el pandemonium

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20 libros para perder la fe

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(Publicada en el blog de Arcadi Espada el 17 de octubre de 2010)

 

1
…en las religiones: Romper el hechizo (Daniel C. Dennett)


Concebido como un análisis del fenómeno religioso, Romper el hechizo es uno de los libros más demoledores jamás escritos contra la idea de dios. Al diseccionar la religión del mismo modo que se disecciona un virus, Dennett se convierte en el aguafiestas que revela los intríngulis del truco en plena actuación del mago. ¿Y quién es el inocente capaz de emocionarse con la farsa cuando ya sabe que la chica no ha sido en realidad cortada a pedazos?

 

2
…en la influencia del entorno: La tabla rasa (Steven Pinker)


¿Cómo una idea tan desprestigiada y radicalmente contraria al sentido común como la de la negación de la naturaleza humana ha logrado convertirse en la hipótesis por defecto de la política, la psicología y la sociología contemporáneas? Quizá porque la alternativa supone aceptar la desigualdad innata de los seres humanos. A raíz de la publicación de este libro, la revista Time incluyó a su autor, el psicólogo evolutivo Steven Pinker, en la lista de los 100 pensadores más influyentes de 2004.

 

3
…en el socialismo: La gran mascarada (Jean-François Revel)


Ateo, liberal y polemista vocacional, Jean-François Revel tenía todos los boletos de la rifa para convertirse en el enemigo público número 1 de la intelectualidad de izquierdas europea. Y para colmo era francés, lo que añadía a los cargos habituales el de alta traición. Sólo Oriana Fallaci con La fuerza de la razón ha acumulado más insultos que Revel con La gran mascarada.

 

4
…en la filosofía: El universo elegante (Brian Greene)


Después de leer un libro como este, salta la liebre de la duda: ¿para qué sirve la filosofía (la especulación) cuando la ciencia (el saber) está mucho más cerca de responder todos los interrogantes del conocimiento humano? Incluido, por supuesto, el de la pregunta esencial de Leibniz: ¿por qué hay algo en vez de nada?

 

5
…en la pedagogía contemporánea: Panfleto antipedagógico (Ricardo Moreno Castillo)


Quizá estemos exagerando y el actual sistema educativo español no sea el peor de la historia de este país. Quizás los adolescentes de hoy en día no sean significativamente más zotes que los de hace 30 años. Quizá no sea cierto que como sociedad hemos optado por ciscarnos en cualquier leve brote de meritocracia, y premiar la mediocridad y la indiferenciación. Pero vive dios que lo parece.

 

6
…en el buen salvaje: El antropólogo inocente (Nigel Barley)


El antropólogo inocente del título llega a África dispuesto a corroborar experimentalmente todas sus ideas preconcebidas sobre la bondad y la sabiduría innata del buen salvaje y se encuentra con una tribu de cafres de lógica surrealista (los dowayos) que se muestran incapaces de distinguir la huella de una moto de la de un ser humano, que piden a gritos una metralleta para acabar con las patéticas manadas de antílopes que corren por la sabana, y que admiran la alta efectividad de los pesticidas que el gobierno les ha entregado para sus cultivos de algodón: “es maravilloso: lo echas al río y lo mata todo, peces pequeños y grandes, a lo largo de kilómetros”.

 

7
…en el idealismo político: Diplomacia (Henry Kissinger)


Sin ninguna duda, y junto con El príncipe de Nicolás Maquiavelo, la biblia del realismo político, además de uno de los libros más reveladores jamás escritos sobre el arte de la diplomacia y las relaciones internacionales. Por aquellos detalles en los que no entra Kissinger en Diplomacia escribió Christopher Hitchens su Juicio a Kissinger.

 

8
…en la muerte: El año del pensamiento mágico (Joan Didion)


Frente a las docenas de libros de autoayuda que pretenden darle un sentido a la muerte, la periodista estadounidense Joan Didion narra con una prosa gélida, casi deshumanizada, la muerte repentina de su marido mientras su hija intenta superar un choque séptico en un hospital de Nueva York, y la muerte de esa misma hija un año más tarde, cuando se recupera de una hemorragia cerebral. Si la muerte tiene algún sentido, desde luego no está en El año del pensamiento mágico, un libro, a pesar de todo, paradójicamente consolador.

 

9
…en Europa: Estados Unidos. La historia (Paul Johnson)


El eslogan de la CNN está pasando, lo estás viendo podría hacer referencia tranquilamente a la consolidación de los EE UU como única hiperpotencia mundial, una hazaña vista, digerida y analizada en tiempo real por todos los habitantes del planeta por primera vez en la historia. De Europa, en cambio, lo que hemos visto en vivo y en directo ha sido su lenta, antipática y criminal decadencia a lo largo del siglo 20.

 

10
…en el ecologismo: El ecologista escéptico (Bjørn Lomborg)

Visto lo visto, habrá que pensárselo dos veces antes de poner en cuarentena aquellas teorías científicas o políticas que, como la de la responsabilidad humana en el calentamiento global, encajan como un guante en los prejuicios de grupos de presión redentoristas. En este caso, los ecologistas y su teoría sobre la maldad intrínseca de la globalización, el libre mercado y el progreso tecnológico, en oposición a la supuesta bondad del estado de naturaleza primigenio. Bjørn Lomborg, ex miembro de Greenpeace, lo hizo con su libro El ecologista escéptico y lo más bonito que le han dicho desde entonces es puta arrepentida. Para solaz de los apocalípticos, Lomborg parece haber vuelto al redil con su último libro, Smart Solutions to Climate Change.

 

11
…en el orden y la predictibilidad: El cisne negro (Nassim Nicholas Taleb)


Es más o menos sabido que los seres humanos solemos acertar en nuestras previsiones hasta que fallamos en ellas, pero el mérito de Nassim Nicholas Taleb consiste en haber construido un sólido puente argumentativo entre la ¿ciencia? de la gestión de la incertidumbre y ese principio básico de la física cuántica que dice que cualquier hecho con una probabilidad ínfima de suceder acabará sucediendo si se le da el tiempo suficiente para ello. Así que la próxima vez que tu cerebro encuentre una pauta subyacente, recuerda esto: probablemente miente. Un libro a complementar con Freakonomics (Steven Levitt y Stephen J. Dubner), otro de esos que pueden hacerte perder la fe. En este caso, en la ciencia económica.

 

12
…en los Beatles: Viajando con los Rolling Stones (Robert Greenfield)


Elvis Costello y Félix de Azúa lo resumieron a la perfección: “¿Fue un millonario el que dijo ‘imagina que no existen las posesiones?” (Elvis Costello, en referencia a John Lennon), y “Una historia enternecedora: la de un grupo de suicidas que se mata a horas fijas, y el encantador público que acude al escenario” (Félix de Azúa). El libro, por cierto, es la mítica crónica de la mítica gira estadounidense de la tribu de los Rolling Stones en 1972. O, negro sobre blanco, la piedra fundacional del nuevo periodismo musical tal y como lo entendía en la década de los 70 la revista Rolling Stone.

 

13
…en la Alianza de Civilizaciones: El choque de civilizaciones (Samuel P. Huntington)


Uno de esos libros de los que se suele hablar peyorativamente sin haberlo leído. Si hemos de ser justos, la obra de Huntington, basada en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs en 1993, acierta tanto como falla en sus predicciones, aunque su mérito no radica tanto en su capacidad profética como en su habilidad para localizar y señalar las fallas que amenazan las placas tectónicas de las diferentes civilizaciones. En otro orden de cosas, como antídoto contra la Alianza de Civilizaciones es mano de santo.

 

14
…en el relativismo cultural: El asedio a la modernidad (Juan José Sebreli)


El existencialismo, el funcionalismo, el orientalismo, el deconstructivismo, el psicoanálisis lacaniano y el posmodernismo tienen todos algo en común, además de su fuerte tufo a pachuli: su voluntad de exterminio de cualquier traza de modernidad y progreso. Su relativismo, en resumen, heredado del antioccidentalismo y la cháchara pedante y oscura del filósofo alemán Martin Heidegger. De ahí la extrañeza de Juan José Sebreli cuando ve que tales movimientos y disciplinas pasan por revolucionarias y rebeldes cuando no son más que la regurgitación setentera de un romanticismo derechista que vuelve, y vuelve, y vuelve a volver…

 

15
…en los intelectuales franceses: Más allá de las imposturas intelectuales (Alain Sokal)


¿Qué tendrá el agua de París para que su intelectualidad de izquierdas le dé sistemática bola a cualquier idea absurda y reaccionaria con la que se tope, siempre que esta sea lo suficientemente irracional y antioccidental, y para hacerlo además con esa prosa farfullante, hueca, ignorante y mentirosa que ya denunció el mismo Sokal en Las imposturas intelectuales? Más allá de las imposturas intelectuales es una recopilación de artículos que amplían la tesis del libro original, aunque tras su lectura queda la sensación de que más que una denuncia de la mentira y la impostura de los crecepelos de la intelectualidad de izquierdas europea, lo que late en el fondo de estos dos libros es un ajuste de cuentas entre viejas momias marxistas.

 

16
…en la discriminación positiva: La discriminación positiva en el mundo (Thomas Sowell)


No deberían hacer falta datos y estadísticas para posicionarse en contra de la discriminación positiva, igual que no hacen falta datos y estadísticas de lapidaciones para saber que lapidar al prójimo está mal, tenga o no efectos disuasorios. Pero Thomas Sowell recoge esos datos y estadísticas para demostrar que la discriminación positiva no es sólo uno de esos pequeños fascismos cotidianos impuestos a sus ciudadanos por la izquierda occidental, sino que, además, consigue exactamente lo contrario de lo que se propone. Es decir, que no funciona.

 

17
…en dios: Dios no es bueno (Christopher Hitchens)


En la batalla de la ciencia contra la superstición, Dawkins sería el General de Brigada del ejército racionalista, Dennett el saboteador que envenena el suministro de agua del ejército enemigo y Hitchens una bomba de fragmentación con una capacidad de discriminar objetivos cercana al cero patatero. A Hitchens le da igual cristianismo que islam que judaísmo: para él todas las supersticiones son “rollos”, y si buscas finura argumental te jodes, te apuntas a un curso de escritura y te escribes un libro fino tú mismo. Hitchens, por cierto, también dice que las mujeres no son divertidas. Y lo argumenta racionalmente.

 

18
…en tu cociente intelectual: ¿Está ud. de broma, Sr. Feynman? (Richard P. Feynman)


Alguien capaz de aplicar el método científico al ligoteo en bares de topless (con éxito apabullante, todo hay que decirlo) y de pasarse días enteros abriendo cajas fuertes “por diversión” es obviamente alguien muy especial. Lo del Premio Nobel de Física en 1965 o el desarrollo de los diagramas de Feynman sólo echan más sal a la herida: si este tipo no era el más listo del mundo, lo parecía. Cualquier cosa que hagas palidecerá a su lado. Cualquiera. Incluso si te conviertes en un maestro de los bongos. Porque Feynman también tocaba los bongos.

 

19
…en la contracultura: Rebelarse vende (Joseph Heath y Andrew Potter) y Rastros de carmín (Greil Marcus)


Dos caras de la misma moneda. Rebelarse vende es exactamente lo que su nombre dice: un ensayo sobre el atractivo comercial de lo rebelde, y, secundariamente, una crítica a esa gran mentira para adolescentes eternos llamada contracultura. Rastros de carmín es, por su parte, el libro preferido de los gafapastas de todo el mundo, un estudio sobre las supuestas conexiones entre varios de los movimientos culturales radicales del siglo 20 y sus teóricos antecesores: el punk, el situacionismo, el dadaísmo y, atención, las sectas milenaristas medievales, en un salto con pértiga narrativo que ríete tú del mítico corte de plano de 2001: Una odisea del espacio.

 

20
…en la política: Fear and Loathing on the Campaign Trail ’72 (Hunter S. Thompson)


Con una capacidad de provocar fascinación en el lector similar a la de provocar hastío y cansancio, Fear and Loathing on the Campaign Trail ’72, una recopilación de artículos, entrevistas y apuntes personales escritos por el periodista gonzo Hunter S. Thompson para la revista Rolling Stone durante la campaña presidencial estadounidense de 1972, es uno de los textos de periodismo político más heterodoxos y alucinados de todos los tiempos. ¿Para cuándo la crónica de una campaña electoral española a cargo del crítico de toros del diario de turno?

 

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Written by cristian campos

22 septiembre, 2011 at 7:00

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Algunos monólogos irreverentes

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(Publicada en el blog de Arcadi Espada el 26 de diciembre de 2010)

 

1. Eddie Izzard

Según los geólogos y geofísicos modernos, la Tierra tiene una edad aproximada de 4.500 millones de años. Pero si eres cristiano, probablemente preferirás creer que la tierra tiene únicamente 6.000 años. Para el cómico británico Eddie Izzard, una de las dos opciones es, obviamente, incorrecta. Izzard, cuyo sentido del humor le debe mucho a la escuela de los Monthy Python, también tiene peculiares ideas sobre cómo construir un imperio, asesinar posteriormente a millones de personas y acabar siendo quemado en una zanja durante tu luna de miel.

2. Ricky Gervais

Posiblemente uno de los cómicos más políticamente incorrectos que jamás haya pisado un escenario. Y nadie puede acusarle de cobardía: en sus monólogos, Gervais ironiza con flema británica sobre el Holocausto, Ana Frank y la Biblia, objetivos obvios y políticamente correctos por los que ningún izquierdista se atreverá a sentirse ofendido, pero también sobre los gays, que ya son harina de otro costal y que suelen tener un sentido del humor menos flexible que los judíos.

3. Chris Rock

El vociferante Chris Rock, un tipo mucho más ácido e ingenioso en sus monólogos que en las películas en las que aparece como actor, es uno de esos cómicos (negros) que, como Eddie Murphy o Bernie Mac, ha encontrado un filón en la ridiculización de los estereotipos raciales. Lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que en los EE UU se puede decir todo lo que quieras de cualquier grupo racial o social siempre y cuando… pertenezcas a ese grupo racial o social. En la práctica, no suele verse jamás a un negro criticar a un judío (o viceversa), salvo en el caso de la corrosiva…

4.  Sarah Silverman

Tras la gigantesca polémica desatada cuando se atrevió a usar la palabra chink (despectivamente en inglés, chino) en el late show Late Night With Conan O’Brien, la extremadamente ácida (y muy judía) Sarah Silverman decidió cerrar el asunto con la frase “he aprendido que el racismo es malo, y quiero decir malo como de una manera negra”. Nada sorprendente en alguien que culpa a los negros de la muerte de Cristo, o que cree que una buena manera de acabar con el hambre en el mundo sería vender el Vaticano.

5. Louis CK

¿Algunas vez has tenido tan poco dinero que el banco ha empezado a cobrarte dinero por tener poco dinero? Así empieza uno de los más famosos monólogos del cómico de Boston Louis CK, una reflexión hilarante sobre el absurdo cotidiano, sector banca y finanzas. Como este otro, sobre Bill Gates. Aunque si ustedes no están en quiebra, pero tienen hijos, quizá se sentirán más identificados con este monólogo.

6. Bill Hicks

La quintaesencia del cómico estadounidense conspiranoico, depresivo, alcohólico y misántropo, uno de esos para los que el show era tan sólo una excusa para descargar su inagotable odio contra la humanidad en pleno. Asistir a uno de sus monólogos, en palabras de los que tuvieron el privilegio en su momento, era una experiencia esquizofrénica: resultaba difícil adivinar si debías reír con él o salir huyendo de la sala, por lo que pudiera pasar. Bill Hicks murió de un cáncer de páncreas en 1994.

7. Bill Maher

El cómico preferido de los demócratas estadounidenses, aunque ellos también suelen recibir estopa en sus habituales sátiras sobre lo políticamente correcto. Sus monólogos pueden resultar un poco obvios (sus blancos preferidos son Bush, los republicanos, Rudy Giuliani y la religión organizada, nada excesivamente original ni arriesgado), pero nadie le podrá negar el ingenio. En otro orden de cosas, Bill Maher es miembro consejero de la fundación The Reason Project, dedicada a la divulgación de la ciencia y los valores seculares.

8. Jim Carrey

¿Creen que Jim Carrey es tan sólo un chistosillo histriónico más de los que tanto abundan en la comedia estadounidense contemporánea? Antes de convertirse en uno de los actores de comedia mejor pagados de los 90, Jim Carrey era uno de los cómicos monologuistas más innovadores de la escena estadounidense. ¿Su mérito? Haber sabido distanciarse del estereotipo del cómico neoyorquino ácido e irreverente, de vuelta de todo y de pose amarga, para optar por un humor mucho más blanco y tradicional, basado en las muecas y la payasada pura y dura.

9. Lewis Black

Me encantaría creer que la Tierra ha sido creada en siete días, pero… yo pienso”. Así empieza el conocido monólogo del cómico estadounidense Bill Hicks sobre la evolución, los fósiles y los fanáticos religiosos de toda laya y condición. Menos conocido que el resto de los integrantes de esta lista, Lewis Black es uno de los humoristas preferidos de aquellos a los que les gusta reírse de los sospechosos habituales (la derecha, los cristianos renacidos, la América profunda) pero sin temor a incómodas sorpresas desagradables como las que suele dejar caer Sarah Silverman de tanto en cuanto, capaces de congelar la sonrisa del respetable.

10. Eddie Murphy

Otro de esos tipos cuya carrera como monologuista pasó relativamente desapercibida (fuera de los EE UU) cuando en realidad esta era bastante más interesante que su faceta como actor de comedia. En el caso de Eddie Murphy, y vistos con la distancia del tiempo, sorprende lo abiertamente machista y homófobo de sus monólogos más conocidos, que no serían recibidos ahora con la misma naturalidad que hace apenas unos años. ¿Se imaginan a alguien bromeando sobre el SIDA hoy en día? Es más, ¿se imaginan a alguien bromeando sobre el SIDA hoy en día, con esos pantalones?

 

Written by cristian campos

20 septiembre, 2011 at 7:00

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12 mezclas no multiculturales

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(Publicada en el blog de Arcadi Espada el 13 de marzo de 2011)

 

1. The Mars Volta

The Mars Volta, una banda de El Paso (Texas) compuesta por Omar Rodríguez-López, de origen puertorriqueño, y Cedric Bixler-Zavala, californiano de padres mexicanos, es la versión tex-mex de un Carlos Santana lacado en LSD. Avisados quedan de que lo de Mars Volta es un gusto adquirido: su música es una extraña mezcla de rock progresivo, jazz, hardcore y ritmos latinoamericanos. Aquí tienen su faceta satánico-latina, aquí un ejemplo de sus palos más santanero-psicodélicos, y aquí su cara más abrupta. Porque en The Mars Volta hay de todo, como en botica. Por cierto: Cedric Bixler-Zavala es uno de los pocos cantantes de sexo masculino capaces de alcanzar el llamado registro de silbido, el más agudo de todos los posibles (se sitúa más allá del falsete) y al que sólo suelen llegar mujeres y niños.

2. Masada (John Zorn)

Masada es uno de los proyectos del saxofonista neoyorquino de origen judío John Zorn, un cuarteto, trío o sexteto sin componentes fijos que mezcla el free jazz de Ornette Coleman o Sonny Rollins con la música de raíces judías, y muy especialmente el klezmer. En cualquier caso, no hace falta irse muy lejos para toparse con el Zorn más vanguardista: cualquiera de sus innumerables discos, incluidas bandas sonoras, es un terremoto sónico que sacude los cimientos de todos los géneros musicales que toca.

3. Gonjasufi

Si el destino te ha hecho nacer en San Diego (California) de madre mexicana y padre etiope-americano, lo menos que puedes hacer para honrar tamaña mezcla de genes es dedicarte a dar clases de yoga y a grabar un disco en el que se mezclen el hip hop, el funk y la psicodelia. Denle al play y comparen la aproximación al flamenco de Gonjasufi con esos engendros mestizos para chill outs ibicencos que tenemos que sufrir en este nuestro país. Y después háganse cruces.

4. Sepultura

Trash metal made in Belo Horizonte + ritmos tribales brasileños. No creo que haga falta decir mucho más.

5. Sun City Girls

Sun City Girls, un trío de rock experimental de Phoenix (Arizona) a medio camino de David Lynch y Rachid Taha, era uno de esos grupos cuyo éxito comercial es inversamente proporcional a la pasión que desatan entre sus escasísimos pero militantes fans. Yo, que ya no tengo tiempo para experimentos musicales, vanguardias atorrantes y demás abortos sonoros para pedantes sin vida social, he de confesar que tragarse de cabo a rabo un disco de Sun City Girls es una tarea para toreros del mp3. Eso sí: dos de sus discos, Torch of the Mystics, de 1990, y Funeral Mariachi, del año pasado, son un auténtico bocatto di cardinale.

6. Frank Zappa

El rey del pastiche sonoro. Para muestra, esta versión en directo del mítico Stairway to Heaven de Led Zeppelin en el que la sección de viento clava nota a nota (a partir del minuto 5:40) el que es posiblemente el solo de guitarra más famoso de la historia del rock. Como suele ocurrir con Franz Zappa, resulta difícil saber dónde acaba el homenaje y empieza la broma.

7. Gold Panda

¿Conocen a una tal M.I.A.? M.I.A., siglas de “missing in action”, es una cantante londinense de origen tamil, revolucionaria a tiempo parcial e icono de la modernidad gracias a vídeos como este, dirigido por Romain-Gavras, el hijo de Costa-Gavras. Ya saben, una de esas tipas tope guay capaces de decir imbecilidades como “quemar una escuela con 800 niños en el nombre de la lucha contra el terrorismo no mola nada”. La buena noticia es que si quieren escuchar una interesante mezcla de ritmos africanos y asiáticos, pop electrónico y experimentación amable no tienen por qué acudir a M.I.A.: se quedan con el mucho más agradable y discretito Gold Panda y se ahorran las tonterías de la petarda esta.

8. King Crimson

No necesitan mucha presentación, ¿cierto? Puestos a escoger, me quedo con su etapa new wave de principios de la década de los 80 y con los discos Discipline (1981) y Beat (1982). Ambos muestran una visión (aún) más intelectualizada del funk y los ritmos africanos que la defendida por David Byrne y Brian Eno en Remain in Light (1980).

9. Juana Molina

La marcianísima Juana Molina: de oficio cantante, ex comediante televisiva y argentina rara donde las haya. Imaginen una Laurie Anderson porteña con querencia por las atmósferas oníricas, los bucles de sonido y el folklore latinoamericano.

10. Gang Gang Dance

Hay dos tipos de world music: la choricera y la de verdad. La choricera es la que suena allí donde haya un comisario cultural organizando fiestas populares a cargo del presupuesto público. La de verdad se produce en Nueva York, al igual que la mejor cocina francesa se come hoy en día en Los Angeles. ¿Quieren un ejemplo? Gang Gang Dance, una banda neoyorquina de música experimental pero 100% audible que, por cierto, acaba de editar su nuevo disco, Eye Contact. Por lo oído (denle al play), el nuevo disco tirará por su lado más ambient en detrimento del más tribal.

11. Brian Eno y David Byrne

El primer disco que fusionó la música ambient, la world music y la experimentación pura y dura fue también el último. O, mejor dicho, el último que merecía la pena escuchar hasta la llegada de Gang Gang Dance. El disco es, por supuesto, My Life in the Bush of Ghosts. 30 años después de su lanzamiento, nadie ha sido capaz de superar una obra que demolió unas cuantas decenas de ideas preconcebidas sobre cómo debería sonar la world music al mezclar ceremonias exorcistas, funk, emisiones radiofónicas varias, electrónica y cánticos religiosos árabes, entre muchos otros items sonoros de ignota procedencia.

12. Richard Bishop

Richard Bishop es un guitarrista de Phoenix (Arizona) heredero del John Fahey más aventurero y del Ravi Shankar más occidentalizado. Su música recorre la ruta gitana que empieza en la India, pasa por los Balcanes y acaba en Andalucía y Marruecos, aunque también desprende un aroma country y tex-mex que tumba de espaldas. A fin de cuentas, un desierto es un desierto, aquí, en Arizona o en la Península Arábiga.

 

Written by cristian campos

18 septiembre, 2011 at 7:00

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20 películas de izquierdas, sin orden ni concierto

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(Publicada en el blog de Arcadi Espada el 10 de octubre de 2010)

 

1. Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002)


El obrero interpretado por Javier Bardem pierde su trabajo en los astilleros y se dedica a rascarse los huevos a dos manos, pulirse el paro en el bar y plantar su despierta mirada en los escaparates de su ciudad. Como puede observarse, se trata de una agudísima reflexión made in Spain sobre la vivencia de la desocupación.

2. 
Avatar (James Cameron, 2009)


Sin rodeos: Avatar es el delirio hortera e infantiloide de un millonario de izquierdas con remordimientos. Lo tiene todo: indigenismo, misticismo, ecologismo, satanización del progreso y la tecnología, anticapitalismo… Y todo ello con una estética tie-dye capaz de provocar terribles ataques epilépticos en el espectador.

3
. En tierra peligrosa (Steven Seagal, 1994)

Tras digerir el mítico monólogo ecologista de Steven Seagal por el que es famosa esta película, es probable que olvides que la naturaleza también es el virus Ébola. Por el camino a su soliloquio, Seagal le ha roto la traquea a coces a unos cuanto sicarios del mal y del capital, demostrando que el zen no es violencia hasta que se le acaba la paciencia.

4
. JFK (Oliver Stone, 1991)


La biblia de los conspiranoicos. Según Oliver Stone, a JFK lo asesinó la CIA en connivencia con los empresarios texanos del petróleo, los cubanos de Miami, el partido republicano y algún que otro freak que corría suelto por ahí. Tras ver la película acabas deduciendo que las reuniones para planificar el atentado se debían celebrar en el Madison Square Garden, entre vendedores de globos de colores, toneladas de palomitas azucaradas y amplia profusión de chapitas con el lema Yo también conspiré contra JFK.

5. 
Bowling for Columbine (Michael Moore, 2002)


El Protocolo de los Sabios de Sión encierra más verdades que la filmografía completa de Michael Moore, pero Bowling for Columbine refulge con esplendor como su obra cumbre al alcanzar cotas siderales de demagogia y manipulación. Algunos valientes internautas se han dedicado a fiskearla plano a plano.

6. 
Crash (Paul Haggis, 2004)


Una de esas películas que los progres van a ver sólo para que el director y el guionista les insulten un rato. En este caso, el insulto en concreto es racista. La novedad es que en Crash todos los personajes son racistas, negros y asiáticos incluidos, lo que añade un matiz interesante al topicazo. De ahí a las pintadas de Bin Laden, mátanos a todos sólo hay un paso. Mención aparte merece su slogan en español, una joya de la ininteligibilidad poética izquierdista: Cuando te mueves a la velocidad de la vida… acabas por chocar con los demás. Y olé.

7. 
Diarios de motocicleta (Walter Salles, 2004)


Hagan el ejercicio mental: imaginen una película que narre los bucólicos paseos campestres de un Bin Laden adolescente encantador, lleno de vida y de pasión. ¿Lo pillan? Pues eso es Diarios de motocicleta, sólo que con el Che Guevara en el lugar de Bin Laden.

8
. El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989)

La película que inspiró la política educativa del actual gobierno español, tufillo homoerótico incluido, y con eso está dicho todo. Porque ellos saben que, en realidad, todo español lleva un poeta atormentado en su interior.

9. 
Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957)


Su escena final vale por todos los alegatos antimilitaristas que en el mundo han sido, y en esta afirmación no hay ironía alguna. Eyes Wide Shut, por cierto, podría haber aparecido tranquilamente en la lista de las 20 de derechas, pero no cabían todas.

10
. Do the Right Thing (Spike Lee, 1989)


La película que lanzó la moda de llamar afroamericanos a tipos que en su vida han dado un solo paso fuera de los 183 kilómetros cuadrados del distrito de Brooklyn. Y ya saben lo que le contestó Sidney Poitier a Michael Caine cuando, durante un rodaje en Kenia, este le preguntó si notaba sus raíces africanas: “No consiguen atravesar mis zapatos Gucci, Michael”.

11. 
Lloviendo piedras (Ken Loach, 1993)


Su título lo dice todo: a la clase obrera los males le caen del cielo. Y es que cualquier relación de causa-efecto entre las acciones y decisiones de un currante y su vida es pura coincidencia.

12
. Titanic (James Cameron, 1997)


Vista la película, da la sensación de que a James Cameron la historia del iceberg nunca debe haberle convencido del todo. Quizá su versión alternativa del hundimiento del Titanic mostraba a un estirado pasajero de primera clase, no demasiado despierto él, abriendo un boquete en el casco del barco con una copa balón de Soberano rota al grito de “esto está lleno de obreros, al fondo del mar con ellos”.

13
. Ciudadano Bob Roberts (Tim Robbins, 1993)


¿Cómo se puede acentuar aún más la maldad de un candidato republicano al senado al que ya dibujas como fascista, mentiroso, corrupto e hipócrita? Fácil: lo conviertes en un cantante de folk que adorna sus canciones ultraconservadoras con el aroma de lo rebelde, que ya se sabe que es patrimonio exclusivo de la izquierda.

14
. El club de la lucha (David Fincher, 1999)


Transmite fielmente la idea de que para ser libre hay que matar a la familia, a dios, a la sociedad y a tus maestros. Y cuando los has matado a todos, revientas a bombazos los símbolos del poder financiero internacional (vulgo oficinas) y te quedas con la chica. Eso sí: la frase final es de traca. Y nunca mejor dicho.

15. 
Naves misteriosas (Douglas Trumbull, 1971)


Entrañable. Se le perdona todo: su mensaje ecologista facilón, su justificación del asesinato en aras de un bien supuestamente superior, la cara avinagrada de Bruce Dern, las canciones de Joan Baez… Por cierto: un novato Michael Cimino aparece en los créditos como co-guionista.

16
. Wall Street (Oliver Stone, 1997)


Una de esas obras que, como Lolita de Nabokov, logran consolidar un arquetipo. En este caso, el ejecutivo millonario Gordon Gecko, autor de las frases “el dinero nunca duerme” y “la codicia, a falta de una mejor palabra, es buena: funciona“.

17
. Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991)

La road movie feminista por excelencia, y una película directamente incomprensible para ningún miembro de la raza humana que cuente con un cromosoma Y en el par 23. De hecho, Susan Sarandon es algo así como la piedra filosofal del izquierdismo: todo lo que ella toca se convierte en progre en menos que canta un gallo.

18
. American Beauty (Sam Mendes, 1999)


Contracultura para todos los públicos. Joseph Heath y Andrew Potter le dedican a la película varias páginas de su libro Rebelarse vende (Taurus), en el que defienden la tesis de que la contracultura ha sustituido al socialismo como base del pensamiento político progresista. Que dios nos coja confesados si tienen razón.

19. 
John Q (Nick Cassavettes, 2002)


De la premisa “¿quién le negaría a un niño un trasplante de corazón?” a la conclusión “con un sistema de sanidad pública universal no pasarían estas cosas” sin pasar por las etapas intermedias del razonamiento deductivo. Que haberlas haylas.

20. 
Munich (Steven Spielberg, 2005)

¿Sueñan los agentes secretos del Mossad con las caras de los terroristas palestinos a los que han asesinado? Según Spielberg, sí. A mí me tranquiliza más pensar que aquellos que velan por nuestra seguridad tienen la sensibilidad de un canto rodado y el instinto asesino de un tiburón. Y que sea así por los siglos de los siglos, amén.

 

Written by cristian campos

14 septiembre, 2011 at 7:00

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20 películas de derechas, en orden de excelencia

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(Publicada en el blog de Arcadi Espada el 3 de octubre de 2010)

 

1. 
Master and Commander (Peter Weir, 2003)


Si los valores tradicionales masculinos existen, están todos a bordo de la fragata de guerra Surprise: orden, razón, honor, valentía, fidelidad, jerarquía, meritocracia… Una película directamente incomprensible para cualquier miembro de la raza humana que cuente con dos cromosomas X en el par 23.

2. 
El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008)


Para Batman, “juicio justo” es sólo un eufemismo del mamporro escacha-cráneos preventivo. El hombre murciélago es, para que nos entendamos rápidamente, el superhéroe de derechas por excelencia en oposición a Superman, un blandito bonachón que votaría Zapatero sin dudarlo caso de haber nacido en Barcelona en vez de en Krypton.

3
. Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975)


Ese hospital psiquiátrico en el que la mayoría de los pacientes son reclusos voluntarios, tarados incapaces de afrontar su libertad; esa Chacón de la Vega como enfermera jefa dispuesta a reprimir toda tentación de individualidad a golpe de lobotomía; esas sesiones de terapia grupal en la que todos los chalados tienen voz y voto en plano de igualdad… ¡España 2010!

4. 
En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2009)


Pagaría por saber la opinión del feminismo oficial sobre esta película y más en concreto sobre Kathryn Bigelow, una mujer con la inteligencia emocional de un tejón rabioso, capaz de dirigir una película cuyo protagonista encuentra el sentido de la vida en… los chutes de adrenalina. Y al amor, la familia, la empatía y los sentimientos, que los zurzan. Que levante la mano el que no disfrutó como un cosaco cuando la belicista, masculina y fascistoide Bigelow le quitó el Oscar a la Mejor Película a su muy progre ex marido, James Cameron.

5
. Perros de paja (Sam Peckinpah, 1971)

Sólo hace falta una esposa ligera de cascos y unos cuantos pueblerinos en estado de celo (¡el buen salvaje!) para que un pacífico y enclenque matemático urbanita, partidario de la ley y la razón, se convierta en una auténtica bestia parda. La sonrisa final de Dustin Hoffman lo dice todo: la violencia extrema libera tensiones larvadas.

6
. 300 (Zack Snyder, 2006)

Un grupo de soldados espartanos con un sentido del honor y la libertad más recto que una vara de fresno se enfrenta a una horda de bárbaros deformes liderados por un tirano gay procedente de Oriente Medio. Sólo la traición de un minusválido resentido, sobornado con promesas de sexo libre y subvenciones varias, logra hacerles morder el polvo.

7
. Cuando éramos soldados (Randall Wallace, 2002)


Son vietnamitas como podrían ser sioux, soviéticos o talibanes. El mensaje no cambia así pasen los eones, y uno no sabe ya si admirarles el lema o la insistencia: “dios, patria y libertad”. Atentos al detalle del prólogo: allí donde a los franceses les dieron para el pelo (mención especial para el de la trompetita), los marines triunfan.

8. 
Black Hawk derribado (Ridley Scott, 2001)


Una de zombis, pero con somalíes armados hasta las cachas en lugar de muertos vivientes. Como anuncio de reclutamiento para las fuerzas especiales del ejército de los EE UU no tiene rival.

9
. Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2007)


Sí, un retrato muy poco halagüeño del capitalismo y la codicia desmedida, pero también una glorificación del individuo pragmático y realista enfrentado a la hipocresía de los salvadores de almas y sus ideologías redentoristas. En este caso, la religión.

10
. La edad de la ignorancia (Denys Arcand, 2007)


He aquí el tedio existencial y el absurdo cotidiano de una sociedad perfectamente igualitaria: todos igual de muertos de asco. En el papel del asesino, una burocracia que existe únicamente para justificarse a sí misma.

11
. La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2007)


El comunismo, eviscerado y retratado en todo su esplendor de casquería à la page. El regalo ideal para todos aquellos que dicen que el comunismo no funcionó porque se aplicó mal: habría que preguntarles qué maravilloso cesto harían ellos con esos mimbres…

12
. Brazil (Terry Gilliam, 1985)

En el futuro distópico de Brazil, la burocracia y el papeleo han engullido literalmente a los ciudadanos, y los lampistas y fontaneros que operan al margen del gobierno son considerados terroristas. Se recomienda el visionado de Brazil antes de pasar por el trance kafkiano de dar de alta una PYME en España. Más que nada, para saber a qué atenerse.

13
. United 93 (Paul Greengrass, 2006)


Una película en la que el personaje odioso no es sólo el terrorista, sino también el pasajero llorón que, acurrucado bajo su butaca, intenta convencer al resto de pasajeros de que eviten el enfrentamiento y dialoguen con los secuestradores.

14. 
Dogville (Lars von Trier, 2003)


El danés quiso lanzar sus dardos de socialdemócrata espanta-abuelas contra la sociedad estadounidense y va y le sale una lúcida reflexión sobre la naturaleza humana: muestra bondad y compasión, es decir debilidad, y serás carne de cañón. Y luego tendrás que ametrallarlos a todos.

15. 
Harry el Sucio (Don Siegel, 1971)

¿“Reinserción”? ¿“Presunción de inocencia”? ¿“Principio de proporcionalidad”? ¿“Habeas corpus”? Mariconadas.

16
. El manantial (King Vidor, 1949)

Ayn Rand es el caballo de Atila de la socialdemocracia: allí donde se leen sus libros jamás vuelve a crecer un solo votante de izquierdas. “La persona que ama a todo el mundo y se siente en su casa en todos los sitios es la que verdaderamente odia a la humanidad. No espera nada de los hombres y, por lo tanto, ninguna forma de depravación puede indignarle“. ¿Les suena?

17. 
Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997)


Basada en la novela del mismo nombre de Robert A. Heinlein, que defiende ideas tan políticamente incorrectas como el sufragio selectivo, la igualdad real de hombres y mujeres (¡loor a esas duchas mixtas!) o la superioridad de los valores militares sobre los civiles, Starship Troopers es ciencia ficción de serie B con mensaje: la meritocracia funciona, aquí y en la galaxia de al lado.

18
. Cuando el destino nos alcance (Richard Fleischer, 1973)

La seguridad social y el estado del bienestar, llevados a su corolario lógico: la eutanasia masiva de viejos e incapaces, a cargo del presupuesto del estado.

19
. En busca de la felicidad (Gabriele Muccino, 2006)

Logra que te duelan las arterias del subidón de azúcar, pero el mensaje no puede estar más claro: trabaja, persevera, trabaja más, persevera aún más, y saldrás adelante. “Cuando la gente no puede hacer algo, te dice que tú tampoco puedes”: el reverso luminoso y vitalista de Los lunes al sol.

20
. Juno (Jason Reitman, 2007)

Ejercicio: leer las críticas de esta peliculita independiente que se publicaron en su momento en los principales diarios españoles y maravillarse de la habilidad de la izquierda para esquivar su mensaje antiabortista por el sutil método de darle bola al pasado como stripper de su guionista Diablo Cody. ¿Ves la pelotita antiabortista, la ves? Pues ale-hop: ahora lo que ves son las tetas de la guionista.

 

Written by cristian campos

13 septiembre, 2011 at 7:00

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Los 15 mejores apocalipsis: pa’lo que me queda en el convento me cago dentro

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(Publicada en el blog de Arcadi Espada el 30 de enero de 2011)

 

1. Akira (Katsuhiro Otomo, 1982-1993)

Un gigantesco manga de más de 2.000 páginas en el que no falta ninguno de los ingredientes de un apocalipsis como dios manda: devastaciones nucleares, bandas callejeras, megalópolis decadentes, tecnología incomprensible, científicos borrachos de poder, cultos mesiánicos, luchas de poder entre facciones políticas, golpes militares, sectas milenaristas, reflexiones sobre el superhombre nietzschiano, física cuántica, el Big Bang, influencias de Stanley Kubrick y muy especialmente de La Naranja Mecánica y de 2001: Una odisea del espacio… Llamarlo “monumental” es poco. Y por cierto, dejen el anime para cuando hayan acabado de leer el manga; no es lo mismo ni de lejos…

2. El Apocalipsis de San Juan (dios, por medio del Apóstol San Juan, a finales del siglo 1 d.C.)

Un delirio psicodélico plagado de simbolismos y metáforas alucinógenas que deja en mantillas los pasajes más psicotrópicos de Hunter S. Thompson. De ahí su dificultad para ser aceptado en el canon bíblico del Nuevo Testamento (en Occidente, el Apocalipsis no fue oficialmente aceptado como canónico hasta el año 382, mediante un decreto del Papa Damaso I).

3. La carretera (Cormac McCarthy, 2006)

Una novela canónica del género “sin concesiones al lector”. En unos Estados Unidos devastados por un cataclismo desconocido, un padre y su hijo emprenden un viaje hacia la costa a través de parajes sepultados bajo toneladas de ceniza y controlados por grupos de caníbales. Avisados quedan de que todas y cada una de las frases de The Road se digieren cual polvorón de yeso reseco: así de atroz y de desesperanzada resulta su lectura. La película de 2009 dirigida por John Hillcoat logra reflejar bastante fielmente la atmósfera inclemente del original de Cormac McCarthy.

4. 12 monos (Terry Gilliam, 1995)

Grotesca, excesiva y alucinada, 12 monos conjuga las plagas víricas, el género post-apocalíptico y los viajes en el tiempo en dos horas de metraje con varios niveles de lectura. La película se basa en el mediometraje experimental La Jetée (1962), de Chris Marker.

5. 28 días después (Danny Boyle, 2002)

La película que resucitó el interés por el género post-apocalíptico, sección muertos vivientes. ¿La novedad? Los zombis de Danny Boyle corren que se las pelan en vez de caminar arrastrando los muñones cual tortuga reumática. Los que prefieran la letra impresa pueden hacerse con Guerra Mundial Z (Max Brooks, 2006), en la que un funcionario de la ONU recibe la misión de documentar y recoger los testimonios de los supervivientes de una guerra mundial que ha enfrentado a los seres humanos con una plaga de zombis. Guerra Mundial Z es, por cierto, la continuación de Zombi. Guía de supervivencia (2003), en la que Max Brooks explica todo aquello que el ciudadano medio debe saber para sobrevivir a un ataque zombi.

6. La fábrica de Absoluto (Karel Čapek, 1922)

Una novela delirante en la que la invención de un carburador que proporciona energía barata acaba provocando una guerra mundial de religiones (el carburador, además de producir energía a bajo coste, destila un subproducto indeseado: fervor religioso, o lo que el escritor checo Čapek llama “Absoluto”). El libro, escrito poco después de la finalización de la I Guerra Mundial, es una muy sutil sátira del racionalismo y el culto capitalista a la eficiencia.

7. Los pájaros (Alfred Hitchcock, 1963)

Basada remotamente en la novela del mismo nombre de Daphne du Maurier, de la que únicamente coge el título y la idea central, Los pájaros muestra una serie de violentos ataques llevados a cabo por bandadas de pajarracos asesinos contra los habitantes de un pequeño pueblo de la costa californiana. En mi altiva opinión, la auténtica (e infravalorada) obra maestra de Alfred Hitchcock. Su escena final, con los protagonistas escabulléndose aterrorizados al alba entre un mar de pájaros inquietantemente pasivos, merece figurar en el top 10 de los mejores finales de la historia del cine.

8. Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006)

Una fábula distópica en la línea del 1984 de George Orwell, pero con alguna que otra metáfora religiosa progre pillada por los pelos (su director anda anclado ideológicamente en los años 60, y más concretamente, en los años 60 sudamericanos, con todo lo que ello conlleva). A pesar de todo, se deja ver con agrado.

9. Goslings (J.D. Beresford, 1913)

O mucho me equivoco o Goslings, subtitulada A World of Women, es la primera novela en la que se plantea la hipótesis de una sociedad compuesta únicamente por mujeres (tras una plaga que acaba con todos los hombres de Londres). El libro se adelantó por apenas un par de años a Herland (1915), de la escritora feminista Charlotte Perkins Gilman, que describe una sociedad idealizada sin guerras ni conflictos de poder, compuesta únicamente por mujeres capaces de reproducirse por partenogénesis.

10. La larga marcha (Stephen King, 1979)

En La larga marcha, uno de los libros menos conocidos de Stephen King, 100 jóvenes son seleccionados cada año para participar en la larga marcha del título, una carrera que parte de la frontera USA-Canadá y en la que los corredores no pueden detenerse ni aminorar el paso por debajo de una velocidad mínima. Los que van quedando descolgados son ajusticiados en el acto hasta que sólo queda un marchador en pie. Más que la crueldad de ese circo romano, lo que choca de La larga marcha es su descripción de una sociedad decadente y en descomposición en la que nadie parece plantearse el verdadero porqué de la carrera.

11. Mad Max (George Miller, 1979)

Los fans del género post-apocalíptico prefieren la mucho más ortodoxa Mad Max 2 (George Miller, 1981), pero la primera película de la saga es la verdadera joya de la trilogía. Aunque si nos ponemos exquisitos, Mad Max no es tanto una película del género post-apocalíptico como del género distópico, pero bueno… La escena final de la película, en la que el personaje interpretado por Mel Gibson le ofrece al villano de turno la posibilidad de amputarse su propio pie para poder sobrevivir, inspiró por sí sola toda la saga de películas de terror Saw.

12. La sequía (J.G. Ballard, 1964)

La desoladora descripción de un mundo que muere poco a poco por la escasez de agua, desde el punto de vista de un anti-héroe pasivo y derrotista. La novela es una especie de némesis de su predecesora El mundo sumergido, que muestra a un protagonista totalmente fascinado por el nuevo mundo surgido tras una catástrofe apocalíptica.

13. Los muertos vivientes (Robert Kirkman, 2003 en adelante)

Un cómic recientemente convertido en serie televisiva de éxito (con personalidad propia, todo sea dicho) y en el que no sabes si dan más miedo los zombis, a fin de cuenta unos memos descerebrados al uso, o los pocos humanos que han logrado sobrevivir. Más interesante como análisis de arquetipos psicológicos enfrentados a situaciones límite y deseosos de vivir una normalidad que no es tal que como serie de terror pura y dura.

14. Soy leyenda (Richard Matheson, 1954)

Olvídense de la película protagonizada por Will Smith y dirigida por Francis Lawrence en 2007, y de la protagonizada por Charlton Heston en 1971 (El último hombre vivo, de Boris Sagal). La novela de Richard Matheson es un clásico del género que invierte muy inteligentemente los roles arquetípicos de este tipo de historias y que muestra una floreciente sociedad de engendros en la que el único ser humano que ha sobrevivido a la plaga bacteriológica es visto como un monstruo (mítico, de ahí el título de la novela) a exterminar.

15. Battlestar Galactica (Ronald D. Moore y David Eick, 2003-2009)

Infravaloradísima y épica serie de tv de ciencia ficción en la que, más allá de su trama central, se tratan temas como el choque de civilizaciones, el terrorismo, la religión y el 11-S. Si prefieren dejarse de mandangas, siempre pueden quedarse con el nivel de lectura más superficial (pero no por ello menos interesante): el del intento de aniquilamiento de la raza humana por parte de su más perfecta creación, una raza de robots que evoluciona hasta el punto de desarrollar su propia religión, una que considera al ser humano no su dios creador, sino un subproducto defectuoso del devenir del universo.

 

Y 10 más:

 

16. La novela La hora final (Nevil Shute, 1957)

17. El cómic Y: El último hombre (Brian K. Vaughan, 2002-2008)

18. La novela Cántico a San Leibowitz (Walter M. Miller Jr., 1960)

19. El ensayo El mundo sin nosotros (Alan Weisman, 2007)

20. La novela El martillo de Lucifer (Larry Niven y Jerry Pournelle, 1977)

21. La novela Alas, Babylon (Pat Frank, 1959)

22. El manga Dragon Head (Minetaro Mochizuki, 1994-2000)

23. La novela El canto del cisne (Robert R. McCammon, 1987)

24. La novela El cartero (David Brin, 1985)

25. El manga Panorama infernal (Hideshi Hino, 1990)

 

Written by cristian campos

11 septiembre, 2011 at 7:00

30 películas para mentes científicas: ciencia y ciencia ficción dura para alérgicos a la rama de letras

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(Publicada en el blog de Arcadi Espada el 12 de diciembre de 2010)

 

(1) Gattaca (Andrew Niccol, 1997). Cuando Gattaca se estrenó en los EE UU, la productora de la película puso en marcha una campaña publicitaria consistente en la publicación de anuncios falsos de un servicio de mejora genética de niños. Una semana después, cientos de padres habían llamado al número de teléfono del anuncio, demostrando que una sociedad como la de Gattaca, en la que los humanos mejorados genéticamente copan los estratos sociales superiores en detrimento de los humanos disminuidos, no tardaría mucho en consolidarse si esos tratamientos genéticos fueran legales. Dicho esto, la pregunta es: la sociedad de Gattaca, ¿es una distopía o una utopía? Si creen que lo tienen claro, vuelvan a ver la película con ojos limpios. Y por cierto: el protagonista de Gattaca logra sobreponerse a sus mediocres genes sólo tras atroces sufrimientos, una voluntad a prueba de ADN y el puro y duro esfuerzo personal. Socialismo, desde luego, no es.

Más distopías: (2) 2024: Apocalipsis Nuclear (L.Q. Jones, 1975). Pura ciencia ficción de los 70, es decir totalmente pasada de rosca, para lo bueno y para lo malo. En un futuro post-apocalíptico indeterminado, un adolescente, acompañado de su perro telépata, es secuestrado por una raza de humanos estériles que viven bajo tierra y que pretenden utilizarlo como semental. Frente a la utopía subterránea y sus buenas costumbres victorianas, el protagonista opta por la devastada distopía post-nuclear del exterior. Pero si quieren algo con más enjundia, quédense mejor con (3) Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006).

(4) Apolo 13 (Ron Howard, 1995). Reconocida unánimemente como una de las películas de temática científica más realistas de la historia, Apollo 13 pivota temáticamente sobre una única escena: esa en la que una puñado de ingenieros de la NASA se ven obligados a improvisar en tiempo real un filtro de aire con los materiales de desecho disponibles en un agonizante Apolo 13. El sueño húmedo de todo geek: un problema casi irresoluble y que sólo puede ser solucionado a base de talento, café y una buena dosis de pensamiento lateral. Desde el momento en el que el Apolo 13 despega, la película puede verse prácticamente como un documental al que se le queda corta la coletilla “basado en hechos reales”.

Más sueños húmedos geeks: (5) Sneakers, los fisgones (Phil Alden Robinson, 1992). Un thriller sobre criptografía, espionaje, hackers y agujeros de seguridad varios. En su haber, una visión moderadamente realista de los profesionales de la seguridad (informática y analógica). Una película de culto, a la altura de la mítica (6) Juegos de Guerra (John Badham, 1983).

(7) Primer (Shane Carruth, 2004). Escrita, producida y dirigida por Shane Carruth con un presupuesto de apenas 7.000 dólares, Primer es un monumental tratado de filosofía de la ciencia que gira alrededor de una idea muy simple: la invención casi accidental de una máquina del tiempo por parte de dos amigos ingenieros. Capaz de freírle el cerebro al cinéfilo con la mente más estructurada sobre la faz del planeta Tierra, Primer plantea las múltiples paradojas asociadas a los viajes en el tiempo, así como las implicaciones éticas de algunos descubrimientos científicos capaces de alterar de manera significativa nuestra realidad. En otro orden de cosas, la película está considerada como un film de culto por su verosimilitud (no en vano Shane Carruth es matemático e ingeniero) y por su concepto, realista hasta el aburrimiento: si el espectador ha de tragarse diez minutos de un ingeniero ajustando un tornillo en un amasijo de hierros y circuitos situado en un garaje corriente y moliente, o de una conversación incomprensible sobre vete tú a saber qué aspectos técnicos de dicho cacharro, se los traga. Es decir, fans de Star Trek y La guerra de las galaxias, abstenerse. Matemáticos y físicos con menos habilidades sociales que una comadreja, bienvenidos a Jauja.

Más viajes en el tiempo: (8) Donnie Darko (Richard Kelly, 2001). Aquellos que han visto Donnie Darko se dividen en dos grupos: el de los que la consideran la película más sobrevalorada de la historia del cine, y el de los que la consideran la más infravalorada. Sin ninguna duda, Donnie Darko tiene personalidad propia.

(9) Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001). Obviando el azúcar que Hollywood añade a todas sus películas con vocación de Oscar, Una mente maravillosa es ejemplar básicamente por su habilidad para conferirle emoción a la rama de la ciencia más fría y abstracta. Es decir las matemáticas. Porque en este biopic del matemático y Premio Nobel John Nash, lo de menos es su enfermedad mental y lo de más, la pregunta “¿existe relación entre la locura y la genialidad?”

Más matemáticas: (10) El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997). Aunque su concepto de la genialidad es radicalmente anticientífico (Matt Damon apabulla a sus rivales más gallitos demostrando su conocimiento enciclopédico sobre historia de los EE UU, cuando se supone que él es en realidad un genio de la abstracción), la película plantea de forma bastante realista las exigencias que conlleva una vida dedicada a la ciencia: o vida social o Nobel. Una segunda opción sería (11) Pi, fe en el caos (Darren Aronofsky, 1998), en la que el director mezcla sin complejos la cábala judía, las matemáticas, el número pi y el supuesto verdadero nombre de dios.

(12) Solaris (Steven Soderbergh, 2002). Aunque Solaris, la novela de Stanislav Lem en la que se basa la película de Soderbergh, es uno de esos libros en los que todo el mundo ve lo que le da la gana, yo me quedo con algo que suele pasar desapercibido: la verdadera naturaleza de ese misterioso mar, capaz de penetrar en la mente humana y de dar vida y corporeidad a los recuerdos. ¿Quizá una metáfora de un dios torpe, absurdo e inconsciente de su propio poder y de las consecuencias de sus actos, un ente muy alejado del dios paternal y 100% humano de las religiones del libro? ¿O quizá una simple, pero monstruosa, forma de vida que no se rige por la lógica evolutiva que conocemos y que creemos universal?

Más Solaris: (13) Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972). Más densa, más incomprensible, más amarga y más melancólica que la versión de Soderbergh. Más rusa, en definitiva. Y si quieren más ciencia ficción según la cosmovisión soviética, afronten si pueden (14) La zona, también de Tarkovsky, estrenada en el resto del mundo con el nombre de Stalkers, en 1972.

(15) Alphaville (Jean-Luc Godard, 1965). Alphaville es una ciudad/sociedad futurista organizada a partir de la racionalidad extrema. Alpha 60, un ordenador al que se presenta como un talibán de la razón, controla la ciudad, en la que se han proscrito las emociones humanas: el amor, la tristeza, el afecto… También se ha proscrito la poesía e incluso algunas palabras, como “por qué”, que debe ser sustituida por “porque”. A esa ciudad llega Lemmy Caution, un detective que se hace pasar por periodista y que tiene una doble misión: localizar a un agente al que se le ha perdido la pista, y asesinar al Professor Von Braun, creador de la computadora Alpha 60. Godard planteó en Alphaville varias de las contradicciones asociadas a las ideologías utópicas, aquellas que defienden la sumisión del individuo y la represión de todo rasgo de individualidad en beneficio del supuesto bien común. Del discurso antiracionalista hablamos otro día.

Más cyber-noir: (16) Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Lisa y llanamente, la mejor película de ciencia ficción de la historia y, junto con Alphaville, la única capaz de llevar la etiqueta cyber-noir con orgullo. Qué carajo: la mejor película de la historia. A secas.

(17) Cube (Vincenzo Natali, 1997). En esencia, Cube es una película de terror con coartada matemática. Matemáticas gore, si lo prefieren. ¿El argumento? Seis individuos, todos ellos sin relación alguna con los demás (un policía, un fugitivo, una médico, un arquitecto, una matemática y un autista), despiertan en una estructura formada por cubos conectados entre sí, en realidad una trampa mortal de la que deben escapar aunando sus habilidades. Lo llamativo es que la resolución del cubo implica coordenadas cartesianas y números primos, aunque claro, sabido es lo difícil que resulta calcular cuando amenazan con triturarte si te equivocas. Curiosa como poco.

Más cabezas despanzurradas: (18) Scanners (David Cronenberg, 1981). Un individuo con poderes psíquicos se enfrenta a su némesis, un asesino con su mismo potencial y que pretende dominar el mundo reventando las cabezas de los seres inferiores. Telépata bueno contra telépata malo, en uno de los duelos más bizarros de la filmografía de Cronenberg, que ya es decir.

(19) Moon (Duncan Jones, 2009). Una de esas películas que, como la ya mencionada Alphaville o Blade Runner, plantea la duda de qué nos hace humanos. Alejada por completo de esa ciencia ficción pirotécnica con miles de rayos láser, mastodónticas naves espaciales y alienígenas de todo tipo y condición, Moon es un claro ejemplo de eso que en los países anglosajones llaman hard science-fiction y que, muy resumidamente, vendría a ser ciencia ficción con cerebro y pretensiones de verosimilitud y profundidad intelectual. Como, en otro terreno diferente, (20) 12 monos (Terry Gilliam, 1995) y su experimental precursora (21) La Jetée (Chris Marker, 1962), o (22) Minority Report (Steven Spielberg, 2002).

Más vida artificial con sentimientos: (23) AI. Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001). Basada en el relato Los súperjuguetes duran todo el verano, de Brian Aldiss, AI es una fábula cruel sobre los límites de la humanidad. Una película mucho menos dulce de lo que puede parecer a primera vista.

(24) Contact (Robert Zemeckis, 1997). Basada en la única novela escrita por Carl Sagan, Contact narra la historia de una científica del programa SETI que logra descifrar lo que parece ser un mensaje alienígena procedente del espacio exterior. Aunque la novela de Sagan cubre mucho más terreno que la película y ahorra alguna dosis de cursilería que Zemeckis podría haberse guardado para mejor ocasión, el film resulta notable cuando sitúa a la racionalista y totalmente descreída científica interpretada por Jodie Foster frente a sus propias contradicciones, encarnadas en un sacerdote y filósofo cristiano, o cuando retrata la ceguera de la burocracia con respecto a todo aquello que tenga que ver con el pensamiento científico. Por no hablar de su hipnótica escena inicial.

Más contacto con inteligencias ¿alienígenas?: (25) 2001. Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968). El punto de partida para toda la ciencia ficción dura que vino después, y una película que no envejece pasen los años que pasen.

(26) Wall-E (Andrew Stanton, 2008). La historia de Wall-E, un roñosillo robot-basurero anclado en la Tierra (un PC, si quieren la lectura entre líneas) y de su enamorada Eva, una moderna y reluciente robot-exploradora (un MAC) que aterriza un día en el planeta en busca de posibles rastros de vida. Tras el encuentro, Wall-E sigue a Eva hasta una nave espacial en la que vegeta parte de lo que queda de la raza humana tras siglos de vida en condiciones de microgravedad: una turba de turistas idiotizados, obesos y perezosos incapaces de moverse si no es a bordo de carritos transportadores. La segunda parte de la película, que empieza con la llegada de Wall-E y Eva a la nave, es una maravilla. La primera mitad, en la que no se pronuncia una sola palabra y en la que se describe la solitaria rutina de Wall-E mientras limpia la basura de un planeta Tierra devastado, es una obra maestra total y absoluta. Pero si les molesta el tono infantiloide (que no tiene nada de infantiloide), la opción hardcore de dibujos animados de ciencia ficción sería más bien la representada por las japonesas (27) Akira (Katsuhiro Otomo, 1988) y (28) Ghost in the Shell (Mamoru Oishii, 1991), o por la americana (29) A Scanner Darkly (Richard Linklater, 2006), basada en la novela del mismo nombre de Philip K. Dick.

Más Disney: (30) El abismo negro (Gary Nelson, 1979). Uno de los primeros experimentos de la Disney en el terreno de la ciencia ficción dirigida a un público ligeramente más adulto de lo habitual. Su título original tiene más sentido que el español: The Black Hole. Porque de eso va la película, de agujeros negros, no de “abismos negros”.

 

Written by cristian campos

10 septiembre, 2011 at 7:00

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