el pandemonium

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Objetivo no conseguido

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Cuando uno empieza un blog como este, alberga la secreta esperanza de conseguir una audiencia como esta:

 

 

Es por eso por lo que suelo hacer chistes demagógicos de derechas y trufarlos de referencias a la física cuántica y a libros de 500 páginas escritos por ex asesores de inteligencia de la Casa Blanca. Ese tipo de cosas por las que se derriten las rubias de 1’90 m, ya saben.

Pero de acuerdo a la página web Alexa, mi audiencia es más bien esta:

Based on internet averages, elpandemonium.org is visited more frequently by males who are in the age range 45-54, have no children, are graduate school educated and browse this site from home.

Oséase, que basándose en misteriosas estimaciones internáuticas, este blog lo visitan desde su casa universitarios entre los 45 y los 54 años, sin hijos.

Vamos, esto:

 

 

Este blog sólo lleva cuatro meses en marcha y a velocidad de crucero, así que no creo que la estadística sea muy fiable, pero Alexa dice que ocupo un absurdo 39.272º puesto en el ranking de las páginas españolas más vistas, y que arraso en Zaragoza, donde me sitúo en el puesto 3.000 y pico. ¡Zárágózá mon amour!

Saber que en España hay 39.271 páginas de internet más vistas que la mía y que mi público se peina los pelos de la espalda con rastrillo me llena de un indescriptible orgullo.

WordPress, por su lado, dice que tengo una media de 25.000-30.000 visitas al mes. Eso ya suena (un poco) mejor.

Pero todo se andará. Yo creo que en tres meses más mi público ya será este:

 

 

Y de aquí a la primera foto, sólo un pasito.

Insistiré con lo de la física cuántica, que nunca falla.

 

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Written by cristian campos

24 diciembre, 2011 at 7:00

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Sarcasmo para dummies

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Ya tenemos nueva solución para un problema inexistente: el snark.

¿Y qué es el snark?

El snark es un símbolo tipográfico que se añadiría a un texto o a una frase determinada para alertar a los lectores de que ese texto o frase determinada… es un sarcasmo. Vamos, una especie de emoticono finolis o de baliza señalizadora lingüística, como cuando los adolescentes escriben eso de ;) para suavizar el tono del texto, o para que su interlocutor comprenda que están hablando en broma, o porque les parece simpático, o porque son gilipollas, o yo qué sé.

 

 

Point d’ironie, dicen estos tipos. Encima pedantes. Dejando de lado que no es exactamente lo mismo la ironía que el sarcasmo…

 

ironía.

(Del lat. ironīa, y este del gr. εἰρωνεία).

1. f. Burla fina y disimulada.

2. f. Tono burlón con que se dice.

3. f. Figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice.

 

sarcasmo.

(Del lat. sarcasmus, y este del gr. σαρκασμός).

1. m. Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo.

2. m. Ret. Figura que consiste en emplear esta especie de ironía o burla.

 

…no veo la necesidad de andar por ahí aclarando la intención o el tono emocional de lo que has escrito. Si se pilla se pilla, y si no mala suerte. Una cosa es la evolución natural de la ortotipografía y otra ir añadiéndole rombos a los textos.

En el Wall Street Journal pueden leer un artículo sobre el tema. En inglés, claro.

 

Written by cristian campos

15 diciembre, 2011 at 7:00

Turno de palabra para los 1000 papagayos

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De todos los efectos colaterales cargantes de la democracia, uno de los más molestos es el que obliga a aguantar en posición de firmes el turno de palabra de las decenas de miles de internos del manicomio digital. En eso ha degenerado la muy igualitaria internet: en una asamblea con overbooking en la que hasta el encargado del botijo se siente con ánimos de subir a la tarima y declamar su delirio macabeo sobre la nada. Y así se nos van pasando los años a los cuerdos, empantanados en un debate estéril y más que raso, subterráneo, en el que a diario, de forma inexorable, acabamos debatiendo con no sé sabe bien quién acerca de algún tema que creíamos superado hace tiempo por ese gran logro que es la alfabetización universal. Como un Sísifo moderno condenado a troncharse la columna empujando la piedra de los pilares de la civilización ladera arriba sólo para que, al llegar a la cima, un troll con pretensiones le arree una patada y la haga rodar de nuevo hasta el pie de la colina. Y eso una vez, y otra, y otra, y otra… En España últimamente son temas de debate, por citar algunos absurdos ejemplos, la democracia representativa, la vacunación infantil, la supuesta obligatoriedad de la baja maternal, la necesidad de cumplir los contratos que uno firma libremente, la de pagar nuestras deudas con el prójimo o el derecho de propiedad. Como si acabáramos de salir de la cueva con la cachiporra y las greñas al viento y no acarreáramos ya varios siglos de civilización, de filosofía y de derecho a cuestas.

Ayer Arcadi Espada intentaba elevar el debate por encima de ese nivel coleóptero al que estamos ya tan habituados, aludiendo a este texto, y le caía encima la ira de los 1.000 hijos del Megaupload.

 

 

Si cito el artículo de Arcadi Espada y la orgía de tontería tuitera que le siguió es para contextualizar. Lo que me interesa es esta frase del texto de Enrique Dans, publicado en Expansión:

Ningún sitio construido con la aprobación de la industria ha logrado ser competitivo frente al P2P, debido a las presiones a las que los someten las empresas discográficas (…) el problema no son los artistas, sino los intermediarios“.

Dejemos de lado que iTunes o Spotify sí han logrado ser competitivos, y que lo serían aún más sin la competencia de la piratería.

Dejemos de lado que el mercado de suscripciones de música por streaming y de descargas legales no deja de aumentar año a año.

Lo que no podemos dejar de lado es eso de “competitivo frente al P2P“.

¿Pero qué argumento es ese? ¿Cómo va a ser competitivo un negocio legal frente al robo y la distribución gratuita de lo robado? ¿Desde cuándo juegan en la misma liga? ¿A estas alturas del siglo 21 vamos a ponernos a debatir la necesidad, la legitimidad y la pertinencia del derecho de propiedad? El derecho de propiedad ajeno, por supuesto, que el propio lo tenemos claro como el agua cristalina del lago de Thun.

Y luego está ese mantra de la maldad de los intermediarios. A ver si nos aclaramos: en una economía capitalista, todos somos intermediarios entre aquel que nos precede en la cadena de producción y aquel que nos sucede en ella. Argumentar que en una economía competitiva y medianamente libre existen elementos de la cadena que pueden ser eliminados sin que el producto final no sólo no se resienta, sino que se beneficie de ello, es absurdo: si eso fuera cierto ya se habría encargado el mercado de depurarlos mucho antes de que a nadie se le ocurriera pedirlo. Así que si las discográficas, esas viles intermediarias, han logrado sobrevivir a lo largo de más de un siglo de industria musical es porque han cumplido una función concreta, razonable, útil y necesaria. Concreta, razonable, útil y necesaria hasta que el robo masivo de productos culturales ha caído en ese fascinante limbo de lo delictivo pero no punible. Que el cadáver de Frank Zappa explique dónde estarían sus discos ahora sin el trabajo, la pasta y la santa paciencia de esas discográficas de las que tanto se choteaba en su momento pero que le permitieron convertirse en un artista de culto para selectas minorías.

Pero sí: en realidad Dans tiene razón. ¿Qué negocio legal va a poder competir con el robo masivo e impune llevado a cabo por la chusma digital?

Aunque lo que jode en realidad a nivel epidérmico no es tanto el pillaje, el saqueo y la rapiña, delitos que solían ser castigados en tiempos de guerra con la ejecución inmediata del listo de turno, como el que hecho de que los neutrinos de la nada digital los hayan rebautizado como “replanteamiento de los derechos de propiedad intelectual“. Con dos cojones: te roban por tu bien, para que te modernices. Como si al robo del monedero de la abuela lo llamaran ahora “replanteamiento de la dinámica redistributiva del sistema de pensiones“.

A ver: robad y robad en paz, hermanos, pero dejad la inventiva en casa.

 

Written by cristian campos

14 diciembre, 2011 at 7:00

Chin pón

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Lo había visto por ahí pero me parecía demasiado surrealista para ser cierto, así que hice yo mismo la prueba. Y efectivamente: si buscas “duh duh duh duh” en Google ocurre esto:

 

 

Cojonudo. Toda la vida tarareándola como ta ra ta taaá, y resulta que era duh duh duh duh. ¿Se puede estar más equivocado?

 

Written by cristian campos

30 noviembre, 2011 at 7:00

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Golpes de estado para dummies

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Anda El País publicando una serie de entrevistas a ciudadanos anónimos relacionados de una manera u otra con el movimiento 15M. Ya ven: hace unos años, El País entrevistaba al presidente del Banco Central Europeo o al Secretario de Estado de los EE UU, y ahora le preguntan su opinión sobre macroeconomía y geoestrategia al primero que pasa por la calle. Así también hago yo un diario, ¿eh?

Empezaron los de El País entrevistando el 3 de noviembre al portavoz de Democracia Real Ya y desde ese punto de partida situado a la altura de la grieta más profunda de la Fosa de las Marianas el nivel no ha hecho más que decaer. De hecho, si sigue decayendo más acabará asomando la cabeza por Melbourne. Las entrevistas se pueden leer en la sección dedicada a las elecciones del 20 de noviembre, quizá porque los de El País consideran que el movimiento 15M es un actor político legítimo con todas las de la ley. O quizá porque creen que todo español, por el simple hecho de ser de izquierdas, atesora una interesante opinión sobre la fragilidad del euro en un contexto de crisis financiera internacional. Por ejemplo y sin ir más lejos. Son las maravillas de la ciencia infusa progresista.

Como es previsible, las entrevistas son un aquelarre de banalidades a cual más sombría. Uno de los entrevistados dice que lo nombraron portavoz del 15M porque es “un poco sinvergüenza”. Mientras, sostiene un cartel con garabatos y dibujos aniñados que reza “un banquero se balanceaba sobre la burbuja inmobiliaria”. Sólo les falta añadir el emoticono de una pedorreta para que el cuadro completo te provoque un aneurisma cerebral por vergüenza ajena. Otro héroe de la revolución dice que llegó a ir a una manifestación “con fiebre”, lo que lo sitúa a la altura de ese gran mártir del progresismo que es Calimero. También pide una renta universal básica, se supone que porque trabajar cansa. Otra, cuyo vínculo con el 15M consiste, literalmente, en el aprovisionamiento de botijos, exige poco más o menos que cortemos las relaciones diplomáticas con Suiza. Y no pide que invadamos Alemania porque se ha dejado el tanque de Hello Kitty en casa. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que la línea que separa la geopolítica del aprovisionamiento de botijos fuera tan fina? Otra de las entrevistadas, que por lo visto debe haber vivido en una cueva malaya durante los últimos 30 años, dice que las deudas no son suyas, a ella que la registren. También dice que le da apuro que sus vecinas la miren mal cuando baja a la calle con la pancarta reivindicativa. Y eso que tiene 70 años, edad suficiente como para haberse emancipado psicológicamente hace ya unas cuantas décadas de lo que piense o deje de pensar la del 4ºB. Debe ser que es joven de espíritu.

[Permítanme que abra un paréntesis. Me extraña que nadie haya reparado todavía en uno de los rasgos más característicos del 15M: el de que el movimiento (qué adecuado eso de el movimiento) está formado básicamente por adolescentes y ancianos. Quizá ahí radique el porqué de la naturaleza pueril de sus propuestas políticas. Cierro el paréntesis.]

Pero el peligroso es el entrevistado que pide un sistema de votación digital en el que 100.000 votos en la red equivaldrían, simplificando, a un escaño en el Congreso. ¿Pillan la jugada? Lo que está pidiendo en realidad es un sistema electoral y de promulgación de leyes que puentee el ordenamiento legal actual, una especie de democracia paralela para él y los de su cuerda, la ‘ndrangheta digital. Cuando se le pregunta qué ocurriría entonces con temas como la pena de muerte, es decir con aquellos bizcochos a los que la prudencia recomienda no añadir la levadura del populismo, responde que “estos principios básicos” sólo podrían ser modificados por una mayoría aplastante de ciudadanos. Deduzco que dentro de esos “principios básicos” no está el derecho de propiedad intelectual. Ni por supuesto la Constitución, sino sólo las partes de ella que al 15M le salgan de sus santos cojones. El viejo totalitarismo adolescente: lo que a mí no me gusta se cambia con los votos de los usuarios de Menéame o por aclamación popular en Facebook, y lo que a mí me gusta se blinda con la Legión si fuera necesario. Fascismo puro y duro, ¿no creen?

Pero lo preocupante no es el ramalazo antidemócrata de estos tejeros de lo digital. A fin de cuentas, todas las generaciones hemos tenido que sufrir en mayor o menor medida nuestra cuota de salvadores de almas y redentores del gulag. Lo preocupante es el hecho de que las propuestas del 15M broten directamente de la tele, el biberón filosófico de la generación más insolvente, deficientemente preparada e intelectualmente brumosa de la historia de este país, y desemboquen casi instantáneamente en el sumidero de internet. Ni una sola idea original que no sea un reciclado grumoso y necrótico de la momia del marxismo cultural de la Escuela de Frankfurt ha salido de la cabeza de estos críos. Naturalmente, ellos no tienen ni la más remota idea de lo que es el marxismo cultural ni la escuela de Frankfurt: se limitan a repetir el mantra que han oído por la tele decenas de veces. Como dice Arcadi Espada en referencia a Contra el rebaño digital, de Jaron Lanier: “La cuestión realmente inquietante es lo que sucederá con las grandes masas hoy todavía aparcadas en la televisión, y al margen de cualquier interactividad digital. La cuestión es que ya no parece haber grandes reservas de inteligencia que aportar a la conversación internáutica; pero fuerza bruta la hay a toneladas, acechando”.

Esta moda de entrevistar a cuatro paseantes de la vida, no para que hablen de si tienen calor o frío o de si fuman más o menos desde que se promulgó la ley del tabaco, sino para preguntarles sobre los últimos hallazgos de la física cuántica, sobre la teoría económica de la complejidad o sobre el tema arcano del día, nace de una concepción del periodismo que encierra en su interior la semilla de su autodestrucción. Empezó el día que un periodista entrevistó a una actriz y le preguntó por el conflicto de Oriente Medio, continuó el día que un redactor jefe le dio cancha al mito de la sabiduría popular y se paró a charlar con las vecinas del asesino en serie, y llegará a su corolario lógico el día que los diarios dejen de publicar noticias y se limiten a reproducir los comentarios de los lectores. Que de hecho es lo que hace ya buena parte de la prensa española: prescindir de los periodistas profesionales, es decir de los periodistas, para poner a redactar a sus lectores. Porque no es sólo que las noticias de Público, El País o La Vanguardia estén escritas en muchos casos por los lectores: es que son indistinguibles de los comentarios. Periodismo ciudadano, lo llaman. Si no fuera por la utilización de una tipografía para el artículo y otra distinta para los comentarios, pasaríamos del uno a los otros sin percibir la transición. En este sentido, los diarios españoles son ya el espacio de Schengen del periodismo lerdo punto cero: un área de libre circulación de la estupidez y la frivolidad en el que se han suprimido todos los controles fronterizos. Sirva como ejemplo esa típica noticia de recurso que consiste en hablar de los hashtags del día anterior. ¿A quién le importan los hashtags más populares a las 19:35 del día de ayer? Los hashtags son simplemente un efecto colateral de las noticias o de los eventos significativos del momento, no sus generadores. A un periodista no debería importarle una soberana mierda lo que el lector crea relevante. Lo que realmente debería importarle al periodista es lo que él sabe que es relevante. Por eso es periodista y no publicista, y por eso teclea él y no el lector.

Así que ya tenemos los ingredientes para un tormenta perfecta totalitaria:

En primer lugar el mito, alimentado por la irresponsabilidad y la falta de profesionalidad de buena parte de los medios de comunicación españoles, de que para ser periodista sólo hace falta estar ahí, colgarlo en internet y esperar a que los lectores le vayan dando al botón de me gusta. Pero estar ahí es sólo el primer paso del camino. Porque el periodismo no es un concurso de popularidad colegial: el periodismo es jerarquía y análisis. Y no, la lista de los hashtags más populares del momento no es lo mismo que un redactor jefe. Ni por asomo.

Si quieren averiguar en qué consiste eso del periodismo ciudadano y tomarle la temperatura a la sabiduría popular, sólo tienen que echarle un vistazo a la lista de las noticias más leídas de las ediciones digitales de los diarios españoles e imaginar cómo sería un diario en el que únicamente aparecieran esas noticias. ¿Pagarían por él? ¿A diario? ¿Lo llevarían bajo el brazo? ¿Lo dejarían al alcance de sus hijos?

Arrasado el periodismo y aniquilado todo rastro de profesionalización en él; ahora que ya tenemos a miles de adolescentes, tuiteros y blogueros ociosos colgando sus necedades en la red y suministrándonos contenido gratuito en la más pura tradición Huffington Post; ahora que el ruido ambiente ha conseguido finalmente acallar la inteligencia… vayamos a por el segundo obstáculo en la senda que conduce al totalitarismo digital de la chusma.

Sobre el solar que ha quedado tras la desaparición del periodismo construiremos una Gran Ilusión. Una que regale los oídos de la masa y apele a sus más evidentes complejos de inferioridad: la ilusión de que gracias a internet, todos somos finalmente expertos en todo. Sabiduría a precio de saldo y título de Santo Subito para todo el que levante la mano. Observen el movimiento: primero eliminamos a aquellos que podrían dejar en evidencia nuestra alarmante carencia de conocimientos y de criterio profesional, y después rebajamos el nivel del conocimiento y el criterio profesional al del más mondo de los ciudadanos.

La jugada maestra viene ahora: a ese golpe de estado contra la razón lo llamamos democratización.

Es decir: primero democratizamos los medios de comunicación y le abrimos las puertas del museo a la turba para que pinte sus graffiti sobre los óleos del periodismo, y después democratizamos el resto de áreas del conocimiento humano. ¿Y quién será el fascista que se oponga a la democratización? “Aquí hay un déficit de democracia”, chilla el rebaño digital. Pues nada, hombre: pase usted con la motosierra y siéntase como en su casa.

Así que ahora que hemos degradado al periodista capaz de distinguir al experto en climatología del comentarista de barra de bar, nombramos Doctores en Cambio Climático a todos los ciudadanos españoles. Y no sólo en Cambio Climático: en Astrofísica, en Neurociencia, en Diplomacia, en Aerodinámica… No hay área del conocimiento lo suficientemente ininteligible para un erudito de la Wikipedia. No hace falta que señale la inestimable contribución de nuestra casta política, y muy especialmente del PSOE de Rodríguez Zapatero, a esta Gran Ilusión. Es conocido que para Zapatero había cientos de miles de españoles que podían ser presidentes del Gobierno. No digamos ya ministros. Pensamiento internáutico puro y duro.

Del tercer paso se encarga el sistema educativo. Consiste en adoctrinar a los estudiantes en la idea de que tienen derecho a la satisfacción inmediata de sus deseos, sean cuales sean estos, sin necesidad de mayor esfuerzo por su parte que el que conlleva hacer clic con el ratón de su ordenador.

El cuarto paso se infiere por sí solo de los tres anteriores: si todos somos expertos en todo, si todos sabemos de todo, si todos tenemos derecho a todo, ¿por qué no se hace todo lo que decimos? ¿Y por qué no se hace inmediatamente?

Y así llegamos a la aplastante lógica del totalitarismo digital, que no es más que la versión 1.0 de la vieja democracia asamblearia a mano alzada, tan querida, promovida, practicada y alabada por todos los totalitarismos que en el mundo han sido. Un mundo en el que todas las victorias se producían por aplastamiento.

Un mundo en el que la Tierra seguiría siendo plana porque eran muchos más los que creían que lo era que los que sabían que era redonda.

Facebook, Menéame y Twitter habrían votado por la planicie. Pueden apostar por ello.

 

Written by cristian campos

17 noviembre, 2011 at 0:01

No me gusta que en la internet te pongas minifalda

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Una tal Laurie Penny ha publicado en The Independent un artículo sobre el supuesto machismo de las hordas internáuticas. Al parecer, la chica escribió hace días un texto contra el neoliberalismo y le cayeron decenas de comentarios de machos neoliberales indignados que le pedían, no muy educadamente, que fuera a chupársela a los banqueros.

 

 

Dice la Penny:

1. “Una opinión propia es la minifalda de internet“.

2. “Las acusaciones de estupidez, hipocresía, estalinismo y una deficiente higiene personal son la prueba para cualquier periodista de izquierdas de que está molestando a la gente adecuada“.

3. “La suposición de que una mujer ha de ser sexualmente atractiva para ser tomada en serio como pensadora no nació en internet...”

4. “Como otros, he recibido amenazas más directas, como el hombre que buscó y amenazó con hacer públicas viejas fotografías mías que sólo son relevantes para mi trabajo si uno cree que cualquier periodista en ciernes debe permanecer totalmente sobria, completamente vestida y totalmente vertical durante el primer año de carrera“.

Ridículo, ¿verdad? Porque la igualdad era eso: que las mujeres pudieran recibir la misma cantidad de mierda que recibe cualquier hombre cuando escribe en internet. ¿O consistía más bien en concederles un status diferenciado por el hecho de ser mujeres, es decir en pagarles un asistente personal que les espante las molestas moscas faltonas que revolotean por el wi-fi?

Obviamente, internet está lleno a rebosar de anormales. Pero no más que la calle, las oficinas o el teatro. Lo que ocurre es que internet es una herramienta particularmente diestra a la hora de hacer que la opinión del anormal se ponga en tu conocimiento casi instantáneamente: el anormal rebuzna y en milisegundos te llega el eco.

Y la Penny acaba así el texto:

Creo que el tiempo del silencio se ha acabado. Si queremos construir una comunidad de debate político e intercambio social verdaderamente justa y vibrante, dentro y fuera de internet, no es suficiente con ignorar el acoso a las mujeres, a las lesbianas, los gays, los bisexuales, los transexuales y las personas de color que se atreven a tener opiniones. La libertad de expresión implica el libre uso de las tecnologías y el derecho a participar en la vida pública sin miedo al abuso, y si los únicos que pueden hacer eso son los hombres blancos heterosexuales, es que internet no es todo lo libre que nos gustaría que fuera“.

Un perfecto manual de cómo inventarse un problema inexistente a partir de una queja legítima pero irrelevante.

Hace unos meses, haciendo cola en un supermercado, una particularmente enorme, un chico marroquí que sólo llevaba un par de productos intentó que le dejaran saltársela. Y digo lo de marroquí porque es un dato relevante para la historia. Ya saben, “sólo llevo una cosa, bla, blu, bla“. El asunto es que el resto de pringados que estábamos en la cola también llevábamos sólo un par de cosas. Precisamente porque esa era la cola para aquellos que sólo llevaban una o dos cosas. Lo más normal del mundo vaya. Cuando se le dijo que no podía colarse, el chico soltó un “no me dejáis pasar porque soy moro“. Pues bien: el hijoputa, aprovechando el debate absurdo que se montó en la cola de si racismo sí racismo no, acabó colándose por el complejo de un mierda que le dejó pasar y que muy probablemente vota PSC o IC. Lo digo por la calidad de sus argumentos.

Así que el peligro real no es que las mujeres o los fetichistas del pie izquierdo sean insultados en internet como todo quisque: el peligro real es que ellos aprovechen para conseguir un status de privilegio utilizando la palanca del victimismo.

 

Written by cristian campos

12 noviembre, 2011 at 7:00

Y para más inri…

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…escribe. Y muy bien, por cierto, aunque no soy nadie para decirlo. Verónica Puertollano sobre Steve Jobs.

 

Written by cristian campos

9 noviembre, 2011 at 7:00

La creación del mundo

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Les voy a explicar una anécdota.

Hace más o menos un año publiqué un libro sobre las nuevas tendencias de la ilustración japonesa. El libro, del que pueden ver un extracto aquí, es el primero publicado en Occidente sobre este tema. Sí, pueden encontrar a algún que otro ilustrador japonés suelto entre docenas de otros de otras nacionalidades en varios libros dedicados a la ilustración internacional, pero ningún otro título dedicado específicamente y al 100% a la ilustración japonesa contemporánea. Creo que debe ser una de las pocas veces en las que un español es el primero en algo (hoy dejaremos la modestia de lado: también he sido el primero en publicar una antología gráfica del metal, una idea tan obvia que me sorprende que no se le haya ocurrido antes a una editorial americana).

El libro salió bonito. En él participaron, de una u otra manera, decenas de personas. La diseñadora gráfica del libro. El diseñador que cerró las ediciones francesa e italiana. La traductora que me ayudó con las traducciones del japonés al español. También trabajaron en él los artistas y periodistas que contribuyeron con un texto para la introducción. Y, por supuesto, los 100 ilustradores que aparecen en el libro. Por no hablar de los comerciales, los diseñadores y el director de la editorial que lo publicó y que apostó por él cuando sólo era un boceto de proyecto de idea (Norma).

Cualquiera que haya trabajado con un japonés sabrá que son gente difícil. Difíciles de cojones. Lo cual quiere decir que tardé un año y medio en acabar el libro. Un libro que, como ya he dicho, ocupó en mayor o menor medida no a tres o cuatro personas, sino a casi 150. A los que hay que sumar técnicos impresores, distribuidores, libreros y, por supuesto, a los trabajadores de las editoriales que publicaron las ediciones italiana, francesa e inglesa del libro.

Calculo que, en total, el libro implicó a no menos de 200 personas. 200 personas que carecen de la habilidad de vivir del aire. Gente que pretende cobrar por su trabajo.

Pues bien, dos semanas después de ponerse a la venta, el libro ya estaba pirateado en internet. A baja resolución, pero pirateado. A baja resolución quiere decir a 72 dpi o puntos por pulgada, calidad suficiente para la pantalla de un ordenador pero insuficiente para el papel (que requiere 300 dpi como mínimo).

Atentos: sólo dos semanas después de publicarse, el trabajo de más de 200 personas había sido masacrado por un adolescente pajillero que muy posiblemente tiene serias dificultades para distinguir a un japonés de un chino. ¡Que el Satán de las 1000 Vergas guarde al adolescente pajillero en su gloria y le ponga el culo como un bebedero de patos cuando se vaya de este mundo!

El tema es que leo los comentarios del blog en el que está colgado el libro pirateado y encuentro a una lerda que ha escrito: “Oh, gracias por colgar el libro, ¡llevaba dos años buscándolo!

Este es el nivelazo: la gente se descarga libros, o música, o películas, o lo que sea, y ni siquiera sabe lo que se está descargando. Se lo descargan porque es gratis, porque pueden y porque está ahí, esperando a que ellos le den a la tecla con la pezuña. “Dos años buscándolo” decía la tipa de un libro que apenas llevaba dos semanas en las tiendas.

Por suerte para la higiene intelectual de todos aquellos que disfrutamos, trabajamos o contribuimos a la creatividad humana en la humilde medida de nuestras posibilidades, todavía queda una aldea de irreductibles hispanos que resiste ahora y siempre al invasor. La aldea es Ibercrea. El jefe sobre el escudo, Arcadi Espada. El invasor, la piratería.

Y por eso es una buena noticia todo aquello que pueda hacer reflexionar al prójimo sobre el valor del trabajo ajeno.

Y por eso es una buena noticia la celebración de las jornadas La creación del mundo, que tendrán lugar en el CaixaForum de Madrid los días 16, 17 y 18 de noviembre. La lista de partipantes no es moco de pavo: Fernando Savater, Scott Rubin (Responsable de Estrategias de Comunicación y Políticas Públicas de Google en Europa), Albert Boadella, Patricia Churchland (filósofa), Ferran Adrià, Jacques Toubon (ex Ministro de Cultura francés), José María Lassalle y un largo etcétera.

También estarán por allí, presentando o sacando conclusiones, Arcadi Espada, Joana Bonet, Daniel Gascón, Victoria Prego, Ignacio Vidal-Folch, Xavier Pericay…

Por no hablar de los conciertos unplugged de Luz Casal, Jorge Drexler y Maria del Mar Bonet.

Todos ellos hablarán y debatirán sobre la figura del autor, sobre la propiedad intelectual y sobre el proceso de creación. De un plato, de una canción, de un ala de mosca o de una idea.

Aquí encontrarán toda la información sobre las jornadas, que por cierto son gratuitas. Para que ni siquiera los piratas tengan excusa para no acudir.

 

Written by cristian campos

29 octubre, 2011 at 7:00

Infográficos básicamente inútiles, aunque bonitos

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Los puntos naranjas: usuarios de Flickr.

Los puntos azules: usuarios de Twitter.

Los infográficos: Europa, los EE UU y Manhattan.

Utilidad: escasa.

La fuente: esta.

 

 

Written by cristian campos

6 octubre, 2011 at 7:00

Publicado en internet, tecnología

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Para que luego digan los 15M que no les queremos…

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Un truco ingenioso que le será de mucha utilidad a los 15M acusados de un delito contra Altos Organismos de la Nación. ¿Y por qué les va a ser de utilidad, se preguntarán ustedes? Pues porque el mencionado delito está castigado con penas de entre 3 y 5 años de cárcel, y porque el truco evita que tengas que agacharte a recoger el jabón cuando se te cae al suelo.

¿Lo pillan, lo pillan?

 

El truco:

 

Written by cristian campos

4 octubre, 2011 at 7:01

Publicado en internet, la vida y nada más

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