el pandemonium

Archive for the ‘la vida y nada más’ Category

Y yo en verdad os digo… ¡strike!

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Written by cristian campos

29 diciembre, 2011 at 7:00

¿Qué día es hoy?

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A mí sí que me gustan estas fechas. Feliz Navidad a todos, y recuerden pedirse un iPad para Reyes y/o regalárselo a sus hijos (si los hay). Para evitar traumas de infancia en el futuro, digo.

 

 

Written by cristian campos

25 diciembre, 2011 at 12:30

Publicado en la vida y nada más

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¿Cómo medir tus cagadas?

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Nivel de cagada 1: Periodismo.

Tu cagada es lo suficientemente importante como aparecer en las páginas de un diario.

 

Nivel de cagada 2: Historia.

Dentro de algunas décadas, los niños leerán acerca de tu cagada en los libros de historia.

 

Nivel de cagada 3: Geografía.

Tu cagada es lo suficientemente importante como para hacer que los mapas cambien. Quizá desaparecen pueblos o ciudades enteras, o quizá la gente cambia el nombre de determinados lugares para olvidar tu cagada.

 

Nivel de cagada 4: Geología.

Dentro de unos cuantos milenios, los científicos se preguntarán qué causó ese gigantesco cráter, o por qué ahí ya no hay una montaña.

 

Nivel de cagada 5: Astronomía.

Los científicos de otros planetas que enfoquen sus telescopios hacia nuestro sistema solar verán un intenso fogonazo y se preguntarán “¡¿Qué cojones ha sido eso?!

 

Nivel de cagada 6: Metafísica

La materia oscura se desvanece. El universo implosiona. Las branas colapsan. Nace una nueva realidad con leyes físicas evolucionadas que no permiten el nacimiento de seres como tú.

 

[Traducción libre de un comentario leído en esta página. El nivel 6 es un añadido mío: no he podido resistir la tentación]

 

Written by cristian campos

24 diciembre, 2011 at 7:00

Cómo convertirte en un apestado social súbito

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1. Vomita los turrones navideños encima del bulldog francés de tu vecino el moderno sin dejarte ni un solo tropezón dentro. Mientras él te lo reprocha airadamente, mira extrañado al goteante can lacado en almendra semidigerida y ácidos gástricos regurgitados y di con tono alcoholizado “¿Perro? ¿¿¿Cuándo cojones he comido yo perro???

2. Llama al Palacio de la Moncloa y pregunta por “Esperanza”. Cuando la telefonista te diga que el presidente es Rajoy, dile que no pasa nada, que no te importa esperar porque tampoco crees que tarde mucho en llegar Esperanza. Repite la llamada veinte o treinta veces al día hasta que los GEOS llamen a tu puerta.

3. Aprende esgrima. Preséntate en la primera clase vestido con taparrabos y arrastrando una espada toledana de dos metros. Pídele muy seriamente a tus compañeros que te llamen Conan. Haz el gesto de levantar la espada cuando uno de ellos se acerque a menos de dos metros.

4. Preséntate en una reunión del 15M y santíguate cada vez que alguien empiece a hablar. Si te miran extrañados, repítelo cuatro o cinco veces con creciente furia. Cuando acaben de hablar, aplaude como si te fuera la vida en ello mientras balbuceas algo incoherente en latín y pones los ojos en blanco.

5. Pídele a todas las mujeres con las que te cruces por la calle que te enseñen el cóccix. Utiliza la fórmula “¿Sería usted tan amable…?

6. Llama al número 70 de la calle Ferraz de Madrid y di muy convencido que, después de pensarlo largamente, has decidido aceptar su oferta y adoptar a las góticas. Pregúntales que qué comen, y que a qué hora empiezan a trinar por las mañanas.

7. Preséntate en la perfumería más cercana y dile muy lentamente a la dependienta, vocalizando con la boca muy abierta, “yo-querer-masaje-con-final-feliz-bum-bum-¿tú-entender?-you-love-me-looong-time-¿cuánto?

8. En el ascensor del trabajo, cuenta el número de hombres que se suben a él, multiplícalo por dos y di el resultado en voz alta. “Ocho”. “Cuatro”. “Seis”. “Dos”. Cuando al cabo de unos días te pregunten que qué haces, di que cuentas testículos porque el médico te lo ha recomendado como remedio contra los impulsos homicidas súbitos.

9. Preséntate en una reunión de la comunidad de vecinos y quédate de pie. Cuando te ofrezcan una silla, di que desde que tu cola vestigial empezó a crecer desaforadamente por razones desconocidas, sólo puedes sentarte de rodillas. Después pregunta si alguien sería tan amable de rascártela, que tú no llegas.

10. Aprende a jugar al golf. Preséntate en la primera clase vestido como Marichalar. Niégate a coger el palo y diles que chutando tienes más puntería. Chuta todas las pelotas que caigan a tu alcance. Finge que intentas rematar de cabeza las golpeadas por otros jugadores.

11. Firma todos tus emails así: “Un salido”. Cuando te pregunten si has tecleado por error la I en vez de la U, oféndete y di que tus habilidades mecanográficas son excelentes. Vuelve a firmar igual, pero esta vez en mayúsculas: “UN SALIDO”.

12. Llama al departamento de prensa de presidencia y pide una entrevista con Rajoy. Cuando te pregunten que de qué medio llamas, diles que tienes un blog con “casi” 12 visitas diarias y que te gustaría doblar e incluso triplicar esa cifra con una entrevista con “el alcalde”. Sórbete sonora y repetidamente los mocos durante la conversación.

 

Written by cristian campos

16 diciembre, 2011 at 11:05

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Menos autoestima y más aprender a leer

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Decía el biólogo británico y Premio Nobel de Medicina y Fisiología Peter Medawar que “la extensión de la educación secundaria y recientemente de la universitaria ha creado una amplia población de personas, a menudo con gustos literarios e intelectuales bien desarrollados, que han sido educados mucho más allá de su capacidad para llevar a cabo un pensamiento analítico”.

La de Medawar es una frase increíblemente perspicaz y premonitoria que golpea en el mismísimo centro neurálgico de nuestra actual, y muy errónea, política educativa, infectada por el parásito de lo pedagógico. Y cuando digo nosotros me refiero a Occidente. Al Primer Mundo.

A la civilización, vaya.

En el caso de los EE UU, una atroz educación primaria y secundaria, secuestrada y saboteada por los poderosos y parasitarios sindicatos demócratas de la enseñanza (capaces, sin ir más lejos, de llamar al boicot del documental Waiting For Superman por ofrecer una imagen nada amable de las mafias de la pedagogía), es equilibrada a medio plazo por la presión ambiental de una cultura meritocrática hasta las cachas y por unas universidades concebidas como laboratorios de investigación y fábricas de premios Nobel y elites intelectuales, y no como ONGs del debate especulativo cíclico e infinito, sin coherencia, utilidad, rumbo ni objetivo conocido, a cargo del funcionario de turno.

En la España de 2011, ese contrapeso brilla por su ausencia. Y si ha existido alguna vez, ya nos hemos encargado con celeridad de ridiculizarlo, masacrarlo y penalizarlo so pena de ser etiquetados como viles negacionistas del sacrosanto principio de la igualdad de todas las moscas. Aquí hay una pequeña pero suficiente ración de mierda para todas, y la librepensadora que vuela en dirección al solomillo no sale en la foto.

Viene esto a cuento de un puñado de comentarios leídos en Youtube y también en FilmAffinity, una web de cine en la que los lectores cuelgan sus propias críticas cinematográficas y puntúan las del resto de los lectores. Dirán ustedes que estoy elevando la anécdota a categoría de acontecimiento, y entiendo que eso de irse cabreando con los comentarios delirantes escritos por el primer comentarista anónimo que cae por internet es un trabajo ciertamente absurdo y pesimamente remunerado, pero uno es humano y lleva la competitividad intelectual grabada a fuego en los genes.

 

Primer caso.

Este anuncio de la marca de alta costura parisina Lanvin. Lo pueden ver también en el Tumblr de Verónica Puertollano.

 

 

No es que haga falta un sesudo análisis semiótico para vislumbrar dónde radica la gracia del asunto: contraste, extrañeza y autoparodia. No es tan difícil.

Veamos:

Una marca de moda de lujo utiliza un hit de discoteca chunga de extrarradio como banda sonora del anuncio de su nueva colección. Comparen la elegancia natural de las modelos Karen Elson y Raquel Zimmermann con las petardas morcillonas de peludas mejillas y culos pantagruélicos, sacadas de un lupanar de carretera comarcal gallega, del vídeo original.

 

 

¿El escenario? Un salón decorado al estilo parisino-chic-decimonónico, o cómo cojones lo llamen los interioristas ahora. Los modelos bailan patosa y desacompasadamente intentando imitar los pasos que muy posiblemente están viendo por primera vez en una pantalla situada frente a ellos y que no aparece en plano. Quizá están jugando con Dance Central, el popular vídeojuego de baile de Kinect de Xbox. Es probable incluso que ni siquiera estén bailando la canción de Pitbull y que todas las imágenes del vídeo hayan sido primeras tomas: a la segunda toma, los modelos ya habrían memorizado los pasos y se perdería el frescor y la torpeza del primer intento. Las imágenes del baile y la música han sido desincronizadas a propósito en post-producción para conseguir un mayor efecto de impericia. Al final del vídeo aparece el director creativo de la marca, Alber Elbaz, cimbreando las lorzas como un titán del cassoulet.

Los comentarios de los usuarios:

Es doloroso de ver. Malos bailarines bailando vestidos con ropa que te impediría bailar aunque quisieras“.

El vídeo es aburrido. ¿Por qué debería la moda ser divertida? Si quieres reírte, vete al Club de la Comedia“.

La música es una mierda, los modelos no saben bailar“.

No, esto no está hecho a propósito. Y si lo estuviera, ¿cuál es en realidad el objetivo? El mundo de la moda es ampliamente tolerante con las chorradas estúpidas de estos creativos y sus excentricidades. Nadie quiere ver a Alber Elbaz bailar. Yo ni siquiera pensaba que el tipo se pudiera mover, aparte de para hacerse con otro trozo de tarta“.

Serán muy guapos, pero no tienen ni idea de bailar“.

Tiene el ritmo en la sangre… y valiente mierda de ropa“.

 

Segundo caso.

La película Hasta el fin del mundo (Wim Wenders, 1991).

 

 

Algunos comentarios de los usuarios de FilmAffinity:

La trama no da mucho de si y los personajes son bastante simplones”.

Hombre, la peli es simplona, de acuerdo, y el mensaje tan borroso como las imágenes de los sueños esos…

Es lo que tiene Wim Wenders, o te ofrece una joya como El cielo sobre Berlín (con fallida secuela) y la inolvidable París-Texas, o te sale con este… bodrio, que parece de clase B (si es intencional que me cuelguen) de estética retro en plan posmodernita (…) soy de cine lento, pero con fundamento. Y esta historieta de la tía que escapa con el tío en plan película de ladrones detrás de un aparatejo que ni ellos saben para qué sirve, me ha parecido tan aburrida, tan sin interés, tan presuntuosa, que no he podido con ella”.

 

A ver si nos entendemos: el problema aquí no es de opiniones. Que no te guste el anuncio de Lanvin o que aborrezcas Hasta el fin del mundo no es más que una cuestión de (mal) gusto. Nada realmente grave. El mal gusto existe.

El problema es que esta gente demuestra no saber leer. Es decir, demuestra no comprender el sentido de las representaciones gráficas (esa es la definición que da la RAE del verbo leer). Y me juego el cuello a que muchos de ellos son licenciados o estudiantes de diseño gráfico, o de comunicación audiovisual, o de publicidad, que ya tendría ironía la cosa.

Decir que la historia y los personajes de Hasta el fin del mundo son simplones o que las modelos de Lanvin no saben bailar no es una opinión: es no saber leer. Equivale a decir que la perspectiva del Guernica es incorrecta porque todos los personajes tienen los ojos en el mismo lado de la cara, que en Blade Runner debería haber más explosiones o que Scott Walker canta mal porque sus melodías no son armónicas. Y estoy hablando de un nivel de comprensión básico. Ya no entro en el criptoanálisis, que sería el paso siguiente. Estoy hablando de algo tan sencillo como entender la intención del autor de la obra a un nivel terriblemente superficial. ¿Pretende el artista que me ría? ¿Pretende que me asuste? ¿Pretende adoctrinarme? ¿Es su obra realista? ¿Es fantasiosa? ¿Está siendo irónico? ¿Busca la armonía de los elementos o su contraste?

Estos son sólo dos ejemplos estúpidos que se acaban de cruzar en mi camino, pero si tienen ustedes la paciencia y el estómago suficiente como para leerse al azar unos cuantos centenares de comentarios de los lectores en blogs, prensa digital, foros, twitters, facebooks y demás, no tardarán en llegar a la conclusión de que una buena parte de la humanidad no entiende lo que lee. Y lo que es más misterioso aún: sin entender ni un pijo de lo que acaban de tragarse, demuestran tener una opinión formada sobre ello. Sin complejos. Maricón el último.

Un tercer ejemplo es el de Lulu, el disco que acaban de editar Metallica y Lou Reed. Deberían leer los foros de internet: que si Lou Reed no sabe cantar, que si no se entienden las letras… En el siguiente vídeo se puede oír la sonora pitada que le dedican los fans de Metallica a Lou Reed cuando este sale al escenario a tocar junto a la banda el mítico Sweet Jane de la Velvet Underground, un grupo sin el cual no existirían hoy en día el metal, el hardcore, el punk, David Bowie, Metallica, Slayer, el rock universitario americano de los años 80, REM, Sonic Youth, Iggy Pop, el rock experimental… qué sé yo:

 

 

Decir que Lou Reed no sabe cantar (¡comparado con James Hetfield, el cantante de Metallica, que tampoco es que sea Enrico Caruso!) es una mentecatez como un piano. Pues claro que no sabe cantar: es que ni siquiera lo intenta. Lou Reed lleva 40 años recitando sus letras.

El tema es aún más sangrante si se tiene en cuenta que esta es, supuestamente, la generación audiovisual, aquella que ha sido amamantada con el biberón digital de las imágenes en movimiento; la de Facebook y Twitter y Youtube; la de los vídeojuegos con guiones de 100 páginas; la de los mp3 descargados a chorro; aquella que tiene a su alcance todas las obras de arte de la historia de la humanidad, todas, a un único clic de distancia; la del cine de efectos especiales apabullantes y ritmo, más que frénetico, colérico; la de las series de TV de trama compleja y laberíntica, esas cuyos personajes ostentan nombres de filósofos de la Ilustración Escocesa. La de la educación gratuita, la de las bibliotecas atiborradas, la de todos los gastos pagados. La generación post-post-modernista, la de la autoconciencia, la autoestima y el cinismo por bandera.

Vamos, que deberían entenderlo.

Pero no: lo que tenemos es una generación de universitarios incapaces de entender un anuncio de TV. No La mort de Virgile de Jean Barraqué o Begotten de E. Elias Merhige o Breviario de Podredumbre de Emile Cioran, no: un anuncio de TV. Con banda sonora de Pitbull. Inspirada en un vídeojuego de baile. Es difícil, realmente, ser más básico y apelar a un nivel más elemental del raciocinio del espectador que el anuncio de Lanvin. Por debajo de este nivel se sitúa el cascamiento de nueces con canto rodado, la extracción de hormigas con palito y el frotamiento genital indiscriminado provocado por el aburrimiento mortificante.

Pero eso sí: todos estos chavales tienen carrera.

Un gran logro del estado del bienestar, cierto. Ni un solo analfabeto sin estudios superiores.

En fin. Aquí tienen ustedes Begotten. Como para ponérsela a uno de estos chavales y preguntarle que qué ha entendido él. Aviso de que yo no he pasado del primer cuarto de hora, aunque me ha dado tiempo a ver cómo dios, atado y amortajado, se destripa a sí mismo para dar a luz a una madre tierra que posteriormente se abalanza sobre él para fecundar su vagina con el esperma divino. Y digo que no he pasado del minuto 15:00 porque uno es totalmente consciente de sus límites. Ya me explicarán ustedes el final, yo no creo que tenga tiempo de aquí al final de mi vida para ver el resto de la cosa.

[Yo creo que a Begotten lo que le faltan son un par de buenas explosiones. Y personajes menos esquemáticos.]

 

 

Written by cristian campos

13 diciembre, 2011 at 7:00

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El matafuegos y su cochecito

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Ya lo decían los Doors: people are strange. Pero algunos más que otros, ¿eh?

Cortesía del gran Bremaneur.

 

 

Written by cristian campos

1 diciembre, 2011 at 7:00

Vroooooom

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Ya conocen la historia: C’était un rendez-vous es un cortometraje rodado en 1976 por el director francés Claude Lelouch en las calles de París. El conocido y polémico periodista especializado en automovilismo Jeremy Clarkson dijo de él que “Bullitt a su lado parece un dibujo animado”. A día de hoy no hay director que haya rodado una escena de persecución automovilística que supere la sensación de realidad y de velocidad conseguida por Lelouch. Y eso que se han rodado algunas realmente destacables:

 

Obviamente, la de Bullitt. La primera que viene a la cabeza. Por algo será.

 

Las dos de Ronin. Al parecer de muchos, las mejores persecuciones de la historia. También son mis preferidas.

 

La de El caso de Bourne, of course. También en París, y a bordo de un Mini Cooper. Con un par.

 

La de la autopista de Matrix Reloaded. También cuenta, a pesar de la sobredosis de efectos especiales.

 

Todas las de la saga The Fast and the Furious. Chonis, pero adrenalínicas.

 

Las de The Italian Job. La original de 1969 y el remake de 2003. Sobre todo las del remake.

 

La de La Roca. Nicholas Cage persiguiendo a Sean Connery a bordo de un Ferrari F355 amarillo por las calles de San Francisco.

 

Gone in 60 seconds. La original de 1974, no el remake de 2000. 30 minutos de persecución: probablemente la más larga de la historia del cine.

 

Ben-Hur. No deja de ser una persecución, ¿no?

 

La de El corruptor. Peatones ametrallados, atropellados, volando por los aires. ¿Hace falta decir más?

 

La de Death Proof. Fuck yeah. Y en italiano, para mayor exotismo.

 

La de El diablo sobre ruedas. Toda la película, de hecho. La más angustiosa de todas las de la lista.

 

Y me dejo la de Casino Royale, mi persecución bondiana preferida. The French Connection, obviamenteVanishing Point, o el existencialismo sobre ruedas. Y Granujas a todo ritmo, claro. Dice la mitología que es la persecución cinematográfica con más coches de policía destrozados de la historia. Probablemente es cierto, no los he contado. La de Terminator 2. Y las de Mad Max y Mad Max 2, por supuesto. Tarantino las adora.

Aunque el propio Lelouch se ha encargado de sembrar la confusión respecto a las circunstancias concretas del rodaje con el objetivo de alimentar el mito, algunos detalles de C’était un rendez-vous parecen más o menos claros:

  1. El cortometraje dura poco más de 8 minutos porque el rollo de 35mm utilizado por Lelouch tenía una duración de sólo nueve minutos. Eso era todo lo que sobraba del rodaje de Si c’était à refaire.
  2. La idea se le ocurrió a Lelouch un día en el que se vio obligado a cruzar París a la desesperada con su coche para llegar a tiempo a una cita importante.
  3. La cámara, que contaba con un sistema estabilizador giroscópico, fue montada en el parachoques delantero del coche.
  4. El director no consiguió el permiso para rodar en las calles de París, así que el rodaje fue clandestino. El coche arranca a las 5:30 de un día de agosto desde Porte Dauphine y se detiene poco más de ocho minutos después en el Sacré Coeur.
  5. Lelouch fue detenido tras el estreno del cortometraje. Una vez en comisaría, un gendarme le leyó la interminable lista de infracciones cometidas. Al acabar de leer, le pidió el carnet de conducir. Lelouch se lo dio y el gendarme, tras retenerlo durante apenas unos segundos, se lo devolvió. “Prometí que le quitaría el carnet de conducir, pero no dije por cuánto tiempo. Mis hijos adoran su peliculita”.
  6. El coche podría ser el Mercedes-Benz 450SEL 6.9 del director. Esa es la opción más probable y en cualquier caso es la oficial: el propio Lelouch confirmó el dato en 2006. Otras opciones que se han barajado son: un Le Mans Matra 675, un Ferrari 275 GTB o un Alpine A110.
  7. El sonido de las ruedas chirriando es real. Lo que no es real es el sonido del motor, que se corresponde más bien con el de un Ferrari 275 GTV. El sonido del Ferrari se superpuso al del Mercedes durante el montaje.
  8. La filmación no ha sido acelerada artificialmente en la sala de montaje. El coche recorre durante el cortometraje una distancia de 10.5 kilómetros. La velocidad media es de 78 km/h. Algunos frikis se han dedicado a calcular tiempos y distancias exactas: al parecer, la velocidad máxima que alcanza el coche durante el cortometraje es de 140 km/h. Aquí tienen el recorrido completo en Google Maps.
  9. La identidad del conductor es un misterio. Lelouch dice que conducía él, aunque parece demasiada habilidad para un conductor no profesional. Otros dicen que el que conducía era un piloto de F1. Otros que un taxista. Al parecer, Lelouch le dijo a los gendarmes que conducía otra persona para evitar algunas de las multas.
  10. El sonido que se escucha al principio del film es, supuestamente, el del corazón del conductor. Cuando le preguntaron a Lelouch si había pasado miedo, contestó “sí, mucho: tenía miedo de que se acabara el rollo”.

C’était un rendez-vous es una de las cimas del cinéma vérité. Por no decir que París jamás ha vuelto a aparecer tan magnífico en película alguna. Bueno, quizá en el capítulo parisino de Night on Earth de Jim Jarmusch, o en Frenético, de Polanski (a la atmósfera de la primera contribuye la banda sonora de Tom Waits, y a la de la segunda el Libertango cantado por Grace Jones, claro).

La categoría de mito de C’était un rendez-vous es tal que los homenajes se multiplican por doquier:

 

El vídeo de Destroyer Savage Night at the Opera, rodado en las calles de Vancouver hace apenas unos meses. Por cierto: qué grandes los 80, la última década de la historia en la que la música y el arte no eran basura asquerosamente cínica y autoconsciente. Que sepan que me estoy plagiando a mí mismo con eso de “basura asquerosamente cínica y autoconsciente”. Pero qué grandes los 80: algún día les hablaré del sophisti-pop. Y me remontaré hasta Steely Dan y el Köln Concert de Keith Jarrett en una especie de tótum revolútum disparatado que se va a cagar la perra.

 

Un anuncio de Mercedes, con Jay Leno hablando del corto y recreándolo en la carretera y las colinas de Mulholland Drive (Los Angeles).

 

El vídeo de la canción Open Your Eyes, de Snow Patrol. La primera vez que Lelouch ha dado permiso para la utilización de fragmentos de su corto. Por cierto. Snow Patrol: menudo coñazo de grupo.

 

El reverso de C’était un rendez-vous son todos aquellos vídeos que logran transmitir sensación de velocidad no gracias a una cámara situada en (o enfocada hacia) el exterior del coche, sino por medio de una enfocada hacia el interior del coche. En concreto, hacia el copiloto. En este caso, como es obvio, todo depende de la expresividad espontánea de la víctima. Que, por supuesto, ha de ser una mujer: los hombres estamos predispuestos genéticamente para disfrutar de la sensación de riesgo que proporciona la velocidad. Ellas, no. Y se trata de que el copiloto sufra como un perro sarnoso. Se trata, en definitiva, de provocar en él eso que los cardiólogos llaman “sensación de muerte inminente”.

Estoy hablando de un género documental con entidad propia: el llamado Acojonemos a la churri.

 

Riccardo Patrese y señora en el Circuito de Jerez. Él es ex piloto de F1 y Campeón del Mundo de F3, uno de los llamados campeones sin corona de la F1.

 

La abuela de Marc Gené (que quede claro que no es su churri). Evidentemente, y al contrario que la esposa de Ricardo Patrese, la mujer sabía a lo que iba porque se trata de un anuncio. Lo que no debía imaginarse era la sensación que se siente tomando una curva a 120 km/h.

 

Una rubia unknown. Si yo fuera ella, aprovecharía para vomitar en una curva a derechas. Donde las dan las toman.

 

Por cierto: me he vuelvo loco para dar con la onomatopeya de velocidad adecuada para el título de este artículo. Al final he optado por la poco precisa vroooooom, que por cierto suena a dios nórdico de las flatulencias. Pero oigan, era lo mejor que tenía porque ninguna de las opciones acababa de convencerme. ¿Ustedes con cuál se habrían quedado? ¿Y cuántas vocales seguidas añadirían para dar sensación de MUCHA velocidad? ¿Una? ¿Tres? ¿Seis? ¿Doscientas?

 

Shiuuuuuun

Vroooooom

Fiuuuuuu

Swoooooosh

Zaaaaaap

Zoooooom

Fuoooooosh

Whoooooosh

Ninguna de las anterioooooores.

 

Próximamente en este mismo blog: Vroooooom II Parte. El Tocino. 

[¿Lo pillan? El tocino y la velocidad. ¡Es buenísimo! JAJAJAJA]

 

Written by cristian campos

27 noviembre, 2011 at 7:01

No te metas con ese chungo que lleva un tatuaje de la golden ratio

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Tatuajes científicos. Si no pillan alguno de ellos, acudan al artículo original.

 

 

Written by cristian campos

19 noviembre, 2011 at 7:00

De la épica y la lactosa

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Ando dándole vueltas a la llegada a España del cadáver del sargento Joaquín Moya Espejo. Ya saben, esa ceremonia que empezó con la repatriación del féretro en un avión militar que voló desde Afganistán hasta la base de Torrejón de Ardoz y en el que también viajaba el titular de turno de la cartera de Defensa. Es decir el ministro Carmen Chacón, un señor de provincias catalán conocido por haberse estrenado en el cargo embarazado de unos cuantos meses.

Familiares y autoridades esperaron a pie de pista. Una vez en tierra, el ministro Chacón pronunció las mismas palabras que se han pronunciado en todas las ceremonias similares anteriores, abrazó a la esposa y a los hijos, condecoró con la Cruz al Mérito Militar a título póstumo al soldado asesinado y puso la misma cara que pone cuando está contento, cuando está enfadado, cuando está triste, cuando está indignado, cuando está aterrorizado y cuando se caga en la puta España. Es decir cara de ir oliendo huevos podridos por derredor.

[El ministro Chacón, superado ya su embarazo, con su mejor cara de ir oliendo huevos podridos por derredor]

Creo que no me equivoco si aventuro que todos ustedes sienten la misma emoción viendo esa ceremonia que la que sienten viendo secarse la pintura de la pared. El muerto al hoyo y el vivo al bollo, ¿verdad? Y entiendo que para el español medio es difícil sentirse ligado emocionalmente a un ejército en el que la mitad de los soldados se llaman Yalisbeth, Elder, Washington, Yoconda, Betsymar, Yornaichel, Shonatan, Fresa, Derwin y Rosaherbalaif, gente que saldrá corriendo por patas a la primera que vengan mal dadas, sudándosela a base de bien los españoles y la madre que los parió a todos ellos, pero… ¿por qué cojones nos resulta imposible imaginar que en España podamos algún día ver un anuncio como este?

Dirán ustedes: “hombre, es que eso es ficción, a fin de cuentas los de Anheuser-Busch están vendiendo latas de cerveza“. Pues se equivocan: lo de ponerse en pie en los aeropuertos y aplaudir a los soldados que vuelven a casa desde Iraq o Afganistán como señal de respeto y de admiración es, lisa y llanamente, lo cotidiano en los EE UU. Tan corriente y moliente como dar los buenos días cuando entras en la oficina por la mañana:

Otro género dramático que los americanos dominan a la perfección es el del retorno sorpresa. El soldado vuelve inesperadamente a su casa desde el frente de combate sin que lo sepa uno de los miembros de la familia: su madre, su esposa, su hermano, sus hijos, su perro… Otro miembro de la familia, avisado del tomate, graba la escena y de ahí a Youtube, donde le calzan una canción bien moñas y a engrosar recopilaciones como esta:

El género vídeo-patriótico-USA también tiene sus excentricidades. Verbigracia esta abuela que se dedica a abrazar uno por uno a todos los soldados que vuelven a casa o son destinados a Iraq o Afganistán:

Ya ven: en nuestro país los frikis se plantan con la bolsa de plástico y los macarrones del Condis en la entrada del palacio de las Dueñas de Sevilla y le lanzan vivas a la Duquesa de Alba el día de su boda mientras esta se arranca por sevillanas con la gracia de un pingüino cojo. En los EE UU van a darle las gracias personalmente al 1º de Caballería en pleno. Por eso ellos son los líderes del mundo libre y nosotros una potencia internacional del carajillo.

Así que andaba yo pensando en qué nos hace diferentes a los españoles. En por qué una ceremonia como la del soldado Joaquín Moya nos hace apagar la tele de puro aburrimiento mortificante y la misma cursilada organizada por los americanos, los ingleses o los franceses nos eriza los pelos de los huevos. En por qué te sientes más cercano emocionalmente al sentido de la fidelidad de cualquiera de los dos chuchos del tercer vídeo que al de tus propios compatriotas. En por qué los españoles tenemos esa mala leche de cacique de comunidad de vecinos, ese orgullo de cornudo de barrio, ese arrebato violento de borracho iracundo, esa condenada y ruín agresividad a destiempo… pero nos vamos por la pata abajo a la hora de plantar los talones y emocionarnos, o admirar, o gestar alguna miserable proeza o aventura o empresa que esté por encima de nuestra mezquina cotidianeidad.

Porque hay algo en lo que los españoles sí somos los mejores: no hay tragedia, no hay logro, no hay drama que no cuente en España con su piara de críticos, difamadores, opositores y nohayparatantos. Creo que no me equivoco si digo que la única gesta que ha logrado poner de acuerdo a casi todos los españoles fue el gol de Iniesta a Holanda en la final del Mundial. ¿Y qué es lo que hace diferente a Iniesta de otros deportistas españoles que han logrado hitos similares en otras disciplinas deportivas? Qué sé yo… gente como Fernando Alonso, Marc Gasol, Rafael Nadal, Edurne Pasabán y Jorge Lorenzo, deportistas todos ellos que cuentan con más trolls que fans en nuestro país. Pues lo que hace diferente a Iniesta es que es un soberano trozo de nada perfumado con eau de ausencia y adornado con una perla de exquisito vacío. Entiéndanme: Iniesta será muy buen chaval, muy humilde, muy sanote y muy todo lo que ustedes quieran, pero su levedad existencial rivaliza con la del neutrino. Como buena parte de los futbolistas, por otro lado. Y es difícil sentirse amenazado por la nada. Por eso España tolera a los futbolistas, pero no al resto de deportistas, a los que se les supone una cierta corporeidad. El español, cuanto más cercano, no ya al nivel medio de sus compatriotas, sino al del más raso de ellos, mejor. Eso lo saben bien nuestros partidos políticos, auténticas máquinas de precisión afinadas hasta la última tuerca para detectar, promover y otorgar el mando de la tropa al más mediocre e inane de sus militantes en cuestión de segundos. Y hacen bien. La meritocracia no gana elecciones en España. Porque en España no votan los españoles, sino la envidia vecinal, el resentimiento de clase, la cobardía vital y el odio africano.

¡Y los complejos de inferioridad, que no se me olviden los complejos de inferioridad! Estos son los que llevan ganando todas las elecciones en España, generales, autonómicas y municipales, desde la restauración de la democracia.

Y no será por falta de ejemplos. España debe ser el único país del mundo que ha sido capaz de conquistar un continente entero repleto de cafres y salvajes con apenas 300 tipos pétreos montados a caballo… y que se ha pasado el resto de su historia arrepintiéndose y pidiendo perdón por ello. ¿Cuántas películas made in Spain tenemos que glorifiquen, loen o simplemente describan la conquista de América? Que le echen un poco de mostaza al asunto, vaya. Digamos un Braveheart, un Apollo XIII, un 300, un Black Hawk Down. ¿El Dorado, de Carlos Saura?

Vamosnomejodan.

En España, déjenme que haga algo de futurología, jamás de los jamases filmaremos una sola película que haga que el espectador salga del cine deseando arrodillarse al paso de nuestros veteranos de guerra. Algo como Salvar al Soldado Ryan, por ejemplo:

De hecho, somos tan timoratos y cargamos con tantos complejos a cuestas que teniendo a Hernán Cortés, a Francisco Pizarro e incluso a Alonso Pérez de Guzmán y su Armada (no tan) Invencible, le dedicamos una película entera… al Capitán Trueno. Que a ver, no está mal, al menos los guionistas de la película no lo han convertido en gay, pero es que es un personaje de tebeo. De tebeo para niños.

Y no: Cortés, Pizarro y Pérez de Guzmán no eran franquistas. En serio.

Así que… ¿qué es lo que nos hace diferentes a los españoles? ¿Qué tipo de tara nos impide elevarnos por encima de la mediocridad ambiente?

Y entonces di con la respuesta.

La épica.

Claro que sí. La épica.

El español padece intolerancia génetica a la épica. La épica es la lactosa del español.

Piensen, piensen: ¿cuándo fue la última vez que un español les puso la piel de gallina, que les provocó escalofríos, que les hizo levantarse del sofá y chillar CLAROQUESÍJODERCAGÓNLAPUTA? Música, cine, política, arte, literatura… Escojan el terreno que quieran.

No saldrán ustedes del deporte. Y eso en el mejor de los casos.

Centrémonos en un terreno al azar. La música, venga.

Música española épica.

Ya sé en qué están pensando ustedes. El flamenco. El flamenco es épico. Pues no. Error. Meeec. El flamenco no es épico: es desgarrado, que es otra cosa muy diferente. Tan desgarrado como esas plañideras a las que contrataban en los pueblos para que fueran a echar el moco en el entierro del abuelo a cambio de una propinilla. ¿Sacrilegio? No, hombre, no. No hay una sola emoción en el flamenco que no sea individual, íntima y recóndita. La épica es colectiva, apela a emociones humanas comunes, universales. El flamenco es disfrutable racionalmente pero incomprensible a nivel emocional para cualquiera que no sea gitano o que no se haya criado con un póster de Camarón en la pared y una foto de la Niña de los Peines sobre el tapete de la mesilla de noche. Un payo emocionándose con el flamenco es tan creíble como un finlandés bailando reggae. La prueba de lo dicho es que los japoneses, gente no precisamente famosa por su calidez emocional o por su capacidad empática, disfrutan como gorrinos en charca con el flamenco. Y permítanme que ponga en duda la sinceridad de las emociones gitanas: hay ahí más sugestión colectiva, más teatro y más mojiganga que en una procesión de Semana Santa. Como cuando los gitanos iban al Corte Inglés a devolver indignados sus vinilos recién comprados de La leyenda del tiempo porque decían que eso no era flamenco. No, hombre, no: lo que pasaba es que no les había gustado el disco, qué cojones.

En España sólo ha nacido un tipo que ha entendido a nivel molecular qué es eso de la épica.

Raphael:

El problema con Raphael es que está él, y más allá de él un gélido vacío insondable relleno de horteras melifluos y perfectamente hostiables. Así que el de Linares ha tenido que multiplicarse, a veces en una misma canción, para interpretar todos los papeles posibles: el de dandy elegante, el de amante traicionado, el de maricón reticente, el de amigo de los modernos, el de yerno cursi, el de seductor de vaso de tubo y codo en barra, el de romántico impenitente… y el pobre hombre no ha dado abasto.

En el resto del mundo, esos papeles épicos se han repartido entre decenas de candidatos de lo más heterogéneo.

¿Elegancia aristocrática? Scott Walker:

¿Mariconazo despechado? Marc Almond en Soft Cell:

¿Mariconazo teatral? Freddie Mercury:

¿Glamour y sofisticación burguesa? Jacques Brel:

¿Romanticismo decimonónico? Kate Bush:

Así que poco a poco vamos afinando el concepto de épica musical. ¿Lo pillan? Pero ojo, no confundan la épica con su hermano de extrarradio y coche tuneado, el subidón.

Esto es un subidón de libro:

Tampoco lo confundan con su hermano cafre, la agresividad.

Esto es agresividad a puerta gayola:

Ni con su hermano palurdo, la intensidad.

Esto es intensidad (y por cierto: a ver si aprenden los músicos españoles a sincronizar bien el pedal del wah-wah con la base rítmica de la canción: atiendan al solo que empieza en el minuto 0:59 y acaba en el 1:28 y sabrán lo que es un wah-wah afinado cual reloj suizo):

Tampoco lo confundan con su hermano despechado, el romanticismo.

Esto es romanticismo:

Ni con su hermano porrero, lo atmosférico.

Esto es atmosférico:

La épica es una mezcla muy sutil de todo lo anterior.

La épica es esto:

Y, por supuesto, esto:

Y, como ya deben intuir, no existe un solo español en el planeta Tierra capaz de hacer que 200.000 personas, sea cual sea su nacionalidad, sexo, religión, ideología o color, se agarren el esternón para que el corazón no les abra en canal el pecho en el mismo segundo de la misma canción: exactamente en el 3:33.

Dicho lo cual, sólo me queda preguntarles: ¿Se les ha movido un solo pelo del cuerpo con alguno de los vídeos anteriores? ¿Han notado ustedes algún leve cosquilleo, un nosequé en el estómago, una imperceptible mezcla de exaltación, gratitud, empatía, satisfacción y complicidad?

No, ¿verdad? Ustedes han visto esos vídeos torciendo la sonrisa. Ustedes ya están de vuelta de todo. Ustedes son una roca. Ustedes no se comen gilipolleces.

Eso es la prueba de que son ustedes más españoles que el jamón de bellota.

¿Su diagnóstico? Intolerancia a la épica.

¿Su receta? Renieguen de su españolidad y conviértanse en seres humanos de una puta vez.

Y conquisten algo, joder.

 

[Este artículo se publicó el pasado jueves en la revista Jot Down.]

 

Written by cristian campos

15 noviembre, 2011 at 7:01

Publicado en la vida y nada más, música, política

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[Cortesía de don Rafael Mateos, Solymoscas]

 

Written by cristian campos

10 noviembre, 2011 at 7:00

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