el pandemonium

Archivo para la categoría "música"

Loor al rey de los frikazos

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Written by cristian campos

29 diciembre, 2011 at 7:00

Publicado en música

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De rodillas

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Shirley Bassey canta Goldfinger en el Royal Albert Hall.

 

 

Written by cristian campos

26 diciembre, 2011 at 7:00

Publicado en música

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La canción del inmigrante

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Trent Reznor (Nine Inch Nails), Karen O (Yeah Yeah Yeahs) y Atticus Ross (con el que Reznor ganó el Oscar a la Mejor Banda Sonora Original por su trabajo en La red social), y su versión de Immigrant Song, de Led Zeppelin. La canción puede oírse en The Girl With The Dragon Tattoo, dirigida por David Fincher.

 

 

Written by cristian campos

23 diciembre, 2011 at 7:00

Daltonismo aplicado

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Una maravillosa colección de portadas glaciales, rarunas e hipnóticas. La galería completa, aquí.

 

 

Written by cristian campos

9 diciembre, 2011 at 7:00

Publicado en arte, música

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Dios salve a las reinas

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Bélgica ya es el primer país con dos reinas. Lo cual me parece fantástico, que conste (era un chiste facilón).

Eso sí: no me digan que lo de Elio & Fabiola no suena a dúo melódico de discoteca para cincuentones. De esos que cantan sobre un ritmillo de Casiotone del palo chim-pum, chim-pum, purrupupum, chim-pum…

Es que ni hecho adrede: el tipo es una mezcla de José Luis Rodríguez El Puma, Pee-Wee Herman y el malo de Saw, pajarita roja incluida. Añádanle la pluma y ya tienen la prueba de que los belgas se han vuelto definitivamente locos.

 

 

Como improvisado homenaje al nuevo primer ministro del país más aburrido del mundo, he aquí mis 14 gay-disco-dance-hits preferidos de todos los tiempos (algunos son muy gays y otros no tanto). No estaría de más que alguno de ellos se convirtiera en el nuevo himno belga. Al menos serviría para que muchos de nosotros nos tragaramos ese coñazo de las Olimpiadas. Con la secreta esperanza, claro, de que un belga ganara alguna medalla de oro y sonara por los altavoces algo decente, en lugar de esas tétricas fanfarrias con sobredosis de trombón que son los himnos nacionales.

Y no me digan que ver a un belga sobre el podio con la mano en el corazón y marcando el ritmo con la cadera en un estadio repleto de anonadados espectadores mientras suena el Can’t Take My Eyes Off You a todo trapo no sería una experiencia delirante y memorable. Y si además el tipo se marca el paso de baile que pueden ver en el minuto 1:40 del primer vídeo, ahí sí que yo ya me levanto del sofá, me quito el sombrero y le dedico un “ole tus cojones” con pase natural incluido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Written by cristian campos

3 diciembre, 2011 at 7:00

Publicado en música, política

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De la épica y la lactosa

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Ando dándole vueltas a la llegada a España del cadáver del sargento Joaquín Moya Espejo. Ya saben, esa ceremonia que empezó con la repatriación del féretro en un avión militar que voló desde Afganistán hasta la base de Torrejón de Ardoz y en el que también viajaba el titular de turno de la cartera de Defensa. Es decir el ministro Carmen Chacón, un señor de provincias catalán conocido por haberse estrenado en el cargo embarazado de unos cuantos meses.

Familiares y autoridades esperaron a pie de pista. Una vez en tierra, el ministro Chacón pronunció las mismas palabras que se han pronunciado en todas las ceremonias similares anteriores, abrazó a la esposa y a los hijos, condecoró con la Cruz al Mérito Militar a título póstumo al soldado asesinado y puso la misma cara que pone cuando está contento, cuando está enfadado, cuando está triste, cuando está indignado, cuando está aterrorizado y cuando se caga en la puta España. Es decir cara de ir oliendo huevos podridos por derredor.

[El ministro Chacón, superado ya su embarazo, con su mejor cara de ir oliendo huevos podridos por derredor]

Creo que no me equivoco si aventuro que todos ustedes sienten la misma emoción viendo esa ceremonia que la que sienten viendo secarse la pintura de la pared. El muerto al hoyo y el vivo al bollo, ¿verdad? Y entiendo que para el español medio es difícil sentirse ligado emocionalmente a un ejército en el que la mitad de los soldados se llaman Yalisbeth, Elder, Washington, Yoconda, Betsymar, Yornaichel, Shonatan, Fresa, Derwin y Rosaherbalaif, gente que saldrá corriendo por patas a la primera que vengan mal dadas, sudándosela a base de bien los españoles y la madre que los parió a todos ellos, pero… ¿por qué cojones nos resulta imposible imaginar que en España podamos algún día ver un anuncio como este?

Dirán ustedes: “hombre, es que eso es ficción, a fin de cuentas los de Anheuser-Busch están vendiendo latas de cerveza“. Pues se equivocan: lo de ponerse en pie en los aeropuertos y aplaudir a los soldados que vuelven a casa desde Iraq o Afganistán como señal de respeto y de admiración es, lisa y llanamente, lo cotidiano en los EE UU. Tan corriente y moliente como dar los buenos días cuando entras en la oficina por la mañana:

Otro género dramático que los americanos dominan a la perfección es el del retorno sorpresa. El soldado vuelve inesperadamente a su casa desde el frente de combate sin que lo sepa uno de los miembros de la familia: su madre, su esposa, su hermano, sus hijos, su perro… Otro miembro de la familia, avisado del tomate, graba la escena y de ahí a Youtube, donde le calzan una canción bien moñas y a engrosar recopilaciones como esta:

El género vídeo-patriótico-USA también tiene sus excentricidades. Verbigracia esta abuela que se dedica a abrazar uno por uno a todos los soldados que vuelven a casa o son destinados a Iraq o Afganistán:

Ya ven: en nuestro país los frikis se plantan con la bolsa de plástico y los macarrones del Condis en la entrada del palacio de las Dueñas de Sevilla y le lanzan vivas a la Duquesa de Alba el día de su boda mientras esta se arranca por sevillanas con la gracia de un pingüino cojo. En los EE UU van a darle las gracias personalmente al 1º de Caballería en pleno. Por eso ellos son los líderes del mundo libre y nosotros una potencia internacional del carajillo.

Así que andaba yo pensando en qué nos hace diferentes a los españoles. En por qué una ceremonia como la del soldado Joaquín Moya nos hace apagar la tele de puro aburrimiento mortificante y la misma cursilada organizada por los americanos, los ingleses o los franceses nos eriza los pelos de los huevos. En por qué te sientes más cercano emocionalmente al sentido de la fidelidad de cualquiera de los dos chuchos del tercer vídeo que al de tus propios compatriotas. En por qué los españoles tenemos esa mala leche de cacique de comunidad de vecinos, ese orgullo de cornudo de barrio, ese arrebato violento de borracho iracundo, esa condenada y ruín agresividad a destiempo… pero nos vamos por la pata abajo a la hora de plantar los talones y emocionarnos, o admirar, o gestar alguna miserable proeza o aventura o empresa que esté por encima de nuestra mezquina cotidianeidad.

Porque hay algo en lo que los españoles sí somos los mejores: no hay tragedia, no hay logro, no hay drama que no cuente en España con su piara de críticos, difamadores, opositores y nohayparatantos. Creo que no me equivoco si digo que la única gesta que ha logrado poner de acuerdo a casi todos los españoles fue el gol de Iniesta a Holanda en la final del Mundial. ¿Y qué es lo que hace diferente a Iniesta de otros deportistas españoles que han logrado hitos similares en otras disciplinas deportivas? Qué sé yo… gente como Fernando Alonso, Marc Gasol, Rafael Nadal, Edurne Pasabán y Jorge Lorenzo, deportistas todos ellos que cuentan con más trolls que fans en nuestro país. Pues lo que hace diferente a Iniesta es que es un soberano trozo de nada perfumado con eau de ausencia y adornado con una perla de exquisito vacío. Entiéndanme: Iniesta será muy buen chaval, muy humilde, muy sanote y muy todo lo que ustedes quieran, pero su levedad existencial rivaliza con la del neutrino. Como buena parte de los futbolistas, por otro lado. Y es difícil sentirse amenazado por la nada. Por eso España tolera a los futbolistas, pero no al resto de deportistas, a los que se les supone una cierta corporeidad. El español, cuanto más cercano, no ya al nivel medio de sus compatriotas, sino al del más raso de ellos, mejor. Eso lo saben bien nuestros partidos políticos, auténticas máquinas de precisión afinadas hasta la última tuerca para detectar, promover y otorgar el mando de la tropa al más mediocre e inane de sus militantes en cuestión de segundos. Y hacen bien. La meritocracia no gana elecciones en España. Porque en España no votan los españoles, sino la envidia vecinal, el resentimiento de clase, la cobardía vital y el odio africano.

¡Y los complejos de inferioridad, que no se me olviden los complejos de inferioridad! Estos son los que llevan ganando todas las elecciones en España, generales, autonómicas y municipales, desde la restauración de la democracia.

Y no será por falta de ejemplos. España debe ser el único país del mundo que ha sido capaz de conquistar un continente entero repleto de cafres y salvajes con apenas 300 tipos pétreos montados a caballo… y que se ha pasado el resto de su historia arrepintiéndose y pidiendo perdón por ello. ¿Cuántas películas made in Spain tenemos que glorifiquen, loen o simplemente describan la conquista de América? Que le echen un poco de mostaza al asunto, vaya. Digamos un Braveheart, un Apollo XIII, un 300, un Black Hawk Down. ¿El Dorado, de Carlos Saura?

Vamosnomejodan.

En España, déjenme que haga algo de futurología, jamás de los jamases filmaremos una sola película que haga que el espectador salga del cine deseando arrodillarse al paso de nuestros veteranos de guerra. Algo como Salvar al Soldado Ryan, por ejemplo:

De hecho, somos tan timoratos y cargamos con tantos complejos a cuestas que teniendo a Hernán Cortés, a Francisco Pizarro e incluso a Alonso Pérez de Guzmán y su Armada (no tan) Invencible, le dedicamos una película entera… al Capitán Trueno. Que a ver, no está mal, al menos los guionistas de la película no lo han convertido en gay, pero es que es un personaje de tebeo. De tebeo para niños.

Y no: Cortés, Pizarro y Pérez de Guzmán no eran franquistas. En serio.

Así que… ¿qué es lo que nos hace diferentes a los españoles? ¿Qué tipo de tara nos impide elevarnos por encima de la mediocridad ambiente?

Y entonces di con la respuesta.

La épica.

Claro que sí. La épica.

El español padece intolerancia génetica a la épica. La épica es la lactosa del español.

Piensen, piensen: ¿cuándo fue la última vez que un español les puso la piel de gallina, que les provocó escalofríos, que les hizo levantarse del sofá y chillar CLAROQUESÍJODERCAGÓNLAPUTA? Música, cine, política, arte, literatura… Escojan el terreno que quieran.

No saldrán ustedes del deporte. Y eso en el mejor de los casos.

Centrémonos en un terreno al azar. La música, venga.

Música española épica.

Ya sé en qué están pensando ustedes. El flamenco. El flamenco es épico. Pues no. Error. Meeec. El flamenco no es épico: es desgarrado, que es otra cosa muy diferente. Tan desgarrado como esas plañideras a las que contrataban en los pueblos para que fueran a echar el moco en el entierro del abuelo a cambio de una propinilla. ¿Sacrilegio? No, hombre, no. No hay una sola emoción en el flamenco que no sea individual, íntima y recóndita. La épica es colectiva, apela a emociones humanas comunes, universales. El flamenco es disfrutable racionalmente pero incomprensible a nivel emocional para cualquiera que no sea gitano o que no se haya criado con un póster de Camarón en la pared y una foto de la Niña de los Peines sobre el tapete de la mesilla de noche. Un payo emocionándose con el flamenco es tan creíble como un finlandés bailando reggae. La prueba de lo dicho es que los japoneses, gente no precisamente famosa por su calidez emocional o por su capacidad empática, disfrutan como gorrinos en charca con el flamenco. Y permítanme que ponga en duda la sinceridad de las emociones gitanas: hay ahí más sugestión colectiva, más teatro y más mojiganga que en una procesión de Semana Santa. Como cuando los gitanos iban al Corte Inglés a devolver indignados sus vinilos recién comprados de La leyenda del tiempo porque decían que eso no era flamenco. No, hombre, no: lo que pasaba es que no les había gustado el disco, qué cojones.

En España sólo ha nacido un tipo que ha entendido a nivel molecular qué es eso de la épica.

Raphael:

El problema con Raphael es que está él, y más allá de él un gélido vacío insondable relleno de horteras melifluos y perfectamente hostiables. Así que el de Linares ha tenido que multiplicarse, a veces en una misma canción, para interpretar todos los papeles posibles: el de dandy elegante, el de amante traicionado, el de maricón reticente, el de amigo de los modernos, el de yerno cursi, el de seductor de vaso de tubo y codo en barra, el de romántico impenitente… y el pobre hombre no ha dado abasto.

En el resto del mundo, esos papeles épicos se han repartido entre decenas de candidatos de lo más heterogéneo.

¿Elegancia aristocrática? Scott Walker:

¿Mariconazo despechado? Marc Almond en Soft Cell:

¿Mariconazo teatral? Freddie Mercury:

¿Glamour y sofisticación burguesa? Jacques Brel:

¿Romanticismo decimonónico? Kate Bush:

Así que poco a poco vamos afinando el concepto de épica musical. ¿Lo pillan? Pero ojo, no confundan la épica con su hermano de extrarradio y coche tuneado, el subidón.

Esto es un subidón de libro:

Tampoco lo confundan con su hermano cafre, la agresividad.

Esto es agresividad a puerta gayola:

Ni con su hermano palurdo, la intensidad.

Esto es intensidad (y por cierto: a ver si aprenden los músicos españoles a sincronizar bien el pedal del wah-wah con la base rítmica de la canción: atiendan al solo que empieza en el minuto 0:59 y acaba en el 1:28 y sabrán lo que es un wah-wah afinado cual reloj suizo):

Tampoco lo confundan con su hermano despechado, el romanticismo.

Esto es romanticismo:

Ni con su hermano porrero, lo atmosférico.

Esto es atmosférico:

La épica es una mezcla muy sutil de todo lo anterior.

La épica es esto:

Y, por supuesto, esto:

Y, como ya deben intuir, no existe un solo español en el planeta Tierra capaz de hacer que 200.000 personas, sea cual sea su nacionalidad, sexo, religión, ideología o color, se agarren el esternón para que el corazón no les abra en canal el pecho en el mismo segundo de la misma canción: exactamente en el 3:33.

Dicho lo cual, sólo me queda preguntarles: ¿Se les ha movido un solo pelo del cuerpo con alguno de los vídeos anteriores? ¿Han notado ustedes algún leve cosquilleo, un nosequé en el estómago, una imperceptible mezcla de exaltación, gratitud, empatía, satisfacción y complicidad?

No, ¿verdad? Ustedes han visto esos vídeos torciendo la sonrisa. Ustedes ya están de vuelta de todo. Ustedes son una roca. Ustedes no se comen gilipolleces.

Eso es la prueba de que son ustedes más españoles que el jamón de bellota.

¿Su diagnóstico? Intolerancia a la épica.

¿Su receta? Renieguen de su españolidad y conviértanse en seres humanos de una puta vez.

Y conquisten algo, joder.

 

[Este artículo se publicó el pasado jueves en la revista Jot Down.]

 

Written by cristian campos

15 noviembre, 2011 at 7:01

Publicado en la vida y nada más, música, política

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Space Oddity ¿para niños?

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De todas las marcianadas que se le podrían ocurrir a un ser humano, la de convertir Space Oddity de David Bowie en un cuento infantil es, de lejos, una de las más bizarras. La canción tiene dos posibles interpretaciones: la literal, con lo cual se trataría de una canción sobre la soledad y la alienación, y la oculta. No hace falta que les explique cuál es la oculta, ¿verdad? Tooodas las canciones de los últimos 40 años pueden ser interpretadas como una alegoría de la heroína. Prueben, prueben: no falla nunca.

 

 

En el cuento, eso sí, se da una explicación alternativa. Que por cierto resulta aún más desoladora y angustiosa que las oficiales: en estas, el astronauta es o un solitario o un drogata. En la versión infantil, el tipo se ve condenado a una muerte lenta y, deduzco, jodida de cojones. Para que los niños se enteren de lo que es bueno ya desde bien pequeños: “ahí fuera, cariño, iluminados por las estrellas, hay cadáveres de astronautas muertos dando vueltas a la tierra en órbita geoestacionaria; ojo no te vaya a caer uno encima mientras duermes en tu camita de Hello Kitty: están congelados y sería como si te pegaran con una pechuga de pollo de las que mamá y papá tienen en el congelador, pero muuucho más grande y pesada“.

No me extraña que luego los chavales quieran ser artistas, o poetas, o veterinarios: con cuentos como este, cualquiera se mete a astronauta.

Las ilustraciones son obra de Andrew Kolb.

 

 

Written by cristian campos

6 noviembre, 2011 at 7:00

Publicado en música

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Minutos musicales

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Qué tema más bonito: Replica, de Oneohtrix Point Never. Las imágenes del vídeo proceden de Nu, pogodi!, una serie de dibujos animados soviética (de 1969, concretamente) que pretendía ser la versión eslava de las aventuras del Coyote y el Correcaminos.

 

 

Written by cristian campos

1 noviembre, 2011 at 7:00

Publicado en música

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O se tiene o no se tiene

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Lonely Boy, de The Black Keys.

 

 

Written by cristian campos

27 octubre, 2011 at 7:00

Publicado en música

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¿Se acuerdan…

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…de cuando las europeas eran el colmo del glamour y la sofisticación, París el centro del mundo y los italianos el ideal de belleza masculina?

 

 

Written by cristian campos

11 octubre, 2011 at 7:00

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