadie le ha pedido democráticamente que ejerza“, sino “la UE está en manos de los especuladores de la City londinense“. ¿Se entiende la diferencia, verdad? La primera afirmación es incierta; la segunda es falsa.

En resumen: Farage está diciendo que han surgido espontáneamente efectos perversos en la UE que no pueden ser deducidos a partir del conocimiento de sus normas de funcionamiento.

¿Quién tiene razón?

En realidad, todos nosotros somos holistas o reduccionistas, aún sin ser conscientes de ello. Más precisamente: todos somos holistas en aquellos temas o ramas del conocimiento que no dominamos, y reduccionistas en aquellos en los que somos unos expertos.

Vayamos a un tema más modesto que la decadencia de la UE. Un holista dirá que “independientemente de cómo funcionen las instituciones europeas y de cómo se tomen las decisiones en ellas, el hecho de que uno o varios burócratas hayan elaborado una directiva que prohíbe que los niños menores de ocho años inflen globos sin la supervisión de un adulto indica que hay algo intrínsecamente perverso y degenerado en la UE, sin necesidad de profundizar más en el proceso de elaboración de esa directiva”.  Un reduccionista dirá que la UE elabora centenares de directivas al año y que el 99% de ellas son perfectamente sensatas, que hay que leer la directiva de cabo a rabo para entender el motivo de tanta precaución, que deberíamos analizar su porqué y que, en definitiva, los beneficios de una administración de nivel superior como la europea, que se suma en el caso de los españoles a otros tres niveles administrativos inferiores, superan con mucho sus perjuicios o efectos perversos.

Por cierto, no confundan holismo con demagogia y superficialidad, y reduccionismo con profundidad: se trata de niveles de análisis diferentes. Un holista no niega el nivel inferior, que considera adecuado para el análisis de los fenómenos pertenecientes a su nivel; sólo dice que las reglas de dicho nivel inferior son insuficientes a la hora de analizar los fenómenos del nivel superior. El reduccionista dice que no tiene sentido analizar el nivel superior sin tener en cuenta el inferior. Para un holista, un sistema que produce una directiva que prohíbe a los niños inflar globos o que amenaza con meter en la cárcel a los padres que los dejen a solas con uno es degenerado per se, sin necesidad de recurrir a niveles inferiores.

Pongamos otro ejemplo:

Uno de los principales problemas de la economía española es la rigidez de su mercado laboral”.

¿Es necesario conocer al dedillo la legislación laboral española, el sistema de financiación de los sindicatos y las organizaciones empresariales, las estadísticas de contratación temporal e indefinida, las tasas de productividad y el índice de absentismo laboral de los trabajadores españoles para poder decir que la anterior afirmación es correcta o incorrecta? En un planeta reduccionista, ¿quién podría opinar sobre los problemas de la economía española? Puestos a remitirnos a niveles inferiores, ¿por qué parar en el de la politología y la economía? ¿Por qué no seguir hasta el de la antropología y la geografía y la climatología? Y una vez ahí, ¿por qué no seguir hasta la biología? ¿En qué nivel nos detenemos y decidimos que el saber atesorado es suficiente como para opinar con conocimiento de causa sobre un determinado tema?

¿Es necesario conocer la mecánica de un coche hasta el último de sus tornillos para poder decir que ese coche no nos gusta?

Vayamos un paso más allá.

 

España es un país de parásitos“.

La gastronomía eslava es pienso para hienas“.

Radiohead son un coñazo para eurochusma con pretensiones“.

El nyotaimori es una guarrada de campeonato que rivaliza en repulsividad con el noble arte de comer paella del morro de un perro con moquillo“.

 

No se me enfaden: si esto va y lo dice Pérez-Reverte estarían aplaudiendo con las orejas.

Todas las afirmaciones anteriores son muy probablemente refutables desde el reduccionismo, pero irrefutables desde el punto de vista holístico. Comer arroz de textura cremosa y glutinosa, es decir pegajoso, de la piel de una tipa desnuda que se hace la muerta, que suda, con sus bacterias y sus secreciones sebáceas, sus glándulas sudoríparas, sus desescamaciones microscópicas y demás, es, epidérmicamente hablando, una guarrada. Ahora bien: si se remiten ustedes a niveles inferiores, al erotismo de los placeres bizarros y la vulneración de los tabús, al feísmo como revulsivo estético y al jugueteo con la idea del canibalismo como estímulo visual cafre, bueno… ahí el argumento de la guarrada se tambalea. A fin de cuentas, más bacterias te tragas cuando mordisqueas un bolígrafo.

Imaginen, por otro lado, un mundo abarrotado de reduccionistas: sería imposible mantener una sencilla conversación intrascendente, u opinar o debatir acerca de algún tema absurdo, sin que viniera alguien AÚN más reduccionista que tú echándote en cara los condicionantes, las leyes y los requisitos de un nivel inferior a aquel en el que tú te mueves. El reduccionismo en el mundo de la cultura, por ejemplo, conduce al esnobismo. Y el esnobismo extremo es tan titánicamente preciso que acaba resultando irrelevante como método de análisis.

Así que a estas alturas del artículo se estarán ustedes preguntando “¿está este tipo defendiendo la ceporrocracia?

No, hombre, no: todo lo contrario. Con los siete últimos años de socialismo voy más que servido. Estoy defendiendo el sentido común y la intuición razonable como método (relativamente) fiable de análisis de la realidad.

A lo que voy es a que, así como en el terreno científico el gato al agua parece llevárselo claramente el reduccionismo (moderado), en el terreno social el debate público se convertiría en un infierno si no nos permitiéramos una cierta dosis de holismo. De hecho, el cerebro humano está programado para elaborar mapas mentales de la realidad muy precisos en apenas unas milésimas de segundo basándose en datos sueltos y aparentemente inconexos. Datos percibidos incluso a nivel inconsciente o, de forma más precisa, a partir de un nivel de atención muy bajo. Y lo sorprendente es que no solemos equivocarnos. No demasiado, al menos, teniendo en cuenta lo mucho que podríamos errar.

Un ejemplo al azar: ¿cómo sabe un futbolista que tiene que golpear el balón con un efecto concreto, con la fuerza exacta, en determinada dirección y con el ángulo y la velocidad correctas para que le llegue al delantero en la mejor disposición posible para acabar en gol? Si le preguntan al futbolista, no les dirá que ha analizado la dureza del césped, calculado el coeficiente de fricción de la pelota y la velocidad del viento, descartado la inercia del movimiento de los defensores y atendido a la posición de los siete u ocho jugadores situados a su alrededor en el momento de golpear el balón. Simplemente les dirá que ese pase le ha parecido la jugada correcta en ese preciso instante. Es posible incluso que les diga “lo he hecho sin pensar”. Lo sorprendente es que este tipo de razonamientos, este tipo de toma de decisiones instantáneas, suelen ser extraordinariamente precisas y eficientes. Por seguir con el ejemplo: quizá sólo uno de cada diez pases en profundidad acaba en gol, pero los nueve restantes van a quedarse, con total seguridad, a centímetros del éxito. Raro es el caso del futbolista que, queriendo meterle un pase a su delantero, acaba metiéndose un gol en propia puerta. De hecho, si la mayoría de esos pases no alcanzan el éxito es porque un defensa ha tomado una decisión instantánea aún más precisa que la del tipo que ha dado el pase.

Es decir: el éxito de un razonamiento holista no se ha de medir en función de si alcanza su meta final con precisión quirúrgica, sino de su aproximación al fin deseado. Quizá no todos los españoles son unos parásitos, pero ustedes pueden tranquilamente sostener que España es un país esencialmente parásitario y refractario a la meritocracia a partir de cuatro o cinco datos aislados: el nivel africano de absentismo laboral en su empresa, las dificultades de su mujer para despedir a un trabajador especialmente jeta, la deficiente profesionalidad de los pocos funcionarios públicos con los que usted tiene trato, el PER, los retrasos prehistóricos de la administración en los trámites burocráticos que le afectan, las dificultades para hablar sin faltas de ortografía de más de un ministro del gobierno español… Súmele a eso las informaciones periodísticas y las opiniones de los expertos en los medios de comunicación, añádale conversaciones sobre el tema con familiares, allegados y conocidos, adórnelo con un poco de sentido común y de experiencia vital, y réstele un poco de apasionamiento ideológico. Si es usted honesto con todos esos datos, llegará a una conclusión si no 100% precisa, si bastante cercana a la verdad.

Si no es usted honesto y prescinde de esos datos o los manipula a su conveniencia para que confirmen sus prejuicios ideológicos, es que es usted, como ya he dicho antes, un demagogo de izquierdas.

 

Written by cristian campos

6 diciembre, 2011 at 7:00

Titulares cañón

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Me encanta eso de “incidente con una grabadora“.

Casi supera al ya mítico “Muere aplastado por su propio piso“.

 

Written by cristian campos

1 diciembre, 2011 at 7:00

Publicado en periodismo

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El matafuegos y su cochecito

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Ya lo decían los Doors: people are strange. Pero algunos más que otros, ¿eh?

Cortesía del gran Bremaneur.

 

 

Written by cristian campos

1 diciembre, 2011 at 7:00

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