el pandemonium

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Test: ¿es usted reduccionista, holista o un demagogo de izquierdas?

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A estas alturas ya deben haber haber visto ustedes el vídeo del discurso del 16 de noviembre del eurodiputado británico Nigel Farage en la Eurocámara. Si no lo han visto, aquí tienen el vídeo y la transcripción de su intervención, que se ha convertido en uno de los memes políticos del momento. De hecho, circula viralmente por internet en el mismo tren en el que viajan el 15M, Democracia Real Ya, Wikileaks y otros demagogos apocalípticos por el estilo. Lo cual no deja de ser curioso teniendo en cuenta que Nigel Farage es uno de esos pomposos liberales populistas de derechas que suele producir de vez en cuando el ecosistema político anglosajón, algo así como la versión plebeya y definitivamente rústica del excéntrico, aristocrático y alcoholizado Lord John Marbury de El ala oeste de la Casa Blanca. Pero ya saben que en el circo digital todo es bueno para el convento: si tiene plumas y grazna, va directo a la olla.

El contenido de la intervención de Nigel Farage es lo de menos. Lo que me interesa en realidad es este artículo publicado en Politikon, que a su vez hace referencia a este otro texto, una irónica guía para periodistas perezosos dispuestos a darle rienda suelta a sus prejuicios respecto a la Unión Europea sin salirse de los lugares comunes más chuscos. Politikon, por si no lo saben ustedes ya, es uno de los dos mejores blogs españoles de análisis político duro. El otro es Obamaworld. Y digo que me interesa el artículo y no tanto el discurso concreto de Farage porque llevo tiempo dándole vueltas a la idea de escribir un texto sobre holismo y reduccionismo.

Que será este.

Vamos a simplificar para que nos entendamos todos rápidamente.

El reduccionismo es un método de análisis científico que defiende la idea de que todo sistema puede ser explicado a partir del análisis de sus componentes elementales. Para un reduccionista, toda la ciencia biológica puede ser explicada a partir de la química, toda la química puede ser explicada a partir del estudio de la física y, en su versión más extrema, toda la física puede ser explicada a partir de las matemáticas. Para un reduccionista, descifrar el universo entero, su pasado y su evolución futura sólo requiere de un ordenador lo suficientemente potente, capaz de registrar y calcular el comportamiento de todas y cada una de las partículas atómicas que lo componen a partir de una o varias fórmulas matemáticas.

Esto es reduccionismo:

 

 

El holismo, por su lado, argumenta que ningún fenómeno puede ser completamente explicado a partir del estudio de sus componentes elementales. El holismo defiende la existencia de áreas del conocimiento si no 100% independientes, sí claramente autónomas. Según los holistas, el comportamiento de la bacteria de la meningitis no puede ser explicado a partir de la interacción de las partículas atómicas que la componen, pues a medida que subimos niveles (de la física atómica a la química y de la química a la biología) aparecen efectos o características inesperadas que no pueden ser deducidas a partir de las propiedades de los elementos inferiores. Según el holismo, es absurdo decir “lo maté porque unas cuantas decenas de miles de electrones interactuaron en mi cerebro en función de complejísimas tramas matemáticas”. Para un holista, el porqué del terrorismo debe ser buscado en ciencias sociales como la psicología evolutiva y la antropología, no en ciencias naturales como la física o la biología, y mucho menos en ciencias formales como las matemáticas.

Así que, ¿cómo distinguir a un reduccionista de un holista, y a este de un demagogo de izquierdas?

 

El reduccionista analiza el terrorismo desde niveles inferiores: el de la química y el de la neurociencia.

El holista lo hace desde su mismo nivel: el de la psicología evolutiva y el de la antropología.

El demagogo de izquierdas lo hace desde un nivel superior: el de la sociología.

 

Es decir, a menor matematización, más izquierdismo. ¿Por qué? Porque a menor matematización, más espacio para la subjetividad. Es decir para la manipulación y la mentira.

La disputa entre holismo y reduccionismo tiene obvias implicaciones éticas y filosóficas. Si el reduccionismo está en lo cierto, el futuro está escrito en una fórmula matemática y los seres vivos somos únicamente un conglomerado de partículas elementales sin voluntad propia. El reduccionismo conduce al determinismo extremo. O al caos extremo, suponiendo que el comportamiento de esas partículas elementales sea en todo o en parte azaroso.

El holismo, por el contrario, conduce a un mundo en el que la voluntad existe. Y si la voluntad existe, la distinción entre el bien y el mal adquiere sentido.

En cualquier caso, el debate es más teórico que práctico: aún si el reduccionismo está en lo cierto, resulta totalmente imposible, con nuestra tecnología actual, predecir el comportamiento de quintillones de átomos que interactuan entre ellos a velocidades inimaginables. Para poder calcular el comportamiento futuro de todas y cada una de las partículas del universo haría falta, lógicamente, un ordenador mayor que el universo. Lo cual es inviable, claro. A fecha de noviembre de 2012, la mayoría de los fenómenos de la realidad deben ser explicados, básicamente, a partir del conocimiento científico acumulado en el nivel al que pertenecen, y no en base a las leyes de los niveles inferiores.

Y seguramente se estarán preguntando ustedes “¿pero qué coño tienen que ver el holismo y el reduccionismo con Farage y Politikon?

Fácil.

El discurso de Farage es políticamente holista y la respuesta de Politikon a todos aquellos que alaban a Farage es políticamente reduccionista. Farage pontifica sobre la decadencia de la UE a partir de elementos pertenecientes a los niveles superiores del análisis político: la decapitación de Papandreu y Berlusconi, el liderazgo inflexible y autoatribuido de Merkel y Sarkozy, un supuesto déficit de democracia interna en la UE… Politikon recurre a los elementos de los niveles inferiores: no se puede cargar demagógicamente contra la Unión Europea si no se conoce al dedillo cómo funcionan las instituciones europeas, cómo se toman las decisiones en ellas, qué efectos tienen en la práctica, cuál es la diferencia entre un informe, una directiva y un reglamento…

Un demagogo del 15M, por su lado, no diría jamás “Alemania está ejerciendo un papel en la UE que nadie le ha pedido democráticamente que ejerza“, sino “la UE está en manos de los especuladores de la City londinense“. ¿Se entiende la diferencia, verdad? La primera afirmación es incierta; la segunda es falsa.

En resumen: Farage está diciendo que han surgido espontáneamente efectos perversos en la UE que no pueden ser deducidos a partir del conocimiento de sus normas de funcionamiento.

¿Quién tiene razón?

En realidad, todos nosotros somos holistas o reduccionistas, aún sin ser conscientes de ello. Más precisamente: todos somos holistas en aquellos temas o ramas del conocimiento que no dominamos, y reduccionistas en aquellos en los que somos unos expertos.

Vayamos a un tema más modesto que la decadencia de la UE. Un holista dirá que “independientemente de cómo funcionen las instituciones europeas y de cómo se tomen las decisiones en ellas, el hecho de que uno o varios burócratas hayan elaborado una directiva que prohíbe que los niños menores de ocho años inflen globos sin la supervisión de un adulto indica que hay algo intrínsecamente perverso y degenerado en la UE, sin necesidad de profundizar más en el proceso de elaboración de esa directiva”.  Un reduccionista dirá que la UE elabora centenares de directivas al año y que el 99% de ellas son perfectamente sensatas, que hay que leer la directiva de cabo a rabo para entender el motivo de tanta precaución, que deberíamos analizar su porqué y que, en definitiva, los beneficios de una administración de nivel superior como la europea, que se suma en el caso de los españoles a otros tres niveles administrativos inferiores, superan con mucho sus perjuicios o efectos perversos.

Por cierto, no confundan holismo con demagogia y superficialidad, y reduccionismo con profundidad: se trata de niveles de análisis diferentes. Un holista no niega el nivel inferior, que considera adecuado para el análisis de los fenómenos pertenecientes a su nivel; sólo dice que las reglas de dicho nivel inferior son insuficientes a la hora de analizar los fenómenos del nivel superior. El reduccionista dice que no tiene sentido analizar el nivel superior sin tener en cuenta el inferior. Para un holista, un sistema que produce una directiva que prohíbe a los niños inflar globos o que amenaza con meter en la cárcel a los padres que los dejen a solas con uno es degenerado per se, sin necesidad de recurrir a niveles inferiores.

Pongamos otro ejemplo:

Uno de los principales problemas de la economía española es la rigidez de su mercado laboral”.

¿Es necesario conocer al dedillo la legislación laboral española, el sistema de financiación de los sindicatos y las organizaciones empresariales, las estadísticas de contratación temporal e indefinida, las tasas de productividad y el índice de absentismo laboral de los trabajadores españoles para poder decir que la anterior afirmación es correcta o incorrecta? En un planeta reduccionista, ¿quién podría opinar sobre los problemas de la economía española? Puestos a remitirnos a niveles inferiores, ¿por qué parar en el de la politología y la economía? ¿Por qué no seguir hasta el de la antropología y la geografía y la climatología? Y una vez ahí, ¿por qué no seguir hasta la biología? ¿En qué nivel nos detenemos y decidimos que el saber atesorado es suficiente como para opinar con conocimiento de causa sobre un determinado tema?

¿Es necesario conocer la mecánica de un coche hasta el último de sus tornillos para poder decir que ese coche no nos gusta?

Vayamos un paso más allá.

 

España es un país de parásitos“.

La gastronomía eslava es pienso para hienas“.

Radiohead son un coñazo para eurochusma con pretensiones“.

El nyotaimori es una guarrada de campeonato que rivaliza en repulsividad con el noble arte de comer paella del morro de un perro con moquillo“.

 

No se me enfaden: si esto va y lo dice Pérez-Reverte estarían aplaudiendo con las orejas.

Todas las afirmaciones anteriores son muy probablemente refutables desde el reduccionismo, pero irrefutables desde el punto de vista holístico. Comer arroz de textura cremosa y glutinosa, es decir pegajoso, de la piel de una tipa desnuda que se hace la muerta, que suda, con sus bacterias y sus secreciones sebáceas, sus glándulas sudoríparas, sus desescamaciones microscópicas y demás, es, epidérmicamente hablando, una guarrada. Ahora bien: si se remiten ustedes a niveles inferiores, al erotismo de los placeres bizarros y la vulneración de los tabús, al feísmo como revulsivo estético y al jugueteo con la idea del canibalismo como estímulo visual cafre, bueno… ahí el argumento de la guarrada se tambalea. A fin de cuentas, más bacterias te tragas cuando mordisqueas un bolígrafo.

Imaginen, por otro lado, un mundo abarrotado de reduccionistas: sería imposible mantener una sencilla conversación intrascendente, u opinar o debatir acerca de algún tema absurdo, sin que viniera alguien AÚN más reduccionista que tú echándote en cara los condicionantes, las leyes y los requisitos de un nivel inferior a aquel en el que tú te mueves. El reduccionismo en el mundo de la cultura, por ejemplo, conduce al esnobismo. Y el esnobismo extremo es tan titánicamente preciso que acaba resultando irrelevante como método de análisis.

Así que a estas alturas del artículo se estarán ustedes preguntando “¿está este tipo defendiendo la ceporrocracia?

No, hombre, no: todo lo contrario. Con los siete últimos años de socialismo voy más que servido. Estoy defendiendo el sentido común y la intuición razonable como método (relativamente) fiable de análisis de la realidad.

A lo que voy es a que, así como en el terreno científico el gato al agua parece llevárselo claramente el reduccionismo (moderado), en el terreno social el debate público se convertiría en un infierno si no nos permitiéramos una cierta dosis de holismo. De hecho, el cerebro humano está programado para elaborar mapas mentales de la realidad muy precisos en apenas unas milésimas de segundo basándose en datos sueltos y aparentemente inconexos. Datos percibidos incluso a nivel inconsciente o, de forma más precisa, a partir de un nivel de atención muy bajo. Y lo sorprendente es que no solemos equivocarnos. No demasiado, al menos, teniendo en cuenta lo mucho que podríamos errar.

Un ejemplo al azar: ¿cómo sabe un futbolista que tiene que golpear el balón con un efecto concreto, con la fuerza exacta, en determinada dirección y con el ángulo y la velocidad correctas para que le llegue al delantero en la mejor disposición posible para acabar en gol? Si le preguntan al futbolista, no les dirá que ha analizado la dureza del césped, calculado el coeficiente de fricción de la pelota y la velocidad del viento, descartado la inercia del movimiento de los defensores y atendido a la posición de los siete u ocho jugadores situados a su alrededor en el momento de golpear el balón. Simplemente les dirá que ese pase le ha parecido la jugada correcta en ese preciso instante. Es posible incluso que les diga “lo he hecho sin pensar”. Lo sorprendente es que este tipo de razonamientos, este tipo de toma de decisiones instantáneas, suelen ser extraordinariamente precisas y eficientes. Por seguir con el ejemplo: quizá sólo uno de cada diez pases en profundidad acaba en gol, pero los nueve restantes van a quedarse, con total seguridad, a centímetros del éxito. Raro es el caso del futbolista que, queriendo meterle un pase a su delantero, acaba metiéndose un gol en propia puerta. De hecho, si la mayoría de esos pases no alcanzan el éxito es porque un defensa ha tomado una decisión instantánea aún más precisa que la del tipo que ha dado el pase.

Es decir: el éxito de un razonamiento holista no se ha de medir en función de si alcanza su meta final con precisión quirúrgica, sino de su aproximación al fin deseado. Quizá no todos los españoles son unos parásitos, pero ustedes pueden tranquilamente sostener que España es un país esencialmente parásitario y refractario a la meritocracia a partir de cuatro o cinco datos aislados: el nivel africano de absentismo laboral en su empresa, las dificultades de su mujer para despedir a un trabajador especialmente jeta, la deficiente profesionalidad de los pocos funcionarios públicos con los que usted tiene trato, el PER, los retrasos prehistóricos de la administración en los trámites burocráticos que le afectan, las dificultades para hablar sin faltas de ortografía de más de un ministro del gobierno español… Súmele a eso las informaciones periodísticas y las opiniones de los expertos en los medios de comunicación, añádale conversaciones sobre el tema con familiares, allegados y conocidos, adórnelo con un poco de sentido común y de experiencia vital, y réstele un poco de apasionamiento ideológico. Si es usted honesto con todos esos datos, llegará a una conclusión si no 100% precisa, si bastante cercana a la verdad.

Si no es usted honesto y prescinde de esos datos o los manipula a su conveniencia para que confirmen sus prejuicios ideológicos, es que es usted, como ya he dicho antes, un demagogo de izquierdas.

 

Acerca de estos anuncios

Written by cristian campos

6 diciembre, 2011 at 7:00

Intuicionando razonablemente

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Esto es lo que ocurre cuando te lanzas a escribir un artículo a partir de una intuición razonable sin tener ni idea de a dónde cojones quieres llegar.

Pero oigan, así se descubrió América.

 

Written by cristian campos

30 noviembre, 2011 at 9:22

La creación del mundo

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Les voy a explicar una anécdota.

Hace más o menos un año publiqué un libro sobre las nuevas tendencias de la ilustración japonesa. El libro, del que pueden ver un extracto aquí, es el primero publicado en Occidente sobre este tema. Sí, pueden encontrar a algún que otro ilustrador japonés suelto entre docenas de otros de otras nacionalidades en varios libros dedicados a la ilustración internacional, pero ningún otro título dedicado específicamente y al 100% a la ilustración japonesa contemporánea. Creo que debe ser una de las pocas veces en las que un español es el primero en algo (hoy dejaremos la modestia de lado: también he sido el primero en publicar una antología gráfica del metal, una idea tan obvia que me sorprende que no se le haya ocurrido antes a una editorial americana).

El libro salió bonito. En él participaron, de una u otra manera, decenas de personas. La diseñadora gráfica del libro. El diseñador que cerró las ediciones francesa e italiana. La traductora que me ayudó con las traducciones del japonés al español. También trabajaron en él los artistas y periodistas que contribuyeron con un texto para la introducción. Y, por supuesto, los 100 ilustradores que aparecen en el libro. Por no hablar de los comerciales, los diseñadores y el director de la editorial que lo publicó y que apostó por él cuando sólo era un boceto de proyecto de idea (Norma).

Cualquiera que haya trabajado con un japonés sabrá que son gente difícil. Difíciles de cojones. Lo cual quiere decir que tardé un año y medio en acabar el libro. Un libro que, como ya he dicho, ocupó en mayor o menor medida no a tres o cuatro personas, sino a casi 150. A los que hay que sumar técnicos impresores, distribuidores, libreros y, por supuesto, a los trabajadores de las editoriales que publicaron las ediciones italiana, francesa e inglesa del libro.

Calculo que, en total, el libro implicó a no menos de 200 personas. 200 personas que carecen de la habilidad de vivir del aire. Gente que pretende cobrar por su trabajo.

Pues bien, dos semanas después de ponerse a la venta, el libro ya estaba pirateado en internet. A baja resolución, pero pirateado. A baja resolución quiere decir a 72 dpi o puntos por pulgada, calidad suficiente para la pantalla de un ordenador pero insuficiente para el papel (que requiere 300 dpi como mínimo).

Atentos: sólo dos semanas después de publicarse, el trabajo de más de 200 personas había sido masacrado por un adolescente pajillero que muy posiblemente tiene serias dificultades para distinguir a un japonés de un chino. ¡Que el Satán de las 1000 Vergas guarde al adolescente pajillero en su gloria y le ponga el culo como un bebedero de patos cuando se vaya de este mundo!

El tema es que leo los comentarios del blog en el que está colgado el libro pirateado y encuentro a una lerda que ha escrito: “Oh, gracias por colgar el libro, ¡llevaba dos años buscándolo!

Este es el nivelazo: la gente se descarga libros, o música, o películas, o lo que sea, y ni siquiera sabe lo que se está descargando. Se lo descargan porque es gratis, porque pueden y porque está ahí, esperando a que ellos le den a la tecla con la pezuña. “Dos años buscándolo” decía la tipa de un libro que apenas llevaba dos semanas en las tiendas.

Por suerte para la higiene intelectual de todos aquellos que disfrutamos, trabajamos o contribuimos a la creatividad humana en la humilde medida de nuestras posibilidades, todavía queda una aldea de irreductibles hispanos que resiste ahora y siempre al invasor. La aldea es Ibercrea. El jefe sobre el escudo, Arcadi Espada. El invasor, la piratería.

Y por eso es una buena noticia todo aquello que pueda hacer reflexionar al prójimo sobre el valor del trabajo ajeno.

Y por eso es una buena noticia la celebración de las jornadas La creación del mundo, que tendrán lugar en el CaixaForum de Madrid los días 16, 17 y 18 de noviembre. La lista de partipantes no es moco de pavo: Fernando Savater, Scott Rubin (Responsable de Estrategias de Comunicación y Políticas Públicas de Google en Europa), Albert Boadella, Patricia Churchland (filósofa), Ferran Adrià, Jacques Toubon (ex Ministro de Cultura francés), José María Lassalle y un largo etcétera.

También estarán por allí, presentando o sacando conclusiones, Arcadi Espada, Joana Bonet, Daniel Gascón, Victoria Prego, Ignacio Vidal-Folch, Xavier Pericay…

Por no hablar de los conciertos unplugged de Luz Casal, Jorge Drexler y Maria del Mar Bonet.

Todos ellos hablarán y debatirán sobre la figura del autor, sobre la propiedad intelectual y sobre el proceso de creación. De un plato, de una canción, de un ala de mosca o de una idea.

Aquí encontrarán toda la información sobre las jornadas, que por cierto son gratuitas. Para que ni siquiera los piratas tengan excusa para no acudir.

 

Written by cristian campos

29 octubre, 2011 at 7:00

Problema satánico

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Si escoges una respuesta a esta pregunta al azar, ¿cuál es la probabilidad de que aciertes la respuesta correcta?

 

Written by cristian campos

29 octubre, 2011 at 7:00

Publicado en ciencia

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Con respecto a eso del progreso…

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…lean, lean el brillante comentario de don Búho en el post El optimista racional. Les extracto los mejores momentos:

 

El progreso, en sentido histórico-político, lo fijan los que salen victoriosos de los conflictos, y eso no es lo mismo que decir que a los perdedores les hubiese gustado vivir la vida que vino después. Lo que sabemos es que les hubiese gustado ganar, que por eso lucharon.”

“Si el fin del Hombre fuese el bienestar, y además pudiésemos vincular rectamente bienestar con esperanza de vida (para usar el tópico más recurrente) o bienestar con pacifismo, ningún hombre practicaría deportes de riesgo ni se haría bombero o militar.”

“Los anacronismos dan lugar a planteamientos sin sentido como esos juegos mentales del tipo “a nuestros abuelos les hubiese gustado disponer de tal cosa que disfrutamos en el presente”, ignorando que para que les gustase disponer de ella tendrían que sentir una necesidad que es nuestra y no de ellos.”

 

Written by cristian campos

27 octubre, 2011 at 7:00

¿Dónde está el barquito?

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¿Han visto alguna vez una de esas fotos de buques de guerra de la I Guerra Mundial pintados como si fueran la furgoneta de un hippie? ¿Y nunca se han preguntado el porqué de esa psicotrópica ornamentación?

 

Vamos a enfocarlo de otra manera.

¿Cómo camuflarías un destructor en pleno Océano Atlántico? Fácil: jugando con la percepción del enemigo. En realidad no camuflas el barco, sólo haces que sea jodidamente difícil distinguir su tamaño, su clase y su dirección. En inglés: dazzle camouflage.

 

 

Written by cristian campos

4 octubre, 2011 at 7:00

Publicado en arte, ciencia

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Visualizando recuerdos en Youtube

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Vamos a ver si he entendido bien el experimento.

Un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Berkeley (California) dirigidos por el profesor Jack Gallant ha usado una máquina de resonancia magnética para grabar la actividad neuronal de tres sujetos mientros estos veían una serie de vídeos. Después, los investigadores han introducido las grabaciones neuronales en una base de datos de 18 millones de vídeos de Youtube de la que se habían eliminado los vistos por los sujetos. El ordenador ha comparado posteriormente las grabaciones con los vídeos de Youtube de la base de datos y seleccionado aquellos que más se asemejaban a estas. Finalmente, los ha reproducido simultáneamente creando una especie de término medio visual que refleja lo más precisamente posible la actividad neuronal de los sujetos.

¿Y por qué se ha utilizado la base de datos de Youtube? Porque esta es, si no la mayor, sí una de las mayores recopilaciones de imágenes en movimiento jamás atesoradas por el ser humano. Obviamente, cuanto mayor sea la base de datos, mayor será la precisión de las imágenes reconstruidas. Anteriormente se había logrado reconstruir una imagen estática a partir de señales cerebrales, pero jamás imágenes en movimiento.

En plata: el experimento abre la puerta a la visualización de sueños o de recuerdos. En la tele, no en nuestros cerebros.

¿Y quién no querría tener un vídeo de sus mejores recuerdos? Los vídeos reconstruidos del experimento son tétricos, pero cuando logren afinar la definición esta puede ser una de las mejores cosas que le ha pasado a la humanidad en mucho tiempo.

La noticia original, aquí.

 

Los vídeos originalmente vistos por los sujetos, a la izquierda. La reconstrucción a partir de vídeos de Youtube, a la derecha.

 

Los vídeos originalmente vistos por los sujetos, en primera fila, y los vídeos seleccionados por el ordenador como “similares”, en las filas inferiores.

 

Written by cristian campos

29 septiembre, 2011 at 7:00

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